CARTAS Y COLABORACIONES

de la 111 a la 120

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"CARTAS Y COLABORACIONES"

 

 

Mis reflexiones sobre la situación del País Vasco (Felipe Martínez)

Mi apoyo (Rafael C.)

Quiero que sepáis...

Necesito respuestas (José C. M. de L.)

Tengo el RH- y ¡nací en Cádiz! (Elena Nosal Tarín)

¡Qué pena, padre, qué pena! (Apócrifo sagrado)

Cómo se fabrica un nacionalism (Felipe Martínez)

Madres, ETA y los derechos humanos (CO.SO.FAM.)

Los vascos, su lengua y su historia (Jorge Olavarría - El Nacional)

Las Feroe (Martín Prieto - Diario El Mundo)

 

 

 

MIS REFLEXIONES SOBRE LA SITUACIÓN DEL PAÍS VASCO (Felipe Martínez)
(Está llegando la revolución)

      Justo al final del siglo XX, (para algunos ya el siglo XXI), no alcanzo a entender la razón de existir de los nacionalismos. Y mucho menos, la esencia del nacionalismo vasco.

      El nacionalismo es una línea continua donde se puede representar la intensidad del apego de una persona al terruño donde ha nacido. Desde aquél que simplemente presume de lo bello que es su pueblo, aunque a ojos de en forastero se perciba como un erial, a los que creen que han nacido en un paraíso no mancillable por la presencia de cualquier extraño indigno. Esto último es lo que se conoce como nacionalismo excluyente.

      Todo nacionalismo tiene algo de engaño, de distorsión de la realidad, pues el individuo nacionalista tiñe sus raíces, esencias, historia, tradición, cultura o paisajes de una superioridad inexistente. Y es que supongo que en el cerebro de toda persona quedan resquicios fisiológicos que movilizan comportamientos y generan mecanismos propiciadores de esta distorsión cognitiva, llevando al individuo a actuar de manera ciega por mucho que los estímulos provenientes del exterior le indiquen que la realidad es otra bien distinta.

      Estos mecanismos forman parte intrínseca del género humano. Muchas veces pasan desapercibidos porque no se desarrollan. Y a medida que la persona crece en sabiduría, libertad y apertura de miras, estos resortes ancestrales son suplidos, como diría un fisiólogo, por capas mas modernas del cerebro, es decir, por las funciones cognitivas superiores. Pero a veces el instinto, llamémosle así, nacionalista puede ser inflado, hipertrofiado, exaltado. Y, entonces, los instintos se imponen sobre la luz del raciocinio consciente y libre. Son los mismos mecanismos que permiten la existencia las sectas, los mismos mecanismos que posibilitaron el alumbramiento de la Alemania de Hitler, los que han impulsado a Milosevic a sus repetidos genocidios, los que llevan a los integristas islámicos a matar o mutilar a cualquiera que se salga de la norma, y son los que están llevando a una parte del pueblo vasco a construir un sinsentido instalado en una permanente distorsión de la realidad, haciéndole asistir complacido a la instauración del peor de los fascismos en sus propias narices.

      He aquí algunos de los resortes que son activados por el discurso nacionalista:

      La idea de la raza distinta y superior: La preservación de la raza pura, aislada de cualquier otro gen perturbador. Su origen debe estar, se supone, en el comportamiento egoísta de los genes, que están programados para su constante perpetuación.

      El sentimiento histórico: Percepción del pasado, de la tradición como elemento de identidad y cohesión de la tribu. La historia común presupone un destino común, como explicaba antaño José Antonio Primo de Rivera, creador del partido fascista Falange Española.

      Segregación y aislamiento excluyente: Todo el que no es como nosotros, debe mantenerse fuera. Sin duda, vestigio de los sentimientos tribales de expulsión violenta de los extraños que ayuda a la subsistencia de la tribu.

      Religión y dogmatismo: Uno de los sustratos necesarios en todo nacionalismo. Un compendio de creencias y dogmas que impregnan de ciega legitimidad cualquier comportamiento irracional.

      Para crear, entonces, un sentimiento nacionalista sólo hay que saber manipular adecuadamente, saber activar esos resortes que todos, de una u otra manera tenemos, aunque sea en estado latente. Demagogos, iluminados, personalidades mesiánicas y, en general, egos hinchados sedientos de soberbia, están especialmente dotados para movilizar estos mecanismos en lo mas profundo de muchas mentes, y con más fuerza cuanto menos estructuradas estén. Y si se elige el momento histórico oportuno, como el vacío despues de una dictadura o una fase de penuria económica, el resultado está asegurado. Así, las ideas nacionalistas prenden fácilmente en determinados colectivos mejor que en otros. Los adolescentes, mientras pasan el inevitable calvario de la búsqueda de su identidad, son los colectivos más fáciles para la demagogia y el lavado de cerebro. Y también mucha gente adulta con necesidad de agarrarse a algo, con ganas de llenar su vacío existencial, cultural o emotivo pone en resonancia sus mecanismos para entrar a formar parte de un colectivo que se deja guiar por cualquier iluminado, por muy loco que esté.

      Pero no todos los nacionalistas son ingénuos, necesitados o débiles mentales. En la génesis del nacionalismo hay tambien fuertes intereses:

      Interés de los sectores religiosos y, en particular, de la Iglesia Católica, que se ha caracterizado en los últimos tiempos por sembrar el gérmen nacionalista revolucionario en los países donde, en el fondo, lo que quería era preservar su existencia. Gran parte de la pobreza del tercer mundo tiene sus orígenes en las maniobras de determinados sectores de la Iglesia Católica, creando, por ejemplo, los famosos movimientos de liberación sudamericanos que no han sido sino, a la postre, verdaderas fábricas de miseria. Bien es verdad que la Iglesia Católica alberga en su seno todo tipo de tendencias, desde la más noble y altruista entrega a los demás hasta la más dañina y perjudicial siembra de cizaña. ¿Por qué? Sus razones tendrá, aunque esto debe ser objeto de un estudio aparte. Pero de lo que no cabe duda es de que alentar el nacionalismo es alentar la táctica del divide y vencerás, y siempre es mas fácil conquistar ideológicamente un terreno dividido.

      Otros intereses son los ligados a los políticos. La idea nacionalista puede dar votos, dotar de identidad y diferenciación al discurso del político, y si el nacionalismo es beligerante, si se tiñe de sangre, entonces la fuerza, la significación, está asegurada.

      Estos fenómenos aparecen claramente en el nacionalismo vasco. Es difícil entender cómo las peregrinas ideas de un pensador tan mediocre e intelectualmente limitado como fue Sabino Arana puedan haber persistido hasta nuestros días, y como pueden ser alentadas y mantenidas aun a sabiendas de lo zafio y retrógado de su discurso. Pero los intereses políticos y religiosos han hecho que se haya querido alimentar hasta nuestros días un fuego ideológico chabacano y vulgar, sirviéndose del mismo para dar soporte moral a una prácticas nazis y sanguinarias en las postrimerías del siglo XX.

      En lo que respecta al papel de la Iglesia en el nacionalismo vasco, de sobra es conocido cómo la iglesia vasca ha propiciado, alentado y perpetuado el mas sangriento fascismo de los últimos años en la europa occidental. Cobijando terroristas en los seminarios, elevándolos a la categoría de héroes luchadores por causas inventadas, oficiando funerales y exaltando en homilías a vulgares asesinos, sobre todo en los comienzos de la banda terrorista ETA, y tratándo el tema con una cuidada ambivalencia en los últimos tiempos en los que podían verse mas en evidencia. Pero, al final, el mensaje transmitido por la Iglesia ha quedado ahí, en gran parte de la sociedad, prendido de manera irracional en el subconsciente de muchos de los seguidores del ideal nacionalista, que todavía hoy dudan en condenar los cobardes asesinatos con un sí, pero… Como si en el fondo fuesen víctimas o libertadores de un pueblo oprimido.

      Los políticos también han sacado partido del nacionalismo terrorista. Nunca los gobernantes de una parte tan relativamente pequeña de un estado (2.5 millones de personas) podrían haber sido tan importantes de no haber existido las campañas de sangre. Arzalluz, en quien confluyen ambos intereses político-religiosos del nacionalismo, lo ha dicho claramente: a Euskal Herria no le interesa acabar con ETA. Es útil para sus fines. Gracias a ETA, la sociedad está hablando permanentemente de lo mismo. Se llega a convertir en la constante, aunque macabra, actualidad, en algo de lo que se habla y por lo que se negocia. Euskadi está siempre en boca de todos. Somos importantes. Y gracias a esta fuerza, gracias a esta permanente amenaza, se consiguen prebendas que no consiguen otras comunidades: autopistas, subvenciones, tratamiento fiscal de favor…

      Y así, poco a poco, se llega a una complicidad asesina. Impidiendo el fín de la barbarie, instalándose en la ambiguedad, dando balones de oxígeno cuando la existencia de la banda peligra, como pasó tras el asesinato de Miguel Angel Blanco. ETA existe hoy no porque tengan una estrategia o una operativa macabramente eficaz. Hoy ETA existe porque los actuales dirigentes del PNV quieren que exista, aunque sus votantes no lo hayan querido ver así de claro, y porque la Iglesia no ha condenado clara y tajantemente, sin ambiguedades, su existencia. Si ambas instituciones DE VERDAD se propusieran acabar con esta lacra, ETA no duraría seis meses más. Pero ambas instituciones lo saben y son maestras en la perpetuación del terrorismo. Con apoyos en los momentos adecuados, con silencios significativos en otros, con manifestaciones ambiguamente calculadas, con medias verdades y medias mentiras, siguen manteniendo el monstruo sanguinario. Y, seguramente, sin el menor remordimiento, pues el fín justifica los medios, aunque no se sepa muy bien en qué consiste dicho fín.

      Y es que el nacionalismo vasco camina en una continua huída hacia adelante. Hoy se ha hecho patente que los nacionalismos han caido en desgracia. Se ha demostrado que conducen a la nada, al vacío. Hitler debió sentir que hacía un gran favor a Alemania cuando la embarcó en el Nazismo. Arzalluz y sus seguidores tambien debieron pensar en algún momento que el pueblo les agredecería haberles embarcado en la ilusión nacionalista. Adaptando la historia a su discurso, acuñando nuevos dogmas, rescatanto aquel mediocre Sabino aun a sabiendas de su condición de hazmerreír ante cualquier mínimo tamiz intelectual.

      Todo esto no tendría mayor importancia si no hubiese muertos. Sería grotesco y no macabro. Pero los muertos impulsan aún mas la huida hacia adelante. Y es que el panorama futuro, el paraíso perseguido no se lo cree nadie. ¿Euskal Herria con Navarra y el País Vasco Francés? Los nacionalistas saben que eso es imposible. Como tambien saben que están forzando la creación de un estado del miedo, un estado de monopensamiento, una olla a presión ideológica que empieza a agrietarse por primera vez en muchos años. Y quieren evitar lo que saben: que el día que deje de haber miedo en el País Vasco la gente se decantará por lo que realmente quiere.

      El momento actual es, por tanto, crítico. El PNV ha metido a los vascos en un callejón con una angosta y peligrosa salida: una independencia ganada con la muerte y el miedo, que sin duda daría lugar a un egendro de sociedad, violenta, con una inestabilidad política y económica más que asegurada, con una total desertificación empresarial e ideológica y con una completa ausencia de cualquier tipo de pluralidad.

      Pero afortunadamente están surgiendo movimientos de resistencia contra la dictadura nacionalista que se pretende implantar en Euzkadi. Al igual que pasó con el franquismo, están creciendo movimientos clandestinos, grupos de resistencia que combaten esta nueva forma de fascismo contemporáneo. La historia empieza a repetirse. Con Franco, especialmente en los primeros tiempos de la dictadura, los fascistas campaban a sus anchas por la calle. Denunciaban, amenazaban, extorsionaban amparados en su camisa azul y su pistola bajo la chaqueta, mientras el gobierno de entonces se mostraba complaciente o miraba para otro lado. Igual que en el País Vasco hoy. Vestidos de jarrai, son los mismos perros, con la connivencia del PNV que sigue permitiéndolo o mirando para otro lado. Pero la sociedad está cansada. Por fin está diciendo basta. Y es que las dictaduras tienen, antes o después, el camino cortado. A fin de cuentas ¿cuánto duró el franquismo después de muerto Franco?. ¿Qué pasó con el Nazismo? ¿Y con Mussolini? ¿Qué ha pasado finalmente con las dictaduras comunistas?

      He aquí la razón de mi optimismo. Nada contra natura subsiste. Son como genes que no encuentran su hueco en el paisaje evolucionista y desaparecen. Cuando algo es inviable, no sucede. Aunque en algún momento pueda parecer lo contrario.

      Creo que en el País Vasco pasará lo que tiene que pasar. La sociedad creará sus grupos de resistencia, y el ansia de libertad, que es un resorte mas arraigado que los movidos por el nacionalismo, explotará. Aparte de la oposición reconocida, que ya aglutina la mayoría de los votantes, surgirán más y más movimientos clandestinos de oposición contra el manejo y la permanente intoxicación gubernamental, pues hoy en el País Vasco, la mejor manera de oponerse al régimen sin que a uno le marquen administrativamente o le maten, es operar en la clandestinidad. Permanecer oculto ante la Ertzaintza, ante el partido en el poder o ante los cobardes chivatos que van con el cuento a los pistoleros, es la manera mas probable de conservar la integridad física y, de paso, la profesional.

      Los jóvenes, incluso los infectados por el virus nacionalista, querrán saber finalmente la verdad de las cosas, y de igual manera que la evidencia científica venció al oscurantismo religioso de la Edad Media, la gente revisará los cuentos nacionalistas y los contrastará con los textos históricos serios y comprobados. Sabrán de verdad quién fue Sabino Arana y qué preconizaba; detectarán los manejos de los estamentos oficiales y buscarán fuentes de información no contaminada. Y quizá se pregunten por qué el Pueblo Vasco ha sido un pueblo en permanente opresión, primero por un dictador y después por una banda de asesinos jaleados por un puñado de dementes. Investigarán por qué la falta de libertad de los tiempos del dictador fue reemplazada por otra no menos feroz y manipuladora. Y se indignarán porque durante bastantes años el pueblo vasco no ha conocido la libertad, tal y como la están disfrutando sus vecinos, del norte, del sur, del este y del oeste. Todos menos ellos. Se indignarán cuando caigan en la cuenta de que su idílico país es el único en el que se mata por tener determinadas ideas, y caerán en la cuenta de que no había ninguna razón para vivir en el miedo, para dejarse dominar por unos cuantos violentos, por esos nuevos fascistas que han reemplazado la camisa azul por el pañuelo palestino. Vislumbrarán un paisaje de paz, libertad y armonía. Y maldecirán el día en el que un cura renegado con una soberbia sin límites les embarcó en esta locura.

 

 

 

MI APOYO (Rafael C.)

Queridos amigos:

      En primer lugar he de deciros que me levantó el ánimo y emocionó ver vuestras páginas de Internet. ¡Enhorabuena por vuestro valor y hombría de bien! Bien sabéis que os estáis jugando la vida.

      Esta España democrática garantiza la libertad de expresión, mas sólo la garantiza si es políticamente correcta, categoría en la cual no entra, por supuesto, el declararse y sentirse español.

      Estamos viviendo, y sobre todo vosotros, una guerra que supera en duración a la de los treinta años. Confiemos en que la Misericordia Divina impida que iguale a la de los cien años. La única diferencia es que la vileza de nuestros gobernantes, de cualquier pelaje, se refugia en la expresión de banda terrorista y no recogen el guante y admiten que es una guerra declarada por una banda de asesinos esquizofrénicos a la que hay que hacer frente con todas las fuerzas a nuestro alcance. El asunto viene de bien atrás. No conviene olvidar que el añorado Duque de Suárez declaró a las ikastolas entidades de utilidad pública. ¡Bien se ha visto lo útiles que han sido!. ¡Loor al Duque!

      Particularmente a mí me asquea el oír hablar continuamente del Estado de Derecho. ¡Vaya Estado de Derecho en el que cualquier desharrapado puede matar a cualquier persona decente, sin exponerse más que a unos añitos de cárcel y, eso sí, bien cerquita de sus parientes para que les puedan llevar bombones los días de visita! La primera obligación de un estado, aunque sea de derecho con minúscula es garantizar la vida de sus ciudadanos. Todo lo demás es una filfa. El celebrado Estado de Derecho tampoco ha impedido que multitud de vascos hayan tenido que abandonar su tierra para poder conservar su vida y poder disfrutarla con una cierta tranquilidad.

      Tampoco comprendo cómo no se les cae la cara de vergüenza a nuestros políticos con sus continuas prédicas de serenidad, serenidad... Claro está que para sentir vergüenza, hace falta tener un pudor del que, por desgracia para todos nosotros, carecen.

      El ejército español lo tenemos en misión de paz en los Balcanes, problema, a lo que se ve, vital para nuestros intereses. ¿No prestaría misiones más importantes de paz en las Vasongadas? Baltasar Gracián dió hace siglos una magistral receta: Contra malicia, milicia.

      Os recomiendo la lectura de una magnífica obra de un inglés educado en San Sebastián y redactada directamente por él en español. Su nombre es Edwawd Rosett y la obra se titula "Los Navegantes". Es la historia de la vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano y de la ocupación de las Filipinas por el gran Miguel López de Legazpi, con menciones continuas a otro gran vasco, Andrés Urdaneta. ¡Lástima que Don Sabino Arana (al que Dios perdone) no alcanzara a poder leerlo!. Para él y sus dignos discípulos todos ellos serían enemigos declarados de España, al igual que San Ignacio de Loyola quedaría cojo al tratar de conquistar Pamplona para Francia y que Cosme Damián Churruca moriría heroicamente combatiendo codo con codo con Nelson contra España. ¡Qué ignorancia y qué odio, Señor!

      Según mis noticias, al final de sus días el susodicho Arana Goiri se retractó de sus delirantes aberraciones. Sólo he podido leer una púdica alusión a su giro españolista el el lazo melancólico de un profesor de la Universidad del País Vasco y cuyo nombre no recuerdo ahora. ¿Es esto cierto? Lo que sí me consta es que la viuda del ilustre Sabino honró su memoria contrayendo nuevas nupcias con un sargento de carabineros (¡horror!) maketo. La libertad de expresión impide contar la historia auténtica.

      Otra mentira más con la que nos obsequian nuestros politicastros de toda ralea y sus lacayos de la televisión y de la prensa ante cada nueva víctima de balas o bombas asesinas, es que han caído por su condición de demócratas. Ni una sola vez se les escapa el dar la verdadera razón: el ser españoles.

      Finalmente mi cariñoso recuerdo a las compungidas madres de mayo, tan jaleadas por nuestros medios de comunicación, y a los ignorantes del IRA. Se ve que han mamado de Sabino y herederos la idea de que España despojó de sus tierras a los vascones, trató de imponerles otra fe y los condenó a la miseria, tal como hizo Inglaterra con Irlanda, ¡Qué ignorancia!.

      ¡Qué el Señor se apiade de nosotros, que falta nos hace!.

      No me extiendo más. Únicamente que sepáis que os admiro y que estoy con vosotros. Si en algo puedo ayudaros, contad conmigo.

      Un abrazo muy fuerte, hermanos.

 

 

 

QUIERO QUE SEPÁIS...

      Hola amigos... Os escribo desde San Sebastián y creo que he dejado de pensar que estoy solo. Sí... ha sido vuestra culpa y os tengo que estar profundamente agradecido.

      Gracias a personas como vosotros, estos cuatro hijos de puta no se van a salir con la suya. He solicitado una dirección de correo que se llama VOPsolidario, pero todavía no esta operativa. No se dónde vi una sección que trataba de desenmascarar a estos Ovejos espero que me la hagáis llegar.

      A partir de este momento hago mías las siglas VOP y espero que en el futuro me mantengáis informado del mayor numero de cosas posibles.

      Perdonad mi dirección de correo pero es la que tengo no oficial. Un abrazo y ¡¡¡adelante !!!

 

 

 

NECESITO RESPUESTAS (José C. M. de L.)

Queridos amigos:

      Ayer volvieron a sembrar de sangre las calles de Madrid esos desalmados "patriotas vascos". Yo soy castellano y vivo en Madrid. He recorrido casi toda España, incluyendo vuestra bella tierra, y en todas partes he sido bien recibido y se me ha brindado ayuda cuando la he necesitado.

      Sin embargo, ese agradecimiento que siento hacia la gente de vuestra tierra que me ayudó se torna en odio cada vez que ocurre un hecho como el de ayer. Es por esto que os escribo, para que me digáis cómo no sentir odio hacia ellos, cómo no mirar mal a mi compañero de trabajo que es pamplonica, cómo no desear que vayan al País Vasco miles de madrileños o andaluces a recuperar la sangre de sus paisanos que se ha derramado en la calle por culpa de vuestros vecinos, cómo no pensar a veces que sois unos cobardes por no aplicarles su misma medicina, sabiendo como sabéis quiénes son los culpables de todo este daño, cómo no desear ver alguna vez a esos malhechores muertos en la calle, y a sus madres llorar en televisión igual que a las madres de tantos inocentes muertos.

      Gracias a Dios estas preguntas se van desvaneciendo de mi mente conforme pasan los días, pero no puedo evitar que con cada nuevo asesinato se vuelvan otra vez más fuertes y el odio se convierta casi en visceral. Es por esto por lo que os escribo, para que intentéis ayudarme y darme alguna razón por la que no seguir deseándoles el mayor de los males.

      Por último lamento si en algún momento os he podido faltar al respeto, que no es en absoluto mi intención sino todo lo contrario, y sí brindaros todo mi apoyo y desearos fuerza y entereza en esta lucha que vosotros sufrís más directamente que nadie.

 

 

 

TENGO EL RH-, Y ¡NACÍ EN CÁDIZ! (Elena Nosal Tarín)

      Tengo el RH-, como Arzalluz, y nací en Cádiz. Entre mis muchos apellidos figura uno vasco, un Pérez, uno italiano, uno castellano, dos de procedencia difusa y otro que no sé muy bien si es gitano, judío o árabe, pero de alguna parte tiene que ser.

      He vivido en seis provincias españolas. Dos de ellas de la misma región, el resto de diferentes regiones, incluida el País Vasco.

      Desde que sé que, al menos debido al RH-, los vascos merecen ser independientes, me gustaría saber lo siguiente: ¿Puedo considerarme yo a mí mismo "un pueblo"?. Mis raíces se hunden en el pueblo vasco, el levante español, los cartagineses, los árabes, los judíos ladinos, los fencios, los romanos... Pero no encuentro a nadie más como yo. Quizás yo podría constituirme en Estado Independiente y autodeterminarme y autodenominarme, por ejemplo, la República Independiente de Perezonia.

      ¿Tengo que firmar algún tipo de acuerdo internacional para comprar el pan en la tienda de enfrente, Sr. Arzalluz? He sabido que la panadera tiene el RH+, y además cuenta con un "Rodríguez" entre sus apellidos que apesta a poca pureza racial. Sr. Arzalluz, no me deje con la duda, que no me deja dormir por las noches.

      Disculpad que lo trate a broma, pero a veces el humor es la única solución para no quedarme otra vez hasta las 6 de la noche, muerto de miedo y de rabia por ver sufrir a inocentes. Ayer pusieron otra bomba, y sólo hirió a dos personas, por lo que hoy no habrá manifestación. ¿Hasta cuando las ideas racistas de unos pocos alteraran nuestra vida diaria? Un abrazo a todas las personas de bien, vengan de donde vengan, y tengan contaminada o no su sangre con procedencia de otras razas o especies (esto va por si Arzalluz se considera persona de bien: seguro que él es de pura raza, pero no sabemos a qué especie pertenece).

      Y me vais a permitir que no firme. Como dijo Pedro Muñoz Seca a quienes minutos después le fusilaron: "Me lo habéis quitado todo, menos el miedo que os tengo".

 

 

 

 

¡QUÉ PENA, PADRE, QUÉ PENA! (Apócrifo sagrado)

      Padre mío tengo un gran pesar. Me sigue traicionando, me entregó su vida y me traicionó, cuatro juramentos, cuatro traiciones. Yo le perdoné. ¡Cuántas veces me alzó a mí, su Dios, con sus manos consagradas! ¡Cuántas veces en íntimos coloquios me rogaba, con todo su amor, por los otros, sus hermanos! ¡Cuántas veces me confiaba sus deseos de entregarse a todos los demás! ¡Deseos de martirio, decía él! ¡Y cuánto le amaba!. ¡Y a pesar de todo, cuánto le sigo amando!.

      Cambió, Padre mío, cambió. Ahora eleva sus manos consagradas, nada ni nadie puede cambiarlo, con las vidas rotas de sus hermanos. Nueces le llama ahora. Frutos para recoger. Cosecha fructífera. Me ofrece niños despanzurrados, sesos desparramados. familias destrozadas, viudas, huérfanos... Odio, en lugar de amor. A mí que soy el Amor... con mayúscula. Habla de rh..., traseros breves..., cabezas grandes... ¿Qué significado tienen esas cosas?. Yo no lo sé. Tú que eres mi Padre, Sabiduría Infinita, ¡Dímelo!. ¡Necesito saberlo!. ¿Cómo es posible?. Mi hijo, mi hermano... ¿Qué le ha pasado?.

      Quizás diga por la Causa. ¿Qué causa Padre, puede ser ésa, que mata sin razón, o qué razón es ésa que mata sin causa?.

      Yo me entregué por él, mi predilecto, le miraba directamente a los ojos, él sabía muy bien lo que significa. ¡La mirada de Dios!. Le llamaba por su nombre, me alegraba con su presencia, le amaba. ¿Y ahora qué?. ¿Qué puede decirme ante esos hijos, hermanos, asesinados, destrozados?. ¿Cómo puede justificar esa barbarie?. ¿Me hablará de independencia?. ¿Me hablará de justicia?. ¿Me hablará de raza?. ¿Dios mío, de qué me hablará?. ¿Será de amor?. Padre ¿tendré que volver para ser de nuevo crucificado?. Aunque yo sigo crucificado con cada hermano humillado, vílmente asesinado, con cada familia destrozada. Estoy con ellos, ahora, como siempre. Dónde alguien esté en la cruz, yo también estoy allí, con él. ¡Yo soy la nuez!.

 

 

 

CÓMO SE FABRICA UN NACIONALISMO (Felipe Martínez)

(El verdadero problema del País Vasco)

     El verdadero problema del País Vasco no es la banda ETA. El verdadero problema del País Vasco es esta ola de nacionalismo artificial que el poder establecido pretende implantar con calzador en una sociedad moderna.

     No sé qué atractivo puede tener tener hoy día la idea nacionalista, pero algo debe de haber en su mensaje que hace calar en un increíblemente elevado número de personas, teniendo en cuenta la pobreza que emana del verdadero significado de su discurso.

     Porque, reflexionando a fondo y desgranando cuidadosamente el último sentido del pensamiento nacionalista, las conclusiones a las que se llega no son sino el absurdo, en el mejor de los casos, o la burrez, el egoísmo, la intolerancia, la violencia y la ignorancia en su lectura normal. Y por ello, se quiera o no, todo nacionalismo contemporáneo conduce antes o después a la pobreza ideológica, pobreza social y pobreza puramente económica. El nacionalismo es uno de los grandes generadores de pobreza en el mundo actual.

ORIGEN Y DESARROLLO DE LA IDEA NACIONALISTA

     Hubo un tiempo en que los nacionalismos se basaban en razones de peso. En esencia, el nacionalista luchaba por recuperar una identidad y una libertad que le había sido robada. Era la lucha contra la opresión de un extraño. Eran momentos de la historia en los que las guerras anexionaban territorios ajenos y convertían a los conquistados en esclavos o ciudadanos de segunda. Invadían la cultura, cambiaban los dioses, se quedaban con las cosechas, imponían idiomas y costumbres.

     Y los conquistados vivían generalmente obsesionados por recuperar su soberanía, su libertad, promoviendo guerrillas, emboscadas, refriegas fugaces o revueltas continuas para librarse del opresor. Aunque a veces sucedía lo contrario, es decir, los conquistados dejaban de ser ciudadanos de segunda, enriquecían sus costumbres con las que traían los conquistadores, y en unas cuantas generaciones todos vivían en paz y armonía. La historia no deja de señalarnos hechos que ilustran ambos fenómenos.

     Sin embargo, el tiempo pasa inexorablemente. Y a su paso, la vida evoluciona y las civilizaciones cambian. Y entonces los nacionalismos van perdiendo su fondo real, aunque el mensaje de liberación, de lucha contra el opresor -mensaje muy potente- sigua asociado al mensaje nacionalista. Independientemente de las circunstancias, el mensaje sigue vibrando en nuestro cerebro. Es como un programa mental (a modo de los programas informáticos) que se queda instalado y se activa con determinados estímulos.

     Y como el programa debe residir en algún oscuro rincón de nuestros cerebros, algunos políticos, normalmente aquellos intelectualmente bastante mediocres y que no tienen mucho que ofrecer a sus votantes, comienzan a elaborar el discurso activador de dichos programas, que para eso sí están especialmente dotados. Ya hay algo que contar, algo distinto. El único problema es que la modernidad es el peor enemigo del arcaico nacionalismo.

NACIONALISMOS ARTIFICIALES. EL ARTE DE MANEJAR FORMAS Y MENSAJES

     Algunos políticos, aunque conscientes de que los tiempos que corren no son los de antaño, se aferran a la explotación del mensaje nacionalista, aun a sabiendas de que es difícil dotarles de un contenido mínimamente coherente con las circunstancias actuales.

     Estamos en los tiempos de la globalización. El mundo físico está siendo sustituido por el mundo virtual. Hoy las noticias se propagan a la velocidad de la luz por todo el planeta. Hoy las empresas ya no son de tal o cual país. Pertenecen a sus accionistas, sean cuales sean sus nacionalidades. Cada vez hay mas empresas transnacionales, implantadas en más y más países, y emplean a gentes de todas las razas y credos. Un hindú puede vivir en Calcuta desarrollando sofware para cualquier empresa tecnológica californiana; un fondo de inversión alemán puede controlar la mayoría del capital de determinada empresa norteamericana. Las famosas viudas escocesas (lideran uno de las mayores fondos de inversión del mundo) pueden ser propietarias de cualquier empresa radicada en Francia, en España o en Marruecos, por poner un ejemplo. Así, a medida que el mundo evoluciona, las naciones van fundiéndose unas con otras, difuminándose hasta desaparecer las barreras físicas y culturales de antaño.

     En este panorama moderno, sin fronteras, de fusión de nacionalidades, de culturas, de costumbres, ¿dónde queda el discurso nacionalista?. En un mundo que clama por la solidaridad, por la no distinción de razas, de creencias, por la fusión enriquecedora de los pueblos y las culturas, ¿qué tiene que ofrecer el nacionalista?. Evidentemente poco, salvo que convenza a la gente de que lo que dice es muy importante, fabricando un mensaje bien hilado que toque la fibra sensible.

     Y para ello, el nacionalista tiene que manejar determinados principos. Artificialmente tiene que adecuar, o mejor fabricar “una realidad” tejiendo un discurso con unos hilos un poco pasados pero capaces todavía de elaborar un tejido medianamente duradero.

     Estos son los hilos, los principios, los verdaderos pilares que deben sostener el frágil discurso nacionalista:

     Historia: Tener una historia común cohesiona, da identidad, incrementa el sentido de pertenencia. El discurso histórico es quizá la pieza clave del nacionalismo.

     Territorio: Es importante definir el espacio geográfico donde debe desarrollarse el sueño nacionalista. Un espacio común que aglutine gente singularizada y con un discurso que dote al terrorio identidad histórica.

     Victimismo: Hay que buscar enemigos a quien culpar de lo que sea. Aquí la historia tambien juega un papel crucial, pues dota de coherencia y legitimidad al discurso victimista. Alguien común a quien odiar siempre une a la gente. El victimismo tambien supone otro factor clave en el pensamiento nacionalista.

     Lengua: Es uno de los factores que mas identifican y singularizan un colectivo. Como los anteriores, compartir una lengua supone algo esencial en el nacionalismo.

     Raza: Configurarse como un grupo étnico singular dota tambien de indudable identidad al colectivo, aunque, bien es verdad que desde los resultados del Movimiento Nazi, el tema de la raza no suele ser objeto claro de mención en el discurso nacionalista (salvo en honrosas excepciones, como veremos).

     Religión: La Religión tambien puede definir la identidad de un pueblo y podría suponer un factor de diferenciación, si bien no suele resultar un principio tan clave en determinadas ocasiones, puesto que en el caso de religiones ampliamente extendidas, el elemento religioso como factor diferenciador puede resultar nulo, debido a que los vecinos, o los supuestos opresores, o los mismos nacionalistas pueden profesar la misma religión.

     Costumbres: Aunque son mas difíciles de identificar como elementos singulares de un pueblo, es verdad que pueden rescatarse, potenciarse y servir en el discurso de la diferenciación.

     Estos son, a grandes rasgos, los pilares que deben sostener a todo nacionalismo que se precie. Aunque no son suficientes, claro. El nacionalista debe tambien adornar estos precarios pilares haciendo un alarde de imaginación para fabricar símbolos. La imaginería es, pues, otra de las claves de los nacionalismos; es la fuente que fabrica la percepción de lo distinto. Puesto que la esencia del discurso nacionalista es el “somos distintos de quien nos rodea”, lo mas importante es poder demostarlo.

COMO SE FABRICA UN NACIONALISMO. EJEMPLO DEL PNV

     La receta está ya explicada. Ahora no hay sino elaborar los ingredientes. Objetivo: Fabricar una identidad distinta. Pero ¿cómo se cocinan los ingredientes para el plato nacionalista?. Pongamos un ejemplo práctico: PNV. Caso comentado

     Historia. Esta es quizá la pieza mas difícil del rompecabezas. Porque la historia es lo que ha pasado. Y lo que ha pasado no se puede cambiar. Imagínense que mañana me tocase la lotería primitiva. Cientos, muchos cientos de millones de pesetas. Quizá mi ego se volviese loco ante mi nueva condición y le diese por renegar de mis ancestros, todos ellos honrados aunque mas bien humildes trabajadores de la industria y la agricultura. Pero ahora yo, pensaría mi trastornado ego, con tanto dinero merecería ser, como mínimo, conde o marqués o, incluso, por qué no, duque. Podría reescribir mi procedencia, inventarme un árbol genealógico, comprar incluso un título de verdad a cualquier noble arruinado. Pero no dejaría de tener un padre tornero y un abuelo labriego. Por mucho que me empeñase. Aunque pudiera haber convencido a mis hijos y mañana a mis nietos de la alta alcurnia de mis raíces. Aunque pudiera haberme convencido a mí mismo de que, en pleno delirio de locura, en el fondo mi padre trabajaba el torno para fabricarse sus propias piezas del deportivo con el que solía ganar el rally de Montecarlo.

     Y es que cambiar el pasado es algo difícil, mientras no se invente la máquina del tiempo. Por eso la historia es la pieza mas frágil del discurso nacionalista. ¿Solución?. Reescribirla y/o ocultarla. Cambiarla. Fabricarla a la medida. Pero el problema es que hay mucha gente que la conoce. Está escrita por historiadores de todos los colores y tendencias. Los científicos, los investigadores, pueden haberla escrito tendiendo hacia uno u otro lado. Pero los hechos históricos ahí quedan plasmados, pues no hay duda de que todo auténtico historiador busca solamente la verdad. Y sea cual sea la línea ideológica del autor, los hechos validados por los historiadores respecto a la historia del Pais Vasco varían poco, escriba quien los escriba. Por eso el nacionalismo debe huir de la verdad histórica. Huye de la ciencia, de lo demostrable y de lo demostrado, al igual que la Iglesia medieval condenaba al científico que osaba contradecir la Revelación Divina.

     La Inquisición creó el Indice. Libros prohibidos que no se podían leer. Igual que la historia oficial que enseña el PNV. Sólo existe desde el siglo XIX. Lo demás está prohibido. Preservar el control de la historia oficial es una de las obsesiones del actual Gobierno Vasco, puesto que si se popularizase la historia verdadera de Euzkadi, todo el castillo de naipes se le desvanecería a Arzallus y sus seguidores.

     ¿Qué pasará cuando alguien demuestre que el euskera no es sino el vestigio del idioma que hablaban nuestros antepasados los Iberos?. Porque todas las investigaciones que se están llevando a cabo apuntan a esta lengua ancestral como aquella que era usada por nuestros tatarabuelos antes de la romanización. ¿Podrá el actual PNV impedir o seguir entorpeciendo las investigaciones? ¿Quemarán al científico que lo demuestre? ¿O, muy a pesar de suyo, tendrán que forzar su eliminación mediante sus aliados, esos chicos que practican el tiro en la nuca con tanta frecuencia?

     La historia oficial moldea un país que nunca existió. Inventa un conflicto inexistente y un opresor imaginario. Silencia su pertenencia voluntaria a la Corona Castellana, se comen las continuas disputas entre Vasconia y Navarra, omiten que el castellano fue el idioma elegido por sus reyes ancestros. Y se recurre nada menos que a Sabino Arana, ese oligofrénico declarado que a falta de terapia ocupacional le dio por escribir, como mentor histórico y espiritual sobre el que edificar el futuro de todo un nuevo país.

     Territorio. Otra de las quimeras nacionalistas del PNV y sus acólitos. Y otra de sus más complicadas asignaturas. Porque cuentan con un territorio que sale de la nada. Ni el más endeble argumento histórico, ni la lengua, ni sus gentes tienen algo tan en común como para pretender unir el territorio que definen como Euskal Herria.

     Esta definición del territorio objetivo de la nueva nación es un callejón sin salida. Pero la burrez es ciega, por lo que la huida hacia adelante es la única estrategia ante tamaña barbaridad. ¿Por qué los navarros tendrían que someterse a la dictadura de Euskal Herria? ¿Y los vascos franceses? ¿Qué historia común tienen? ¿Qué les une?. Imagínense que mañana hay un referéndum y Euskadi se independiza de España. El brazo armado nacionalista seguiría matando navarros pretendiendo anexionarlos a Euskal Herria. Luego continuaría con la parte francesa. Porque, claro, el PNV no se contentaría con limitar su soñada nueva patria a tres escasas provincias (pues dudo mucho que Alava pasase por el aro).

     Este panorama es, simplemente, imposible. Euskal Herria es una quimera inviable. Así de claro y de sencillo. Por muchas muertes, por muchas bombas y por mucho tiro en la nuca que se practique.

     Victimismo. Muy ligado a la historia. Se manipulan los hechos para hacer aparecer un opresor. Se reescribe la historia para adecuar los hechos a los intereses. Y como hemos visto que el pilar de la historia inventada se puede venir abajo en cualquier momento, se recurre a un argumento irrebatible. Franco persiguió y oprimió al pueblo vasco, O mejor, de manera sutilmente matizada, la España de Franco fue realmente la opresora.

     Leía un día en una página web una pregunta que formulaba una persona sobre por qué en los ayuntamientos vascos no ondeaba la bandera española. Y uno que se confesaba nacionalista, aunque de los que sí condenaban el terrorismo (parece mentira que haya que hacer estas matizaciones) respondía: no se cuelgan las banderas españolas porque en su día Franco no dejaba colgar la Ikurriña.

     Aquí está una de las claves de la manipulación. Y lo decía un nacionalista de los honestos. España era Franco. Es decir, Franco no persiguó, ni ejecutó, ni privó de libertades, ni sumió en un oscurantismo aislacionista a nadie más que a los vascos. Los madrileños, catalanes, gallegos, extremeños, andaluces, canarios… podían decir lo que quisieran, leer lo que quisieran, formar partidos políticos y hablar sus lenguas con total libertad, ¿verdad?

     Por eso precisamente de todas estas regiones no hacían sino emigrar al Pais Vasco, que pese a estar “tan castigado” gozaba de un esplendor económico muy superior al resto de la España franquista. Y es que la mayor parte de la inversión industrial el dictador la polarizó en esta tierra.

     En el fondo el papel de víctima no es sino perpetuar la adolescencia. Eternizar el papel de incomprendido, perpetuar la queja contra lo que le rodea, negarse a afrontar la vida con la libertad de elegir, qué es, en el fondo, lo que mas ansiedad causa a todo nacionalista. La libertad produce el vértigo del vacío en el adolescente, al igual que en el nacionalista. El victimismo es la excusa perfecta para estar siempre enfrentado y creerse en el derecho de recibir más que los demás.

     Lengua. En el País Vasco siempre se ha hablado el castellano. Mucho más que el euskera. Por eso ha sido ésta otra asignatura muy dura para el nacimiento del nacionalismo vasco. Porque el vascuence o euskera es duro, y muy atomizado en un sinfín de dialectos. Y, sobre todo, incómodo para el mundo moderno. Por eso no es de extrañar que incluso los reyes vascones acogieran con regocijo el incipiente castellano, mucho mas evolucionado por poseer la potencia linguistica del latín como base.

     ¿Qué ha hecho el nacionalismo con la ancestral lengua? Pues imponer su uso por la fuerza, habiendo tenido previamente que crear un eusko-esperanto artificial e inexistente con anterioridad. El euskera batea, una especie de vascuence artificial, está por tanto plagado de neologismos, infestado de raíces griegas y latinas adornadas con alguna k para euskaldinizar toda palabra que se refiera a cualquier invento posterior al arado o la guadaña.

     Por supuesto que el euskera es una joya linguística, digna del más profundo y cuidado estudio. Es como uno de esos preciados fósiles vivientes gracias a los cuales desentrañamos cómo era la vida en el jurásico. Efectivamente habría que rescatarlo, estudiarlo, preservarlo en sus variadas formas originales, y fomentar su uso, pero no degradarlo para el servicio de baratos intereses políticos e imponerlo bajo amenazas laborales o administrativas. Y mucho menos pretender convertirlo en la lengua oficial de un país moderno.

     Raza. Es increible, pero en estos tiempos, el nacionalismo vasco ha hecho de la raza vasca un emblema para su identidad. No deja de sorprender cómo Arzalluz menciona, en mayor medida cuanto más se acentúa su ya declarado deterioro senil, el tema de la raza. No se explica que últimamente haya mencionado “la bicha”, el tabú universal del racismo, ante los prestigiosos periódicos extranjeros que le han concedido un hueco en sus páginas.

     Y es que la vergüenza ajena que produce oír semejantes barbaridades no hace sino pensar que, de verdad, el PNV está siendo conducido por un anciano con los primeros síntomas de demencia. Aunque, tengo que reconocerlo, a mí personalmente me encanta oír estas lindezas. El mejor favor que se le puede hacer a la libertad es dejar hablar a Arzalluz. Así se sabe, sin tapujos, el verdadero mensaje del nacionalismo. Es una pena que Sabino Arana no viva para que pudiesen hablar a dúo. Sería el mejor antídoto.

     Sobre la singularidad de la raza vasca, no merece la pena ningún comentario. Aparte del disparate científico que suponen semejantes creencias, este tema ha sido una de las mayores torpezas del PNV, restándole la poca credibilidad que pudiera tener su discurso.

     Religión. Es de sobra sabido cómo el nacionalismo vasco se ha valido de la Iglesia como soporte incondicional incluso para sus facciones mas sangrientas. El nacionalismo, tanto el moderado como el violento, ha nacido en el seno de la iglesia vasca. La verdad que Arzalluz no ha podido rescatar alguna religión ancestral que le pudiese haber dotado de una singularidad distinta a sus vecinos “opresores”, con quienes comparte Dios, Papa y cardenales. A pesar de sus condición de ex-cura, seguramente le habría interesado rescatar el animismo, el druidismo o las ofrendas a los dioses (aunque algo de ofrendas humanas ya fomentan, desgraciadamente). Pero seguramente ha preferido no tentar a la suerte, pues como buen ex-jesuita, sabe que con la Iglesia no se juega.

     Costumbres. A pesar de que el pueblo vasco mantiene vivas, afortunadamente, muchas de sus costumbres ancestrales, bien es verdad que desde el poder se fomentan hasta rayar el ridículo. Me recuerda a las demostraciones folklóricas con las que el viejo dictador nos deleitaba en cualquier fiesta, celebración o acto oficial. No faltaba en ningún evento la Sección Femenina bailando sus inevitables danzas regionales. Ponga hoy cualquier cadena de televisión controlada por el PNV: Bertzolaris, aizkolaris, fiestas euskaldunas…Eso sí, a la hora de la verdad las costumbres mas espontáneamente profesadas son las compartidas con sus “vecinos opresores”: toros, fútbol, tapeo y fiesta.

     Y, aderezando el plato, los símbolos. Muchos símbolos. Como la mostaza que se usa para disimular la picadura de las hamburguesas. El árbol de Guernica que recuerde permanentemente el carácter victimista, (aunque ETA haya matado mas vascos que la Legión Cóndor), los ertzainas con la txapela y pasamontañas, que proyectan al mundo la imagen de una policía algo así como extraterrestre, el tipo de letras euskaldunas en cualquier comercio que se precie, el aurresku ante el lendakari electo, el txistu que no cesa…

CONCLUSIÓN

     Todos los nacionalismos radicales han nacido de forma similar. El Nazismo se originó de manera parecida: apelación al victimismo del pueblo alemán vencido en la anterior Gran Guerra, exaltación de los valores culturales y raciales, profusión de discursos de enorme carga emotiva, rescate de rimbombantes símbolos de la era romana, aparatos eficacísimos de generación de propaganda que infectaba día a día a la población con mensajes nacionalistas... Resultado: un pueblo honrado, trabajador e inteligente participa o secunda una locura genocida cuyos resultados todos sabemos.

     En el nacionalismo vasco existe una terrible similitud con la historia hitleriana. La exaltación del victimismo del oprimido pueblo vasco, la constante reinvención de la historia, la proliferación de discursos visionarios rebosantes de odio y agresividad, las prácticas explícitamente racistas, el control férreo de los aparatos educativos y de los medios de comunicación posibilitan la constante intoxicación mental del pueblo. Resultado: desde el peregrino razonamiento del nacionalista que explicaba el porqué de la ausencia de banderas nacionales en los ayuntamientos vascos hasta la increíble complacencia y comprensión de parte de la sociedad con el que pega un tiro en la nuca a cualquiera que se salga del redil.

     Algún día la historia juzgará este hecho tan loco. Yo no sé si los actuales responsables del Partido Nacionalista Vasco son conscientes del enorme daño que están haciendo a su pueblo y del lugar tan deplorable que les aguarda en su juicio histórico, puesto que hoy el PNV es el gran responsable de la situación del Pais Vasco. Constantemente se ha hablado del “Problema Vasco”. Aunque desde la muerte del dictador “el problema” ha sido una una pura entelequia, a base de repetirse, se ha hecho verdad. Como una profecía autocumplida. Ahora SÍ existe un problema vasco. Y el problema es el puro fascismo que el PNV liderado por Arzalluz está instalando en la sociedad gracias a una eficacísima campaña de intoxicación. Por supuesto que el problema existió en el País Vasco, igual que en Cataluña, igual que en Valencia, Galicia, Extremadura, y en toda la península. El problema se llamaba dictadura, pobreza, incultura, censura, oscurantismo. Pero, sarcasmos del destino, pasada la época negra del dictador, alguien se ha preocupado de que siga vivo el problema en Euzkadi. Alguien que se empeña en perpetuar la dictadura, el miedo a hablar, a significarse. Alguien que quiere hacer una sociedad monocolor, en el que sobre cualquier tipo de discrepancia. Como en los mejores tiempos del dictador.

     Sólo que esta dictadura es peor. Muchísimo peor. ¿Por qué?. Primero, porque ahora se mata con mucha mas facilidad que antes. En los otros tiempos, uno se arriegaba a los calabozos, a una paliza y a una nota negativa en los antecedentes policiales. Pero ahora no se juega. Ahora es la pintada de tu nombre dentro de una diana, la constante sospecha de que cualquier persona puede ser un soplón, el tiro asesino por la espalda, la fiambrera de la muerte bajo el asiento de tu coche.

     Segundo, porque esta dictadura es mucho mas sutil. Se produce en medio de un régimen democrático, creando la ilusión de estar en un marco de libertad. Durante el franquismo se vivía con el sentido crítico permanentemente activado. Se sospechaba de cualquier información que viniese del régimen porque se sabía que estábamos en una dictadura. Era evidente. En la universidad, en las fábricas, en las oficinas, se generaban movimientos clandestinos para resistirse a la permanente manipulación. Se buscaban fuentes de información libres de intoxicación, se leía entre líneas para enterarse de lo que de verdad pasaba, se leían los autores prohibidos, se escuchaban los cantautores comprometidos. La propia dictadura activaba los mecanismos críticos de cualquier persona mínimamente inquieta.

     Pero, cuando uno cree que está en democracia, cuando uno oye, en un país teóricamente libre, la explicación de las banderas de nuestro amigo el nacionalista, las debe dar por buenas, porque se supone que se está en una sociedad libre. Y cuando uno oye las versiones oficialistas de la historia, pues tambien las tiene que dar por buenas. Y así, más y más mensajes van calando en las mentes, en los cerebros de los ciudadanos, llegando, como decía, hasta hacer comprender o disculpar al asesino que dispara por la espalda.

     ¿Cómo sería visto alguien que defendiese, disculpase, comprendiese o amparase a Antonio Anglés, aquel siniestro asesino de las tristemente famosas niñas de Alcasser? ¿Y qué diferencia hay entre Anglés y aquellos que secuestraron, retuvieron, maniataron y dispararon en la nuca a Miguel Angel Blanco, por poner uno de los mas de 800 ejemplos de la macabra colección?

     ¿Por qué la sociedad vasca, en bloque, no vomita cuando ve a un enjendro de asesino etarra responsable de tantas y tantas muertes? ¿Por qué no salen a la calle hasta echarlos al mar?. ¿Porqué aguantan lo que están aguantando? Sencillamente, porque el PNV se ha preocupado de manipular muy eficazmente una parte muy grande de la sociedad vasca, la cual, de momento, ha aprendido a convivir con el miedo, la barbarie, el asesinato, la tortura.

     No nos engañemos, el problema vasco no es ETA. Es la actual composición del PNV, es el nacionalismo instalado en gran parte de la sociedad vasca.

 

 

 

MADRES, ETA Y LOS DERECHOS HUMANOS (CO.SO.FAM.)

      Ante las irresponsables declaraciones vertidas por la señora Hebe Bonafini en los medios de comunicación, en favor de las actividades de ETA, arrogándose la representatividad de todas las madres y familiares de desaparecidos, la Comisión de Solidaridad con Familiares de Desaparecidos de la Argentina (CO.SO.FAM. Barcelona)

DECLARA:

      La señora Bonafini carece de representatividad y autoridad para opinar sobre las trágicas circunstancias que atraviesa España y el pueblo vasco por la actividad criminal de ETA. Hace ya muchos años que la señora Bonafini utiliza los Derechos Humanos y a los desaparecidos argentinos como una excusa para su promoción personal y para la recaudación de fondos destinados a la creación de un movimiento político de corte antidemocrático.

      Su afán de protagonismo, la ha llevado a marginarse y repudiar las actividades que realizan diversas organizaciones de Derechos Humanos desde hace más de veinte años en función de objetivos estrictamente vinculados a la defensa de esos derechos. Debe recordarse que en 1996, la señora Bonafini, ante la instrucción abierta en la Audiencia Nacional por el Juez Baltasar Garzón contra los militares argentinos, cuestionó irresponsablemente la intervención de la Justicia española calificándola de hipócrita y tardía.

      Las Madres de Plaza de Mayo se constituyeron en los primeros meses de la dictadura militar argentina, siendo inicialmente de los pocos grupos que actuaban reclamando la aparición de los desaparecidos y denunciando los crímenes perpetrados por los represores. Con el tiempo Hebe Bonafini asume un papel de protagonismo y de poder que impide el desenvolvimiento democrático de la institución, manifestando públicamente su admiración por la violencia . Todo ello provoca la primera escisión, ya que una mayoría importante de las madres fundadoras del movimiento se diferencian y continúan trabajando con el nombre de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora.

      Ante esta situación, CO.SO.FAM. Barcelona, decidió por unanimidad de sus integrantes, volcar sus esfuerzos y apoyo hacia Madres de Plaza de Mayo - Linea Fundadora, con cuya actitud pública, postulados y actividad en defensa de los familiares y desaparecidos, nos sentimos plenamente identificados.

      CO.SO.FAM. Barcelona, considera a Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, CELS, Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), FEDEFAM, Familiares de Desaparecidos, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y otros organismos, que se han desmarcado claramente de la señora Bonafini,como los genuinos representantes de los familiares, las víctimas y de miles de ciudadanos que en la Argentina o desde el extranjero mantienen su lucha por la Justicia y los Derechos Humanos en el marco de los principios democráticos y la no-violencia.

Barcelona, noviembre de 2000.

Comisión de Solidaridad con Familiares de Desaparecidos en Argentina

CO.SO.FAM.

 

 

 

LOS VASCOS, SU LENGUA Y SU HISTORIA (Jorge Olavarría - Diario El Nacional de Caracas)

      No hay vasco que no jure y asegure que todo vasco es noble, libre y sólo igual a otro vasco, y esté convencido que los vascos son mejores, más fuertes, más valientes y más nobles que cualquier otro pueblo. Nobleza, libertad e igualdad parecieran estar enterrados en los cromosomas de la dura y fuerte idiosincrasia de este singular pueblo hispánico. En 1799, Wilhelm von Humboldt, después de visitar Vizcaya y Guipuzcoa, le escribió a su amigo Wolfgang Goethe: "Nunca he visto un pueblo que haya conservado un carácter nacional tan fuerte como los vascos". Todo aquel que viaje, vea y viva el País Vasco, concuerda con esto. En 1794 el americano John Adams, atribuyendo la prosperidad de los vascos a su amor por la libertad, decía: "Este extraordinario pueblo ha conservado su lengua, genio, leyes, gobierno y costumbres, más tiempo que ningún otro pueblo europeo".

      Todas las lenguas aborígenes de la Iberia pre-romana se extinguieron. Una que otra palabra celtíbera queda por allí, flotando en el léxico de las lenguas romances hispánicas como testimonio de su presencia histórica. Todas menos el euskera, la única lengua prelatina viva. Lo serio de este misterio que historiadores y filólogos no han podido explicar, es que el enigma de la lengua vasca ha tomado un significado político perturbador de la comprensión de su realidad histórica, en los raciocinios que intentan partir del absurdo de negar la hispanidad de los vascos, sin reconocer que sin ello los vascos, no serían lo que son y fueron.

      Los hechos históricos incontrovertibles son que sobre las verdes montañas del País Vasco, que tan visiblemente se distinguen de la meseta castellana, y terminan en el golfo de Vizcaya, cayeron sucesivamente en el curso de 2.000 años, cartagineses, romanos, alanos, suevos, visigodos, francos y moros. Siendo el último rincón de Iberia en ser romanizado, el País Vasco no fue totalmente sometido por el Islam. Allí está el hecho germinal de la hispanidad de los vascos, pues fue en su región y su contorno, donde se formaron los pueblos nucleares de Castilla y Aragón, motores de la recuperación de las tierras godas perdidas a los moros en el siglo VIII. Dentro de ese proceso de repoblación y reconquista de siete siglos, nacieron los reinos ibéricos y se formaron las lenguas romances de castellanos, aragoneses, catalanes, gallegos y portugueses. La cuestión clave, para desentrañar el enigma del euskera y desvirtuar las falacias distorsionantes que se han construido a partir de ellas, es entender que mientras los pueblos hispánicos de Iberia nacieron en proceso, los vascos renacieron y nacieron con él.

LOS VASCOS Y LOS PUEBLOS HISPÁNICOS

      Navarros y vascos están de lleno metidos en los procesos germinales de Castilla, de Aragón y de España. Por ejemplo, la interacción del pequeño reino de Navarra con el Califato de Córdoba en los siglos IX y X, es uno de los episodios más ilustrativos del proceso formativo de Castilla, que adquiere jerarquía de reino a partir de entonces. En el siglo XV, los vascos -a diferencia de los catalanes- no sufrieron con la unión de Castilla y Aragón. Por el contrario, el partido que tomaron las provincias vascongadas en la guerra entre Isabel y Fernando y Alfonso V El Africano de Portugal, los castellanos partidarios de La Beltraneja, y el rey Luis XI de Francia, les ganó el favor del triunfador y el reconocimiento de sus fueros, jurados solemnemente el 30 de julio de 1476 por Fernando bajo la sombra del roble de Guernika. Para ese momento, en catalán se habían escrito los colosales monumentos de Ramón Llull y Muntaner y se estaba escribiendo El caballero Tirant Lo Blanc. En euskera no se había escrito nada. Muy distinta habría sido la suerte de los vascos -y la de Isabel y Fernando- si éstos hubieran estado del lado del rey portugués y no hubiesen sido aliados de la reina castellana y el rey aragonés y no hubiesen detenido en Fuenterrabía al ejército de Luis XI. El hecho fue que los vascos fueron el apoyo más constante y decisivo, de Isabel y Fernando, en sus momentos más difíciles. Ello ayudó a que, conservando sus fueros, los vascos disfrutaran de eminentes posiciones de prestigio, poder y privilegio, desproporcionados a su población, a partir del momento cuando Castilla conquista Granada en 1492, y en el siglo XVI absorbe a la mayor parte de España y engulle al nuevo mundo y el castellano llega a los niveles de perfección y belleza de su "siglo de oro". Un divertido pero muy fiel y veraz testimonio de esta realidad, lo da Sancho Panza, cuando en su carácter de gobernador de la Insula Barataria pregunta: "¿Quién es aquí mi secretario?", a lo cual uno de los presentes responde: "Yo, señor, porque se leer y escribir, y soy vizcaíno...". "Con esa añadidura" -comenta Sancho- "bien podéis ser secretario del mismo emperador".

      Los vascos -a diferencia de los catalanes- no estuvieron excluidos de la conquista de América. Para todo efecto legal y práctico los vascos eran súbditos del rey de Castilla. A pesar de su reducida población -nunca han sido muchos- las individualidades vascas destacan en el descubrimiento y la conquista de América. El navegante que realiza la mayor proeza de navegación de todos los tiempos, fue el vasco Juan Sebastián Elcano. Acompañando a Magallanes fue él, quien por elección de la marinería sobreviviente, capitaneó el primer viaje de circunferencia del mundo, cuando el irascible portugués murió flechado.

      El más loco de todos los enloquecidos conquistadores fue el vasco Lope de Aguirre. Descendiendo de las alturas de los Andes peruanos, Aguirre bajó por el Marañón y el Amazonas hasta salir al mar y por allí llegó a la isla de Margarita en las costas de Venezuela, donde el fantasma del Tirano Aguirre todavía espanta sus playas y al poblado de Puerto Fermín, se le llama alternativamente El Tirano. Y si este vasco fue cruel y sanguinario, otro vasco fue el santo y bondadoso primer obispo de México, Juan de Zumárraga, defensor de los Indios, cuya carta a Carlos V es uno de los documentos cimeros de la historia de la defensa de los derechos humanos.

      El Paraguay fue colonizado por el vasco Irala, México occidental por el vasco Francisco de Ibarra, las Filipinas por los vascos Legazpi y Urdaneta. El papel de la Compañía Guipuzcoana en la formación de Venezuela en el siglo XVIII fue decisivo. El más universal e inspirado caudillo de la emancipación de los pueblos hispánicos de América, Simón Bolívar era descendiente de vascos; Urdaneta, y Arizmendi, fueron los caudillos de los dos extremos oriental y occidental de una Venezuela que se estaba formando. El último y más feroz caudillo realista de la guerra de emancipación americana, que murió en el Alto Perú peleando por un rey que no se lo merecía, fue el vasco Pedro Olañeta. Con mucha razón el vasco Miguel de Unamuno, ve la presencia vasca en la formación de los pueblos hispánicos de América, como el principal factor de su personalidad histórica. No anda descaminado. La historia de Chile y la de Venezuela no podrían escribirse si excluyen de su quehacer, a los inconfundibles apellidos vascos. Yo mismo, humilde escribidor, con mi apellido vasco a cuestas que ya va para dos siglos y siete generaciones que pasó a esta orilla del Atlántico, me siento vasco, me creo vasco y de tanto sentirme y creerme siento como mío al pueblo de donde salió uno de mis remotos abuelos. En todos los procesos históricos y culturales de Castilla del siglo VIII al XVI y los de España y América del siglo XVI a nuestros días, los vascos tuvieron posiciones de enorme peso y relevancia política, cultural y religiosa. Pero a diferencia de los catalanes, los vascos no sufrieron -en calidad de entidad regional o cultural- ninguna catástrofe política, hasta su adscripción al partido Carlista en los conflictos que se iniciaron en la guerra civil de 1833 a 1840; que se repitió en 1872 y que se metastaseó en la espantosa y fratricida guerra que estalla en 1936, cuando un sector predominantemente navarro, los "requetés" Carlistas, se sumó a la rebelión franquista, mientras varias personalidades y partidos vascos apoyaron, lucharon y murieron por la República, como extremos de una realidad más compleja, en la cual no hace falta meterse para demostrar lo que aquí razono.

LOS VASCOS DEL SIGLO XIX

      Por una y mil causas, a mediados del siglo XIX, se produjo un intenso proceso de industrialización del País Vasco, menos intenso o ausente en el resto de España, salvo Cataluña. En poco tiempo con el hierro de sus minas en Vizcaya y Guipúzcoa se fabricó acero y con el acero vasco, los vascos construyeron barcos, bicicletas, armas, maquinarias y ferrocarriles. Desarrollando un talento financiero conspicuamente ausente en Madrid, que antes y después de la "restauración" había pasado de ser un molesto y soportable quiste de burócratas a convertirse en un insoportable tumor de parásitos, los vascos especialmente los bilbaínos, organizaron bancos que financiaron telares, fábricas de papel y empresas de toda índole, generando una riqueza que la perezosa burocracia madrileña dilapidaba alegremente.

      Una formidable generación de empresarios vascos, modernos, eficientes, trabajadores -entre los cuales se destacaron Víctor Chávarri, la familia Ybarra, Horacio Echavarrieta, Eduardo Aznar, Federico Echavarria, y muchos más- crearon riqueza y prosperidad. Con ello, la población vasca, siempre equilibrada o en merma, por la constante emigración de vascos a todas partes del mundo, se enriqueció y con ello, creció su animadversión por el estéril centralismo de Madrid. Ello se enredó con los movimientos románticos de autonomía cultural propios del siglo XIX como la Renaixensa catalana pero se envenenó de un nacionalismo xenófobo racista y enfermizo. La curiosa singularidad de la historia y la cultura del pueblo vasco -indudable e innegable- empezó entonces un proceso de idealización y tergiversación y falsificación que condicionó la visión demencial que de ellos mismos tomaron algunas minorías de las nuevas generaciones de vascos, que llevaron a algunos grupos a transitar por los peligrosos caminos del fanatismo nacionalista que conducen al abismo de la violencia irracional que como cáncer maligno, se nutre de su propio veneno.

LA FALACIA DEL EUSKERA

      Si es cierto que los derechos históricos forales vascos son innegables y su fuerte carácter regional les otorga un derecho histórico a la autonomía de su gobierno local como la que han logrado y hoy disfrutan; a diferencia de Cataluña y del catalán, con la lengua vasca no había ni hay nada que hacer "renacer" porque no hay, ni ha habido nunca, nada que merezca llamarse "literatura vasca".

      Los derechos forales vascos se escribieron en castellano. El primer libro escrito y publicado en lengua vasca vio la luz, con la rareza de un fósil en 1545, cuando el quechua, el aymará, el nahua, el tolteca, el maya y el guaraní -que eran y son lenguas más ricas, expresivas y desarrolladas- eran vertidas al alfabeto fonético castellano y transcritas o traducidas sus expresiones literarias a la lengua de Castilla y vaciadas en ellas los catecismos y leyes del nuevo orden hispánico de América. Nada de eso sucedió en el País Vasco, porque no era necesario.

      Las crónicas históricas de Castilla y Cataluña se escribieron por orden de sus monarcas en el siglo XIII en castellano y catalán. Las primeras historias regionales de las provincias vascas, son una artificialidad propia del siglo XIX, y no una genuina expresión de realidades. La primera sistematización de la lengua vasca, que no merece el nombre de gramática, fue la del jesuita Manuel de Larramendi, del siglo XVIII. El enigma de su origen llevó en 1815 a Juan Bautista Erro al disparate mayúsculo de afirmar que el euskera era la lengua de Adán.

      El innegable hecho que no existen expresiones literarias vascas ni nada en lengua vasca que se parezca ni remotamente al Cantar del mío Cid o al Quijote en castellano, a Os Lusíadas en Portugués, ni a la colosal obra del formidable Ramón Llull, las Crónicas de Muntaner o al Tirant lo Blanc de Martorell en catalán o al Popol Vuh de los mayas, se intentó contrariar creando una literatura artificial e indigestible para nadie por lo fea, tosca y dura e ilegible para la mayoría de los vascos.

      La verdad es que si no hay, ni ha habido literatura vasca escrita en lengua vasca, sí ha habido y hay una riquísima y hermosísima literatura vasca escrita en castellano. En esa literatura vasca se expresa con el poder, la riqueza la belleza y la universalidad del castellano, la fuerte personalidad e idiosincrasia del pueblo vasco. El carácter vasco se manifiesta en la vida y la obra de un Ignacio de Loyola. Su ascetismo, su disciplina, su fervor, su autoritarismo, son vascos, ¡vasquísimos! Si Ignacio de Loyola hubiera escrito sus Ejercicios espirituales o los Estatutos de la Compañía de Jesús en euskera, ni los jesuitas habrían sido lo que fueron, ni Ignacio de Loyola, habría sido el vasco más famoso e influyente de la historia. Y el que no lo escribiera en vasco, no le resta un gramo al vasquismo de la vida y la obra de Loyola. Ni uno. El carácter y la vida de los vascos se expresa torrencialmente en las obras del vasco Pío Baroja -para mi gusto- el más grande novelista español del siglo XX. Ninguna obra escrita en la tosca y pétrea lengua vasca podría jamás expresar lo que Baroja trasmite de los vascos en sus Trilogías de la tierra vasca, La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz o Zalacaín, el aventurero. Los agridulces personajes barojianos, unos desequilibrados, otros aventureros de alma generosa y noble, todos de un humor y una conducta lógica y a la vez absurda, son lo más vasco que pueda darse.

LAS MENTIRAS DE SABINO

      Pero cada cabeza de vasco es un mundo y cada pluma vasca pinta a su pueblo y escribe su historia, no como fue, sino como quisiera que hubiese sido y quiere que sean. Pío Baroja pinta a los vascos como un agregado contradictorio de carlistas y anarquistas, aventureros del mar y contrabandistas de la montaña, ilusos y pragmáticos. Ramiro de Maeztu, interpreta el dinamismo económico vasco del siglo XIX como el factor esencial de la historia vasca. Unamuno ve la historia vasca como parte esencial e integral de la historia castellana, y como tal, parte integral de la historia de los pueblos hispánicos de España y de América.

      En el variado menú de literatura vasca, mi gusto se inclina a favor de quien veo como el mejor y más cabal intérprete del significado histórico de Castilla en la formación de los pueblos hispánicos y de la participación que en ella tuvieron los vascos: el vasco Miguel de Unamuno. Desde Ramón Llull, en el siglo XIII hasta Andrés Bello en los comienzos del siglo XIX, los pueblos hispánicos no han producido un genio enciclopédico de las letras más universal, más rico, más variado, más atractivo que el vasco Miguel de Unamuno. Y no hay vasco que sea más vasco que Don Miguel ¡mecáchis! En el otro extremo del desacierto, y fuera del campo de la interpretación histórica filológica o literaria -no podría estar dentro de ella- en el siglo XIX, aparece Sabino Arana (1865-1903) creador de un movimiento político que definía a los vascos como nacionales de un país con un derecho natural y racial a la secesión y la independencia de España. Arana olvida el aporte vasco a su creación y engrandecimiento, y niega que fuera parte de ella. Así fue como en un momento histórico fértil para la germinación de disparates parecidos, Sabino Arana sembró el veneno de una república vasca independiente, constituida por siete provincias, formada por Vizcaya, Guipuzcoa y Alava, las tres provincias vascas francesas, y falsa y arbitrariamente, a Navarra.

      Cuando el esperpento del orden político creado por Cánovas del Castillo colapsó en la dictadura militarista y cuasi fascista de Miguel Primo de Rivera en 1923, y ello llevó a la caída de la monarquía en abril de 1931, un sector del separatismo vasco pensó que era su hora en la II República Española, que surgió de allí. Sin entrar en muchos detalles, este contexto histórico-político, fue favorable para que un grupo de poetas vascos; Lizarde, Lauxeta, y Orixe, intentaran la tarea de inventar una literatura vasca que en el milenio de su existencia no se había producido.

      La guerra que estalló en 1936 y el bombardeo de la histórica población de Guernica por la aviación nazi aliada de las fuerzas nacionales, cuyo recuerdo todavía hace vibrar la indignación a toda persona sensata y sensible, fue -en todo sentido- una tragedia cuyas repercusiones se sienten en nuestros días. Sin dejarme arrastrar por la alienante polémica política, que no tiene cabida en un ensayo de estas dimensiones y propósitos, el hecho fue que, sea cual fuere la opinión que se tenga y el lado que se ocupe en la cuestión autonómica de los vascos, lo cierto es que la lengua vasca es el castellano. No hay movimiento político, por más exitoso y popular que sea, o por más violencia que practique, que pueda rehacer la historia al extremo de inventarla, y mucho menos, que pueda darle a la lengua vasca una historia que no tiene y unas expresiones literarias que nunca tuvo. Todo intento por imponer tamaña artificialidad coactivamente, es un salto atrás.

      El euskera es un anacronismo sin pasado ni futuro posible. Encerrarse en una lengua pobre, apta para servir de lengua clandestina de contrabandistas y guerrilleros, inadecuada para recoger o expresar cultura, es el mayor desatino imaginable. La lengua del pueblo vasco ha sido, es y será el castellano. Punto. En ella se expresaron Ignacio de Loyola, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno y tantos otros, que son la mayor y más auténtica gloria del pueblo vasco y que como tales, son honra y patrimonio de la cultura de todos los pueblos hispánicos.

 

 

 

LAS FEROE (Martín Prieto - Diario El Mundo)

      Mientras se engrasaba el retroceso de la parabellum con que iban a descerebrar a Ernest Lluch, Carlos Caballero, ex diputado del PNV, escribía en Deia, órgano de su partido, un recordatorio sobre la Historia de las islas Feroe, 45.000 habitantes, autonomía danesa, allá donde el viento da la vuelta, en los confines de Islandia, y su presumible independencia, acabando con el siguiente dictamen: «Contrasta fuertemente la actitud mantenida por un Estado de larga tradición democrática como es la monarquía danesa, con la actitud de la monarquía bananera que todos conocemos y sufrimos».(*) Tan fino análisis no es casual sino tónica de un diario tras cuya lectura ya no es preciso desayunarse el sapo de Gara, hijo dilecto de Egin, y en el que mejorando la oferta alemana de Arzalluz se ofrece bondadosamente la doble nacionalidad a los españoles vascos no independentistas. Cuando introducían en la recámara el primer nueve largo que iba a impactar contra la nuca de Lluch, en la radiotelevisión vasca, se tildaba de buitre al Príncipe, teniéndose el regüeldo por chiquillada venial. Y al tiempo que Lluch terminaba de dar sus clases para retirarse a su domicilio, el santo varón de Iñaki Anasagasti, el moderadísimo embajador del PNV en Madrid, daba por supuesto que el Rey sólo lo era de una parte de los españoles. Así, el brillante lehendakari Ibarretxe, en el enésimo hervor de su caldo de cerebro, sugería la mediación del padre bananero del buitre en el conflicto vasco para recular ante el cadáver del ex ministro socialista y quedarse a cubierto en Vitoria, no asistiendo a la conmemoración de las Cortes españolas, donde nadie le habría ofendido pero en las que se hubiera cruzado con miradas acerbas ante un plan de paz como el suyo consistente en sentarse todos a dialogar sobre el calendario de la independencia del País Vasco. Independentismo que se reclama de la prehistoria y siempre ronronea alrededor de ese pacto medieval con la Corona para, en el mejor de los casos, hacer de España una Commonwealth en la que Euskadi fuera una Nueva Zelanda poblada sólo por maoríes puros. El Rey ya arbitra, recibe información y da consejo, pero no será el que trocee España para complacer a la minoría independentista en la guerra civil vasca que nos salpica. Por la Historia y el olfato borbónico, el Rey sabe que no son clementes los vientos de San Sebastián donde se urdieron pactos contra su abuelo. El Rey sabe que si ratifica con su firma la secesión de una autonomía habrá puesto a andar el reloj de la III República con lo que quede de España, yéndose al garete la institución bananera de 25 años que tanto padecen los hijos de Arzalluz. Tras la manía del referente lituano, permanezcan atentos a la evolución de las islas Feroe.

(*) BANANA: Fruta de origen tropical, parecida al platano, más grande y de peor calidad. Se cultiva en la parte oriental del Cantabrico.

 

 

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