CARTAS Y COLABORACIONES
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| TERROR EN LAS AULAS (José Antonio Fuster)(*) ETA Y LOS PROETARRAS ESTÁN PERDIENDO LA BATALLA DE LA INTELIGENCIA UNIVERSITARIA, POR ESO PONEN BOMBAS En 1980, cuando la Universidad del País Vasco se constituyó como una institución académica sólida, muy pocos estudiantes y profesores de la Universidad del País Vasco se concentraban en contra de Eta y de sus submundos. Eran los tiempos de una tibieza oficial que convocaba protestas pero que no detenía las clases. Eran los tiempos en los que manifestarse en contra del asesinato de un guardia civil era una prueba de ser un «español fascista», algo no permitido en una universidad dominada de principio a fin por el abertzalismo nacionalista e independentista. La hegemonía y el poder de intimidación de las asociaciones universitarias próximas o hijas de Jarrai era incuestionable gracias al apoyo tácito de las autoridades académicas. Estas vivían con la preocupación constante de conseguir un campus en paz, y por eso procuraban no molestar a los abertzales. «ALUMNOS PATRIOTAS» De aquellos fangos se llegó a principios de los 90. Hace tan solo diez años, la Universidad del País Vasco estaba en manos de un grupo minoritario de estudiantes (extremadamente activos y bien organizados) que se agrupaban en torno a la asociación «Ikasle Abertzaleak» (alumnos patriotas), satélite de Jarrai, del imperio del terror de KAS. Apenas había una mínima oposición planteada. Todas las asambleas de facultad eran una y otra vez dirigidas y manipuladas por los votos y la intimidación de los alumnos abertzales, con el apoyo sin reservas de decenas de profesores batasunos e incluso ex etarras. Sin embargo, hacia 1991, como han reconocido los abertzales, algo cambió. La caída del Muro, el fin del marxismo y ciertas «actuaciones» de Eta provocaron una durísima crisis en el seno de las asociaciones universitarias controladas de siempre por Jarrai. Una fuga masiva de los estudiantes menos comprometidos con la construcción nacional de Euskal Herria, pero más comprometidos con la utopía marxista-leninista, dejó en cuadro a IK, que fue perdiendo el poder que había acumulado. Aun así, de vez en cuando organizaban actos con cualqueir excusa para que todos recordaran que la intimidación es una asignatura en la que los abertzales sacan matrículas. EXCUSAS PARA LA ACCIÓN Un ejemplo perfecto lo tenemos en 1995, cuando Ikasle Abertzaleak convocó una jornada de lucha en la Universidad del País Vasco «contra el autoritarismo» (el autoritarismo al que se refería IK era la decisión del Rectorado de contratar un servicio de vigilantes jurados). Cientos de proetarras encapuchados trataron de destrozar el edificio del Pabellón de Gobierno. La Ertzaintza entró en acción y durante dos horas la UPV fue una batalla campal. Ese día, muchos estudiantes (hartos de algaradas sin sentido) se alinearon en contra de los abertzales. Otra de las claves, cómo no, fue el giro en la estrategia etarra que comenzó en el verano de 1997 con el asesinato de Blanco. Allí comenzó un cambio radical en las posiciones de las autoridades académicas, tan radical que cada asesinato interrumpía oficialmente las clases para que pudiera haber concentraciones de repulsa «masivas». Pero lo que no se puede decir es que los jarraitxos y demás abertzales se quedan quietos. Su estrategia se centró en la reivindicación de una enseñanza íntegramente en euskera. Esta no era, y no es, más que una coartada para que los campus de la UPV volvieran a vivir días de «jaias» (juergas, manifestaciones, algaradas, kale borroka...) Y decimos que es una coartada porque la UPV tiene problemas para encontrar profesores que den sus clases en esta lengua española. Sin embargo, la que nunca ha tenido problemas para conseguir que antiguos militantes se hayan convertido en profesores, ha sido Eta. La base de su movimiento universitario es la «doble vía». Primero, un buen número de alumnos entra en la banda armada. Cuando son detenidos, se convierten en referentes para las nuevas oleadas de estudiantes abertzales. En su paso por prisión, terminan la carrera, cumplen la condena y luego son acogidos por los llamados «sistemas de reincorporación». Al poco tiempo, el ex alumno, ex etarra y licenciado por la UNED, se convierte en profesor de la UPV gracias a la presión de los claustrales abertzales. EL EUSKERA COMO ARMA Además, está la verdad irrebatible de que en la UPV, y sobre todo en las asignaturas técnicas, son legión los alumnos que entienden que el euskera no es una lengua práctica. Tan es así, que incluso el último informe preparado por un grupo de profesores abertzales, alerta del fuerte «retroceso» de la enseñanza universitaria en euskera. Ellos aseguran que se debe a la permisividad de las autoridades académicas. El mundo académico, por contra, entiende que es un proceso natural, sobre todo cuando la UPV recibe a un número creciente de alumnos no euskaldunes de regiones limítrofes con Euskadi. La segunda parte del nuevo plan de acción de IK fue la intimidación alumno por alumno y profesor por profesor. De la presión al cuerpo docente mucho se ha escrito en los últimos meses. De la presión a los estudiantes, mucho más desconocida, REPORTER cuenta con la historia completa de un alumno, desde que llega a la universidad, hasta que tiene que «exiliarse». Es la historia de Mikel, hoy un universitario que vive «sobre todo muy tranquilo» y estudia en Madrid. LA HISTORIA DE MIKEL Mikel comenzó a tener problemas en los días en los que los etarras tenían secuestrados a Ortega Lara y Delclaux, los días de la campaña del lazo azul, un trocito de tela fácil de llevar en Chiclana (por poner un ejemplo), difícil de lucir en Amurrio, Villabona, Hernani... «Veía que poca gente lo llevaba, así que unos cuantos amigos nos fuimos a una mercería de Vitoria y compramos trozos de cinta de medio metro y unos cuantos imperdibles. No lo volvería a hacer, pero en aquel momento teníamos 17 años, íbamos en grupo y con ganas de armarla...» Mikel sí que la armó, sobre todo el día en el que iba solo, «sin lazo gigante ni nada», y le salió al encuentro un grupo de jovenes proetarras, «jarraitxos» que se quedan con la cara del que sea y que siguen la política del ya te cogeremos. «El secreto para enfrentarse a ellos está en no caerse. Mientras sigas de pie, aunque sea corriendo, sólo te insultan. Pero si te caes, o si logran tirarte... mal asunto. Se lanzan como fieras. Cinco segundos, diez patadas». Mikel se cayó tres veces y sus padres lanzaron tres gritos de alegría cuando le llegó el momento de marcharse «lejos», a la facultad de Periodismo, en la localidad de Lejona. [Esta villa vizcaína tiene vínculos muy fuertes con el submundo abertzale. Como muestra debe bastar reseñar que fue aquí donde se constituyó Jarrai; aquí también han celebrado asambleas «nacionales» grupos como Gestoras Pro-Aministía. Incluso «Zutik», la pretendida corriente crítica contra Eta, pero incardinada dentro del proceso «Batasuna», eligió Lejona -en euskera, Leioa- para darse a conocer.] SIN GANAS DE BRONCA Mikel llegó sin ganas de meterse en broncas. «El objetivo era completar el primer ciclo ahí y luego irme para Madrid. Y luego estaban mis padres, que me hicieron prometer que no me metería en nada. Te juro que esa era mi intención, pero ya ves...» El que le vio fue uno de los abertzales de su ciudad, que también había ido a estudiar a Lejona. A la primera semana de clase, un jarraitxo (en la universidad los de Haika se integran en IK), se le acercó y le dijo que tuviera cuidado, que sabían quién era y que mejor no fuera solo. «Durante los primeros meses mi objetivo era estar acompañado. Vamos, como que no fui al baño ni un solo día». Mikel estudiaba en el turno de tarde, en el que se reúnen la mayoría de los que no son del País Vasco. Por la mañana muchas de las clases son en euskera, las favoritas de los de IK, y son las impartidas por la mayoría de los profesores más próximos a HB y submundos por el estilo. «Por cierto, oye, que la bomba del otro día la pusieron por la mañana... ¡Qué juerga! ¿No? Si llega a estallar, lo mismo se habría llevado por delante a unos cuantos abertzales». Todo fue bien, más o menos bien durante el primer trimestre. En ese «bien» no entra que cada vez que un alumno de la UPV entra en el edificio de la facultad, la que sea, soporta una descarga propagandística proetarra brutal. Carteles a favor de los presos-asesinos, carteles en honor de «valientes» gudaris muertos, carteles en contra de lo que ellos denominan la «represión» y el «autoritarismo» del Rectorado y carteles a favor de la enseñanza universitaria íntegramente en euskera. «Y eso -asegura Mikel-, que por lo que me contaron algunos profesores y alumnos de doctorado, ahora estamos en el momento más relajado para los estudiantes. A finales de los ochenta y principios de los noventa, los batasunos, a través de sus asociaciones, eran mucho más fuertes en la Universidad Pública. Eso sí, ahora, como hace diez años, un cartel o una pintada en contra de Eta o de los abertzales no dura ni cinco minutos. Uno a favor, muy a favor, dura por lo menos una semana, hasta que lo retiran con cuidado los guardias de seguridad el sábado. Eso sí, el lunes se reponen». Pero ese trimestre terminó demasiado pronto. Nada más pasar las navidades, los abertzales le demostraron que no le habían olvidado. «Primero fueron insultos en los pasillos. Me cruzaba con tipos que no había visto en mi vida y me decían de todo. Luego fueron los empujones, las zancadillas... aquello parecía una clase de primero de básica». «Más tarde -continúa Mikel- empezaron a seguirme a la salida de la Facultad, hasta que un día llegué a la casa donde vivía y a los dos minutos llamaron al telefonillo y me dijeron: "ya sabemos dónde vives". No salí a la calle en tres días. Pero lo peor fue cuando empezaron a aparecer por todas partes dianas con mi nombre dentro. Fui al decanato, llegué hasta el Rectorado, lo denuncié a la Ertzaintza... «SERÁ MEJOR QUE TE VAYAS» La respuesta siempre fue la misma: «será mejor que te vayas». «Bueno, así se arreglan las cosas por allí, con lo de ancha es Castilla. Se habla mucho del éxodo de profesores, pero sería interesante saber la cantidad de estudiantes vascos que, teniendo en una facultad de lo que quieran estudiar en Euskadi, se van a Madrid. Lo cierto es que antes de que llegaran los exámenes finales yo estaba de vuelta en casa. Al año siguiente llegué a Madrid y aquí vivo tranquilo, estudiando, a lo mío. Fíjate que hasta puedo ir al baño solo...» Sin embargo, no todos los estudiantes no nacionalistas que han pasado por el campus de la UPV han tenido esos problemas. Una ex alumna de Santander vivió un paso «absolutamente normal» por el campus de Lejona... «A ver, yo te puedo hablar desde mi experiencia. Yo fui a estudiar, a aprender, a conocer. Por supuesto que si eres vasco y tienes un pasado reconocido de anti-nacionalista, podías tener problemas, pero no era mi caso. Claro que tenía profesores que sabías perfectamente que eran abertzales, incluso amigos míos han recibido clase de profesores que tiempo atrás fueron etarras, pero en mi clase nunca se habló de política. Claro que te podías sentir agredido por los carteles, pero era una agresión menor». SÓLO MALAS MANERAS La tibieza de esta estudiante no es nueva. De ella se alimentó durante muchos años IK para imponer su ley en el campus. Un ejemplo sangrante ocurrió hace tan sólo dos años, cuando los proetarras interrumpieron el claustro durante 45 minutos para reclamar enseñanza íntegra en euskera y llegaron a zarandear al entonces rector Pello Salaburu, quien aseguró que lo ocurrido le había hecho recordar al 23-F. Desgraciadamente, a la hora de las críticas, el consejo de estudiantes aseguró que los métodos utilizados por IK «no nos parecen maneras». Sólo eso y nada más. Pero el golpe definitivo a IK llegó con el final de la tregua-trampa de Eta y con la llegada al Rectorado de Manuel Montero. Lo primero le ha supuesto a los abertzales ver recortado su poder en las asambleas, hasta el punto de que si en 1996, IK dominaba la representación claustral de los alumnos en candidaturas únicas, hoy apenas tiene el diez por ciento. La llegada de Montero ha supuesto un cambio muy fuerte en los mensajes institucionales de la UPV en contra del terrorismo. Como muestra, esta parte del comunicado de la UPV después de que un escolta encontrara el paquete-bomba en el ascensor de la Facultad de Periodismo: «Hoy Eta podía haber dejado cadáveres en los suelos de la universidad, pero nuestra respuesta no va a ser menos clara y contundente. Nos manifestaremos en contra de una organización terrorista a la que nada debe nuestro pueblo, en contra de una banda que sólo deja a su paso muerte, amenazas y extorsión». Así, la Universidad del País Vasco, la misma que tiempo atrás demostraba una tibieza que da alas al independentismo, ha entendido que su puesto está del lado de esa inteligencia que vence cualquier discurso cavernario... pero por eso Eta le pone bombas, por eso busca la confrontación de vascos contra vascos. Para demostrar el poder de la inteligencia frente al poder de la intimidación, no nos resistimos a contar un suceso pasado, en San Sebastián, el día de la gran manifestación de «Basta Ya»: Entre el grupo de abertzales que intentaban reventar a los manifestantes desde las escaleras de la catedral del Buen Pastor, sobresalía la figura de un sujeto de estética penosa. En su cara barbada mantenía una toba de puro raída y lo único que hacía era aplaudir y gritar: «¡Galindos, sois todos unos galindos, fascistas, galindos... jo, jo, jo!». Y en esas salió de entre la marcha un hombre, se dirigió hacia él y le dijo (desde la distancia que le marcaba un sargento de la Ertzaintza): «¡asesino!». Fue un detonante. La manifestación llegó a detenerse. Todos a una le cantaron al sujeto del puro gritos de desprecio: «a-se-sino, a-se-sino», «naaaaa-zi, naaaaa-zi», pero él no se achantó. Volvió a aplaudir, con su toba empapada en la comisura, y a gritar: «Galindos, venid aquí, galindos». Y entonces ocurrió. Alguien, harto ya de tanta sandez, gritó desde la mitad de la manifestación de Basta Ya: «¡Eh, tú, el intelectual de la barba... Me cago en tu madre!». Y el hombre del puro, estética penosa, se volvió loco. Su cara enrojeció, empezó a bracear furioso, arqueó el cuerpo hacia adelante y sólo balbuceaba: «¿Que te cagas en mi madre?» Y el de «Basta Ya», el que había sabido tocar la fibra de aquel, volvió a acertar: «En tu madre y en tu padre, casero de mierda». Y de la manifestación salió una carcajada mientras el del puro se abalanzaba hacia la marcha, fuera de sí, gritando: «¿Casero, yo? ¿Que yo soy un casero? Te mato, te mato, te voy a matar...» Y no dijo nada más porque, al oír la amenaza, un agente de la Ertzaintza se fue hacia él y le arreó dos porrazos. El puro resistió el primero. En el segundo, cayó al suelo. No hubo más. El sujeto se volvió de espaldas y se colocó detrás del grupo. «¡TONTOS, TONTOS!» Pero la masa de Basta Ya había aprendido la lección. Volvieron a pararse y nadie grito «asesinos» ni «nazis». Lo que gritaban era «¡muertos de hambre!», «¡tontos, tontos!», «¡daros una ducha, cerdos!». El grupo de proetarras estaba frenético, había perdido la serenidad necesaria para poder intimidar a una muchedumbre. Los abertzales ya no repetían consignas independentistas, sino que cada uno hacía la guerra por su cuenta. No hizo falta más que un par de «Eta, mátalos», para que la Ertzaintza cargara y ya no quedara rastro de la contramanifestación. «Basta ya» había ganado demostrando que la inteligencia derrota a la demencia. La misma lección que se imparte, aunque desde hace poco, en la UPV. Lo malo es que a Eta no le gusta la inteligencia y por eso ha vuelto a las aulas. (*) Publicado en el suplemento REPORTER del diario La Razón |
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Desde miles de años atrás la condición humana ha perseguido la "cordialidad", la "paz" y la "armonía", en un intento fracasado (no porque la voluntad puesta en ello no haya sido la suficiente, sino más bien porque el objetivo buscado es imposible), de desterrar la condición animal del hombre. En el mundo occidental de hoy incluso podría decirse que se ha conseguido, pero no sabríamos distinguir si es un hecho real o nos lo creemos porque constantemente se nos maquilla la vida y las circunstancias que atravesamos (todo es maravilloso, no hay violencia, hay que ser tolerante, hay que vivir en armonía....). Es todo eso tan bonito que quizás, por ser precisamente lo que queremos oír, no nos paramos a pensar en lo que realmente pasa. Y lo digo porque si se tuviera verdadera consciencia colectiva de lo que pasa las cosas cambiarían de verdad. ¿Se ha dado cuenta alguien de que en España vivimos 37.000.000 de personas al dictado de 200.000 amiguitos e integrantes de ETA y nadie hace nada por evitarlo? ¿Se tiene plena consciencia de que mientras ratas de alcantarilla como Yosu Ternera o Yon Idígoras salen a la calle después de protagonizar activamente verdaderas carnicerías, se condena a vulgares robagallinas a X años que sí cumplen? Aquello que se llama "ley" es ineficaz y desde luego una auténtica mosca cojonera a la hora de luchar por la propia supervivencia, y si no que se lo pregunten a los 800 y muchos asesinados o a sus familias, que aún hoy tienen que aguantar el escarnio, mofa y befa de las euscorratas que, ni que decir tiene, quedan impunes. La ley tambien es inútil a la hora de garantizar la supervivencia del que, afortunadamente y por momentos, sigue vivo aunque amenazado y acorralado por ellos. ¿Quiénes de los que se dieron cuenta o pensaron en ello a tiempo y pidieron ayuda a la "ley" fueron físicamente salvados por ella? ¿López de Lacalle? ¿Luis Portero?... Todos lo han oído: ¡ninguno! Si no tuvieramos que demostrar constantemente lo indemostrable: que somos los buenos (y digo indemostrable porque está mas claro que el agua), el problema se habría acabado el día después de cuando empezó. Si un grupo de cuatro o cinco animales se dedicara a tocar los ##jones a otro grupo de 37 millones de animales lo más razonable es pensar que no durasen ni cinco minutos. Pero nosotros tenemos el sambenito de que somos demócratas y según se dice tenemos que demostrarlo dejando que los 4 ó 5 depredadores descarriados nos maten hasta que en vez de 37 millones seamos 0 millones o, menos aún, 0 personas. A tenor de la historia y de los hechos nadie diría que existe otra manera de demostrarlo que ésa. Pues bien, ya es hora de enseñar al mundo (incluidos hijos de puta naZionalistas y escrupulosos "progresistas" de pacotilla que se empeñan en serlo más que nadie a costa de que los muertos los pongan otros) que SER DEMÓCRATA NO ES SER GILIPOLLAS, que la "ley" es un recurso que el pueblo se impone a sí mismo y que puede ser cambiado cuando gran parte de ese pueblo está en peligro. Es muy fácil "dialogar" cuando lo que está encima de la mesa son las vidas de los demás. Por la situación que vivimos y las vejaciones de que somos objeto la ciudadanía española es para avergonzarse de la condición humana. Me dan ganas de ser un animal. Me dan ganas de que cada vez que aparece un coche bomba amarrar a él a todos los prisioneros etarras de las cárceles de esa ciudad y a ver con que cojones lo explotan. Me dan ganas, cada vez que me encuentro la casa de mi vecino atacada y pintarrajeada, de ir a la herriko-taberna mas cercana, prenderle fuego y matar a tiros a medida que vayan saliendo, a todos los yosus terneras, y pepes reys y arnaldos oteguis que allí haya. Me dan ganas de ir a cientos de quiosqueruchos cobardes que venden el gara y clavarles un tenedor en cada ojo. Me dan ganas de ir a la tumba de los cuatro "patriotas vascos" de agosto y liarme a hachazos con sus familiares cuando les estén rezando. Me dan ganas de amputarles brazos y piernas a los vecinos de Máximo Casado, en Vitoria, quienes el dia en que lo fueron a asesinar, habían aparcado su coche fuera del garaje para que no se les manchara, me dan ganas de hacer lo mismo todos los politicos del pacto de estella y todos los naZionalistas que por no mojarse estan en una tierra de nadie que no existe, y un largo etc. de ganas que me parece obvio no comentar... Multipliquen ustedes esas ganas por 37 millones de víctimas potenciales que somos y díganme si no se salvarían muchas más vidas inocentes que intentando "hacerlo bonito" a costa de la sangre derramada de cada vez mas infortunados. Pero claro, esto no se puede decir muy alto en el mundo de la política no vaya a ser que la gente descubra que es verdad. Resulta que lo más lógico nunca es demostrable, por desgracia para todo aquél con dos dedos de frente...
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