UN CORTO PASEO DE "EL BOLETO - La verdad sobre ETA" POR CINCO MESES DE LA MAGNÍFICA HEMEROTECA DE EL MUNDO (Dedicado a los obispos vascos y a la Iglesia Católica, que parece mostrarles su apoyo con un despreciable silencio cómplice)

 

DIARIO EL MUNDO (14 de febrero de 2002)

INTERNET / NUEVE PERSONAS IMPLICADAS EN ESPAÑA, MEXICO Y ARGENTINA
Detenido un cura por pertenecer a una red de pornografía infantil
El sacerdote, párroco de Casar de las Hurdes, ingresó en prisión

MARIFE ZAMA. Corresponsal
MERIDA. Ignacio Lajas Obregón, párroco de una pequeña localidad de Cáceres, Casar de las Hurdes, ha sido detenido acusado de un presunto delito de pornografía infantil a través de Internet. El sacerdote, de 29 años, es uno de los nueve detenidos, en España, Argentina y México, por pertenecer a una red internacional de intercambio de imágenes y testimonios de agresiones a menores.

El cura fue arrestado en su localidad por agentes de la Brigada de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional procedentes de Madrid, dentro de la llamada Operación Asterisco, por poseer imágenes de menores con contenido sexual que intercambiaba en la Red.

Ignacio Lajas Obregón fue trasladado a la cárcel de Cáceres, donde permanece ingresado, acusado de un delito tipificado con una pena de prisión de entre uno y tres años. Al parecer, no se trata de imágenes de niños de su pueblo, ya que, hasta ahora, no se han presentado denuncias por corrupción de menores. El material que presuntamente intercambiaba el sacerdote en la Red no sería propio, si bien aún no ha trascendido su procedencia.

Según ha informado la Dirección General de la Policía, junto al sacerdote han sido detenidos otros tres españoles, otros cuatro han sido localizados en Argentina y el último, un menor de 15 años, en México.

La red desmantelada, según la policía, acaparaba servicios de distribución de pornografía infantil y reunía a agresores sexuales de menores que comentaban sus experiencias.

«Tremendo vicio»

Lajas se había desplazado a Casar de las Hurdes hacía unos cuatro años para hacerse cargo de la parroquia del pueblo donde vivía con su madre. Su detención, la pasada semana, no ha trascendido hasta ayer, cuando los habitantes del pueblo amanecían consternados con la noticia, ya que era querido por los vecinos.

El detenido oficiaba misa en otros pueblos de alrededor pero no participaba activamente en la vida social de ninguno de ellos. «Es un hombre correcto», señala un vecino de Casares, «pero tiene un enorme vicio con el ordenador. Su madre se ha quejado en muchas ocasiones porque estaba hasta bien entrada la madrugada con el ordenador encendido».

El sacerdote fue trasladado el pasado jueves a la prisión de Cáceres, donde un día más tarde recibió la visita del obispo de Coria-Cáceres, Ciriaco Benavente.

El obispado de dicha diócesis, a la que pertenece el joven párroco, destaca en un comunicado la conducta ejemplar de Ignacio Lajas Obregón que al parecer se encuentra profundamente arrepentido de los hechos, cuyo alcance delictivo «nunca tuvo conciencia». El obispado lamenta la situación y expresa en la nota su reprobación ante cualquier forma degradante de utilización y, en concreto, de la elaboración y tráfico de pornografía infantil.

Olegario Rodríguez, alcalde de Casares de las Hurdes, una pequeña localidad de 725 habitantes situada en el noroeste de la provincia de Cáceres, señaló que la noticia ha sido acogida en el pueblo «con sorpresa y tristeza. Nunca lo hubiéramos imaginado de este chico, aunque cada ser humano es un mundo», expresó.

Los vecinos del municipio están a la espera del desarrollo del proceso judicial para llevar a cabo alguna iniciativa de apoyo al sacerdote, como una campaña de recogida de firmas que el Ayuntamiento estaría dispuesto a liderar, dijo el alcalde. El sacerdote vivía con su madre en la casa de la parroquia del Santísimo Sacramento y ambos mantienen una buena relación con el resto de los vecinos del pueblo, señaló Olegario Rodríguez.

 

DIARIO EL MUNDO (24 de febrero de 2002)

IGLESIA / ABUSOS A MENORES EN EEUU
EL DIABLO LLEVABA SOTANA
87 SACERDOTES de Boston figuraban en un listado interno de la Iglesia por su implicación en abusos a menores. El cardenal Law prefirió mantener el escándalo en secreto durante décadas e indemnizar a las familias «bajo cuerda». Ahora la Justicia norteamericana quiere juzgarlos y ya ha condenado a uno de los curas pederastas a 10 años de cárcel

BERTA GLEZ. DE VEGA. Boston
Jesús, Evangelio según San Mateo: «Quien se atreva a molestar a los más pequeños, que se cuelgue una piedra al cuello y se arroje al fondo del mar». Si la Iglesia en Boston siguiera con precisión los mandatos de Jesucristo, en las gélidas aguas de Nueva Inglaterra habría hoy 87 curas acusados de haber abusado sexualmente de centenares de menores con la complicidad, en muchos casos, de sus superiores, que los iban moviendo de parroquia en parroquia, dejando que los niños se acercaran a ellos.

La liberal, ajardinada y académica Boston, nido de la aristocracia protestante, lleva más de un mes descubriendo detalles escabrosos de 40 años de abusos sexuales en algunas de las parroquias católicas más conocidas de la archidiócesis. El cardenal Bernard Law ha estado atrincherado en su magnífica residencia buscando consejo y, finalmente, dinero, pues centenares de víctimas quieren todavía que la Iglesia les compense por asaltos sexuales de curas en pasillos, sacristías y dormitorios.

En los primeros coches que cruzaron los cuidados jardines para asesorar al cardenal iban los responsables de las facultades de Medicina más prestigiosas. Había que explicarle a Su Excelencia en qué consistía la pedofilia y ayudarle a aprender a detectar los casos de sacerdotes pederastas. Frente a esos jardines, Steven Lynch, una víctima de uno de los curas, lloraba el domingo al detallar qué fue para él la pedofilia. Estaba arropado por un centenar de católicos. Pero el cardenal no les había invitado.

A pesar de las explicaciones médicas, en una reunión a puerta cerrada con todos los sacerdotes hace apenas una semana, Bernard Law trató de disculpar actitudes pasadas al contar que, hace 15 años, no se sabía muy bien en qué consistía la «enfermedad».Poco antes, el cardenal había dicho que no iba a tratar el «aspecto criminal» del asunto.

La Justicia se acaba de hacer cargo del asunto. En su poder tiene los nombres de 87 curas, catalogados por la Iglesia en sus archivos como sacerdotes con pasado de abusos sexuales a niños. En el caso de 70 de ellos, la archidiócesis había llegado a acuerdos sin decir una palabra a la Justicia. Ahora se espera que la investigación de la Fiscalía pueda elevar a más de 1.000 el número de víctimas. El detonante de la pesadilla ha sido el cura John J. Geoghan, al que le quedan 80 juicios pendientes por abusos sexuales y reclamaciones de 130 víctimas.

El doble rasero con que Justicia e Iglesia tratan la pedofilia quedó en evidencia el jueves, cuando se hizo pública la primera condena contra Geoghan: 10 años de cárcel y la recomendación de que, una vez fuera de prisión, se le vigile estrechamente.

«Tu sacerdocio ha sido muy efectivo, tristemente interrumpido por la enfermedad. Que Dios te bendiga, Jack». Con esta nota el cardenal daba por concluida la carrera eclesiástica de Geoghan en 1996, en un tono demasiado cariñoso para referirse a un cura que le había costado a la Iglesia 11,5 millones de euros (1.910 millones de pesetas) en indemnizaciones privadas a sus víctimas. En todos los comunicados internos que, durante décadas, se cruzaron sobre este cura, la Iglesia siempre se refirió a su «problema», su «enfermedad» y su condición de «oveja descarriada». Cuando la enfermedad arreciaba, le mandaban dos meses sabáticos a Roma o a que le examinara un médico general sin experiencia en tratar a pederastas.

«OVEJAS DESCARRIADAS»

Finalmente, sí aceptaron ingresarlo un tiempo en Canadá, en una institución de la Iglesia donde tratan a estas «ovejas descarriadas».Ahora, un juez le ordenó que ingresara en un hospital mental.

Geoghan tenía una estrategia. Se hacía amigo de madres con problemas económicos y familias extensas. Ofrecía su ayuda y se colaba en sus casas. Le encantaba duchar a los niños, rezar con ellos en la cama y llevarlos a tomar un helado. La merienda tenía un precio: a la vuelta, había que masturbar al reverendo. Según sus víctimas, siempre decía lo mismo: «Como cuentes esto nadie te va a creer».

En Jamaica Plain, una de las parroquias donde estuvo destinado, una familia, al descubrir que el amigable cura había abusado de los siete hermanos, se puso en contacto con la archiocésis. La primera reacción de la Iglesia fue pedirles que evitaran el escándalo, que eso era lo mejor para la protección de sus hijos. La contestación fue dura. La familia consideraba esos consejos un «insulto a su inteligencia». La carta que recibieron del cardenal Humberto Madeiros, predecesor de Bernard Law, les dejó estupefactos: «Al mismo tiempo invoco a la compasión de Dios y comparto esa compasión en el conocimiento de que Dios perdona los pecados».

Algunas familias de víctimas se han indignado al conocer la historia de los 87 curas. La Iglesia, al llegar a un acuerdo privado con ellos, prometió apartar de las parroquias a los abusadores. Ahora han sabido que no lo cumplió. El cardenal figura en 25 querellas como acusado por haber encubierto a los pedófilos y no haber hecho nada para evitar que siguieran delinquiendo.

La familia Fulchino firma una de ellas como acusación. En 1995, en las noticias, por primera vez, hablaban de las víctimas de Geoghan. «Mamá, yo soy una de ellas», dijo Chris. El joven, que tenía 13 años cuando Geoghan abusó de él, supo ese día que su padre, Thomas, había sido víctima del reverendo Porter, el cura pederasta más famoso en Boston hasta aquella fecha. A padre e hijo les unía ahora saberse víctimas de abusos sexuales de curas con 30 años de diferencia. Thomas sigue creyendo que la Iglesia hace una buena labor. Chris nunca volvió a pisar una parroquia: «En todas veo la cara de Geoghan».

100.000 VICTIMAS

Los Fulchino podrían unirse ahora a la Red de Supervivientes de Abusos Sexuales de Curas. Según David Clohessy, su responsable nacional, los académicos religiosos estiman que, de los 53.000 curas católicos de EEUU, entre el 2 y el 10% puede ser pedófilo. El número de víctimas se ha estimado en unas 100.000. La Red de Supervivientes tiene 3.400 miembros. En todo el país, hay 1.500 querellas contra curas católicos por abusos sexuales.

Uno de esos curas es Paul R. Shanley, muy conocido en los 70 en Boston como «el cura de la calle». El reverendo Shanley llevaba melenas y era el prototipo de cura progre. Guapo y carismático, en la intimidad era todo un avezado jugador del strip-poker, juego con el que pretendía relajar a sus jóvenes parroquianos. Le gustaba sembrar la polémica en la Iglesia, defendía abiertamente a los homosexuales y ayudaba a los drogadictos. En alguna ocasión, Shanley llegó a decir a los adolescentes que Dios le utilizaba para averiguar quién era homosexual. Por el momento, se han identificado 42 víctimas suyas.

En 1974, la madre de una de las víctimas le dio al cardenal Madeiros el diario de su hijo. En él relataba siete años de experiencias sexuales con Shanley. La Iglesia no hizo nada. Otra madre, amiga del cura, mandó a su hijo, que se había fugado de casa, a su parroquia. Hasta mediados de los 90, no denunció los abusos. La madre todavía tiene una copia de una oración que le dio el sacerdote: «Tú, que tenías como amigas a las prostitutas, que fuiste crucificado porque comiste y bebiste con pecadores (...) guarda a nuestros niños de los adultos depredadores».

Shanley tiene 70 años y vive en San Diego. Durante una época trabajó en Leo House, un albergue en Nueva York para curas, estudiantes y viajeros. Cuando se enteró la archidiócesis de Boston, según el Globe, le dijo que se fuera de allí si no quería perder el seguro médico. Pero la Iglesia tardó tres años en darse cuenta de que Shanley volvía a estar en contacto con chavales.

La Iglesia nunca comunicó a los superiores directos de Geoghan que el cura arrastraba un pasado de abusos a niños. Así, sin muchos problemas, el sacerdote se hacía cargo de los monaguillos y de los grupos de jóvenes de sus nuevos destinos. La archidiócesis tampoco comunicó a la familia más directa de Paul J. Mahan las quejas que había recibido en los 80 sobre los abusos sexuales del cura. En 1996, su hermana Joan le mandó a uno de sus hijos. Creía que su hermano sacerdote sería una buena influencia. No sabía que, en 1993, la archidiócesis había ordenado que recibiera tratamiento en la misma instalación canadiense que Geoghan. Los médicos certificaron que Mahan se sentía atraído por chicos adolescentes. A pesar de eso, la Iglesia le mandó a la parroquia del Sagrado Corazón en Cambridge. Documentos confidenciales hechos públicos por el Boston Globe demuestran que la Iglesia, además, sabía que Mahan era «intratable» y que era más que probable que de nuevo asaltara sexualmente a menores.

Sólo la denuncia de su hermana por haber abusado de su sobrino hizo reaccionar a la Iglesia, que en 1997 le apartó del sacerdocio. Ahora trabaja en una tienda de electrónica en Vermont. A su hermana le preocupa que nadie le vigile. Él mismo, en una nota en 1997, escribió: «Mi enfermedad es tan profunda que no creo que nadie pueda confiar en mí».

Pie de foto titulada

CONDENADO. La Iglesia gastó 11,5 millones de euros en indemnizar secretamente a las familias de las víctimas del pederasta John Geogham (derecha de la imagen). Ahora la Justicia terrena le ha condenado a 10 años de cárcel por abusos a menores, y tiene aún pendientes 80 causas.

CARTEL DE APOYO. En la Cathedral of the Holy Cross de Boston un cartel pide apoyo para el cardenal arzobispo Bernard Law.

 

DIARIO EL MUNDO (25 de febrero de 2002)

Un arzobispo polaco es acusado de abusar sexualmente de seminaristas

JOSE MANUEL VIDAL
MADRID. La plaga de la pederastia recorre las filas de la Iglesia. Cuando aún no se han apagado los ecos de los 87 curas pedófilos de la archidiócesis de Boston, denunciados por su propio cardenal, surge un nuevo escándalo de abusos sexuales. Esta vez en Polonia y el implicado es nada menos que el arzobispo de Poznan, Juliusz Paetz, acusado de agredir sexualmente a varias decenas de sacerdotes y seminaristas de su propia diócesis.

Aunque el caso se conocía desde hacía tiempo entre las filas del clero, saltó ayer a la opinión pública en las páginas del diario polaco Rezeczpospolita. Al parecer, el propio Santo Padre estaba al corriente de las andanzas del monseñor polaco.

Roma envió una comisión investigadora a Poznan, que interrogó durante una semana a los clérigos que afirmaban haber sido víctimas de las agresiones sexuales del arzobispo, así como a varias decenas de sacerdotes y fieles.

Todos se ratificaron en sus denuncias y el rector de un seminario, que se encuentra a 200 metros del palacio episcopal, el padre Tadeus Karzkosz, contó que tenía prohibido al arzobispo el acceso a sus instalaciones.

Monseñor Paetz niega las acusaciones y asegura que se trata de «una campaña montada para destruirme a mí y manchar a la Iglesia».Dice también que no puede defenderse de las acusaciones lanzadas contra él por los propios curas de los que abusó porque «estoy obligado a ser discreto».

Este escándalo sexual ha conmocionado al Papa y está removiendo los cimientos de Polonia, país muy identificado con el catolicismo.

 

DIARIO EL MUNDO (08 de marzo de 2002)

ASAMBLEA FEMINISTA
Denuncian a un ex juez eclesiástico por abusos sexuales a una niña

ROSA M. TRISTAN

MADRID. Un ex juez del Tribunal Eclesiástico de Madrid, J.M.P., ha sido denunciado por abusos sexuales continuados sobre una niña de cuatro años, cuando ejercía su cargo en este órgano jurídico de la Iglesia.

La Asamblea Feminista destacó ayer «la complicidad de la Conferencia Episcopal que, conocedora del caso, no ha querido hacer nada», así como «la lentitud de la Justicia, en cuyos despachos lleva años paralizado el proceso», según Empar Pineda, miembro de la Asamblea. Actualmente, ya jubilado, sigue perteneciendo a la diócesis de Alcalá de Henares.

El drama vivido por Mónica, que ahora tiene 25 años, comenzó cuando tenía cuatro, según su madre, Mari. J.M.P. fue el juez que, en 1978, le tramitó su separación matrimonial. Desde ese año, la mujer le alquiló una habitación. Y allí estuvo hasta 1988, cuando, según fuentes eclesiásticas, dejó el tribunal.

Mari vio que su hija no tenía un comportamiento normal, pero nunca imaginó lo que había pasado, hasta que, en 1996, ya con 19 años, le confesó que había sufrido abusos sexuales de niña. La madre, entonces, informó al cardenal Rouco Varela, para que suspendiera al sacerdote. Ante su escaso éxito, en 1997 puso una denuncia.

Como Mónica sufría de bloqueo emocional, el juez ordenó hacer un tratamiento de hipnosis regresiva, el primero que se realiza en España por orden judicial. «La sesión grabada es espeluznante. Mi hija vuelve a la infancia y relata agresiones terribles. Algunas tenían lugar en casa, otras en la sede del Tribunal Eclesiástico», señala Mari.

El informe pericial atribuye sus alteraciones psicológicas «a las supuestas agresiones sufridas durante ocho años». El fiscal ha considerado que puede tratarse de «un delito continuado de violación y estupro». Carmen Ronei, del Consejo de la Mujer, se ha personado como acusación particular.

Por si fuera poco, la familia empezó a recibir anónimos amenazantes. Ya hay una condena firma contra J.M.P. por ello. Lo que Mónica no ha logrado aún es que se celebre el juicio, a cinco años de su denuncia. «Sus abogados aprovechan las rendijas jurídicas para retrasarlo. Tiene 72 años y ya no irá a la cárcel, pero queremos su condena», insiste su madre.

 

DIARIO EL MUNDO (10 de marzo de 2002)

Dimite un obispo de Florida tras admitir que abusó de dos seminaristas
El cura había sustituido en la diócesis de Palm Beach a otro que renunció por similar razón

FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO
NUEVA YORK. Cuando hoy los feligreses de Palm Beach, en Florida, acudan a la misa dominical tendrán el corazón roto y su mente llena de preguntas. El hombre al que respetaban como el jefe de la Iglesia católica ha reconocido que es un pecador y que en su juventud se desvió de los preceptos de la Iglesia a la que representa.

El obispo Anthony J. O'Connell admitió el viernes, en una improvisada conferencia de prensa, que hace 25 años había abusado de dos jóvenes. «Quiero pedirles disculpas sincera y humildemente y quiero que me perdonen por el daño, la confusión, el dolor y el enfado que mis palabras puedan producir», dijo el sacerdote ante los reporteros, en la Catedral de San Ignacio de Loyola.

Su admisión, unida a los repetidos casos de abusos en la diócesis de Massachusetts y también en varias parroquias de Rhode Island, pone a la Iglesia católica, la mayor del país, a la defensiva.

O'Connell admitió que a finales de los años 70 se metió en la cama, desnudo, con un joven que había acudido a él para pedirle consejo. El obispo dijo que no mantuvo relaciones sexuales con Christopher Dixon, el nombre de la víctima, y que sólo hubo tocamientos por el cuerpo. Con la cabeza baja y las manos sobre su voluminosa tripa, O' Connell advirtió que hay un segundo hombre con el que hizo lo mismo y que todavía no ha aparecido.

El reconocimiento público de sus faltas fue un acto multitudinario. Las cámaras de televisión se mezclaban con algunas feligresas cariacontecidas y con casi una treintena de sacerdotes.

Antes de poner en las manos de Roma su destino final, éstos últimos le pidieron que no se marchara y abandonara su obra pastoral en Palm Beach, donde viven muchas personas de origen latinoamericano que llenan las iglesias de la zona.

Palm Beach no tiene suerte con sus líderes espirituales católicos. O'Connell llegó a esta diócesis en 1999 para sustituir a otro obispo pecador. J.Keith Symons tuvo que dimitir también tras admitir que había molestado a cinco monaguillos en los años 50 y 60.

El obispo saliente reconoció que la Iglesia católica norteamericana pagó, en 1976, a la víctima 125.000 dólares para callar su secreto, que incluía los tocamientos de O' Connell y el abuso de otros dos sacerdotes. «Ninguna de las personas que me nombró para este cargo lo sabía. Aunque siempre supe que estaba en mi pasado, no lo reconocí», dijo el obispo.

El abuso de los sacerdotes se ha convertido en uno de los asuntos que utilizan los protestantes contra los católicos en EE.UU.en las reuniones familiares y en conversaciones de oficina. Sólo en Boston hay 90 sacerdotes que están acusados de molestar a docenas de jóvenes en el último medio siglo. Uno de ellos ha sido acusado de tocar y mantener relaciones sexuales con 200 niños.

«Es algo vergonzoso, sin excusa», dijo ayer en la misa de las 9.00 horas el reverendo Aidan Lay, de la Iglesia del Santo Nombre de Jesús, en West Palm Beach. «Pero como ha pecado, se ha entregado a nosotros en un 110%», añadió.

 

DIARIO EL MUNDO (14 de marzo de 2002)

RELIGION / ARCHIDIOCESIS DE BOSTON
Pagarán 34,5 millones de euros por abusos sexuales

FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO

NUEVA YORK. La archidiócesis de Boston pagará durante los próximos meses unos 34,5 millones de euros a 86 hombres que fueron víctimas de los abusos sexuales de un sacerdote hace varias décadas.

Otras 56 víctimas también han firmado una petición para recibir dinero y las demandas por abusos sexuales en otros lugares de Estados Unidos cometidos por curas se amontonan en las oficinas de los abogados.

John Geoghan está ya en la cárcel por molestar a un niño hace 25 años y ha sido acusado de abusar y de violar a unos 130 monaguillos, a niños que acudían a su clase de catecismo y a jóvenes de Massachusetts de seis parroquias donde ejerció durante tres décadas.

En enero se reveló que la archidiócesis de Boston conocía las acusaciones contra Geoghan, guardó silencio y no hizo nada para apartarle del contacto con los feligreses.

«Esto no es, obviamente, el final de los casos de abuso de los sacerdotes. Pero ayudará a superar sus traumas y los de sus familias», comentó el martes Mitchell Garabedian, un abogado de los demandantes.

Los abogados que defienden a las víctimas de estos ataques estiman que la Iglesia católica ha pagado en los últimos 20 años entre 690 y 1.500 millones de euros por este tipo de abusos.

 

DIARIO EL MUNDO (23 de marzo de 2002)

ESTADOS UNIDOS
Apartados de sus puestos dos sacerdotes acusados de abusos sexuales

FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO

NUEVA YORK. Dos nuevos sacerdotes de Boston y de Washington han sido apartados de sus puestos por abusos sexuales cometidos hace décadas. Y en Nueva York, el cardenal Edward Egan deberá explicar hoy y mañana, en la misa del Domingo de Ramos, en una carta dirigida a los feligreses católicos, su papel en varios casos de curas pederastas a los que protegió con su silencio.

Los católicos que ayer asistieron a la misa de las 10.00 horas, en la catedral de San Patricio, en la Quinta Avenida, pidieron a Egan que fuera claro y que terminara cuanto antes con este abuso. «Es una desgracia contra todos nosotros», comentó al Canal 5 de la televisión Peter Collins, un creyente que fue a misa antes de comenzar su jornada laboral.

El cardenal ha dicho a sus sacerdotes que la carta será entregada a los asistentes a las misas y que no quiere que se comente públicamente en las homilías.

En Boston, un antiguo jugador de hockey sobre patines denunció el jueves a Frederick Ryan, un cura de la parroquia de San José, de haberle «violado oralmente» en 1983.

Garry Garland ha presentado una demanda en la que relata que el padre Ryan se hizo su amigo, le invitó a cenar para emborracharle y luego abusó de él. «No tengo respuesta en este momento para esta pregunta», dijo el religioso al ser preguntado sobre si las acusaciones de Garland eran ciertas.

Monseñor Russell Dillard, de 54 años, fue separado el jueves de su puesto al frente de la iglesia de San Agustín de Washington al conocerse que dos hermanas le acusaron de haberlas tocado y besado hace 12 años. Dillard ha reconocido que había mantenido «relaciones con las mujeres y en algunos momentos fueron físicas».

Desde enero, 60 sacerdotes norteamericanos han sido suspendidos y han debido abandonar su puesto por las acusaciones de pederastia contra ellos.

 

DIARIO EL MUNDO (25 de marzo de 2002)

Monseñor Egan promete hacer públicas las denuncias / El obispo de Brooklyn reconoce que «la confianza de los católicos ha sido violada» / Un 76% de los fieles considera que la jerarquía ha sido demasiado indulgente
Los escándalos acorralan a la Iglesia de EEUU

El cardenal de Nueva York afirma que tomará medidas para «garantizar la seguridad de los niños» y evitar nuevos abusos sexuales

JULIO A. PARRADO. Corresponsal

NUEVA YORK. Domingo de Ramos, y de excusas. Pero también de más silencio. El calvario de denuncias y acusaciones por pederastia ensombreció ayer la celebración católica de la entrada de Jesús en Jerusalén. Obispos y cardenales dieron explicaciones por los largos años de secretismo sobre los abusos sexuales, que ahora afloran por todo el país. Fueron comentarios por escrito, ya que no existe homilía en el primer domingo de la Pascua.

En Nueva York, la tercera diócesis nacional, el cardenal Edward Egan tuvo que justificar su decisión de permitir el ejercicio a sacerdotes involucrados en abusos cuando era obispo de Bridgeport (Connecticut). En una carta repartida por las 413 parroquias de la ciudad, Egan reaccionó a la defensiva y aseguró que los casos sucedieron antes de que él tomase las riendas y que una comisión psiquiátrica respaldó el regreso de aquellos sacerdotes al ministerio. Ayer, Egan prometió hacer públicas las denuncias.«Haré todo lo que esté en mi mano para garantizar la seguridad de los niños en esta diócesis».

El obispo de Brooklyn, Thomas Daily, reconoció que la «confianza de los católicos ha sido violada por sacerdotes que traicionaron sus votos». Durante su estancia en la diócesis de Boston, Daily fue uno de los responsables de que el reverendo John Geohan siguiese ejerciendo como sacerdote después de decenas de abusos. Geohan abusó de 130 niños y finalmente fue sentenciado en febrero a 10 años de cárcel. También en Brooklyn, Daily guardó silencio sobre varios casos.

Fin del secretismo

Las cartas de Daily y Egan no respondieron, en cambio, a las crecientes demandas dentro y fuera de la Iglesia Católica para que se termine con el secretismo y se hagan públicos los nombres de los curas sospechosos. Egan ordenó que su texto no fuera comentado ni por sacerdotes y feligreses, y que el debate se ciñese a la intimidad de cada casa.

Hasta que el caso Geohan hiciese estallar el escándalo que ha provocado ya 55 resignaciones de sacerdotes , la única política existente era la de lavar los trapos sucios en casa. Según se va sabiendo, en las últimas décadas la Iglesia ha pagado varios millones de dólares para silenciar a las víctimas. No hay nada ilegal en ello. El caso de Michael Jackson es un ejemplo.

En la diócesis de Boston, los arreglos extrajudiciales le han costado a la Iglesia unos 30 millones de dólares. En 1996, las parroquias de Dallas hicieron frente al pago de otros 30 millones. En San Louis, se dejaron casi 2 millones.

Lo más preocupante es que, en muchas ocasiones, la estrategia de defensa de la jerarquía católica fue tratar de criminalizar a las víctimas. La diócesis de Santa Fe llegó a contratar a un detective privado para indagar el pasado de un joven que había denunciado a un sacerdote, involucrado anteriormente en otros casos.

Las autoridades policiales, que tradicionalmente habían prestado poca atención a estas denuncias, prometen ser más estrictos. En Nueva York, Boston, Portland y Filadelfia, los fiscales de distritos han comenzado a exigir listados.

Pero a la Iglesia la protege la ley en la mayor parte del país. Tan sólo en 12 estados los sacerdotes están incluidos en la lista de personal en la que figuran médicos o personal docente obligado a informar sobre posibles casos de pederastia o abusos. Si tienen conocimiento de éstos a través de la confesión, están exentos. Las penas contra los que no cumplen con esta obligación se ciñen a multas, y rara vez los fiscales toman cartas en el asunto.

Y sin embargo, la delación es la principal forma de detección de abusos. En el 2001, una media del 62% de los casos fue detectado gracias a denuncias de terceros.

Además de amenazar seriamente las finanzas de la Iglesia, el escándalo está provocando un creciente malestar entre los 60 millones de católicos norteamericanos. Un 74% cree que la jerarquía ha sido demasiado indulgente con los sacerdotes descarriados. Un 67% considera el asunto como un serio problema para la institución, según una encuesta de Newsweek. Otro sondeo de Le Moyne College asegura que tres de cada cuatro fieles tiene una imagen negativa de la jerarquía eclesiástica y un 56% opina que la Iglesia trató de ocultar el problema.

 

DIARIO EL MUNDO (03 de abril de 2002)

EEUU / EL CHEQUE ES DE 1,2 MILLONES DE DÓLARES
La Iglesia paga a una mujer para evitar que denuncie a un cura

El sacerdote tuvo relaciones con ella cuando era una adolescente y la obligó a abortar

JULIO A. PARRADO. Corresponsal

NUEVA YORK. La Iglesia Católica estadounidense sigue librándose de los escándalos de abusos sexuales a golpe de talonario. El último pago lo han efectuado las diócesis de Orange y Los Angeles, en California, que han extendido un cheque de 1,2 millones de dólares (millón y medio de euros) a una mujer que mantuvo durante su adolescencia una relación con un sacerdote que la ayudó también a abortar.

Ambas diócesis evitan de esta forma enfrentarse en los tribunales a Lori Capobianco Haigh, que presentó una demanda por encubrir el comportamiento delictivo del sacerdote John Lenihan.

Los abusos de Lenihan se iniciaron cuando Haigh, actualmente 37 años, tenía 14. Los contactos sexuales culminaron con su embarazo, a los 16 años. «El padre John me condujo hasta su banco, me dio dinero para pagar el aborto, pero no vino conmigo a la clínica», explicaba el lunes Haigh en una rueda de prensa. «No le preocupaba el estado de mi alma». Los abusos terminaron cuando «el padre John se interesó por otra mujer».

Dos décadas después, la víctima ha presentado una demanda criminal contra Lenihan. La Iglesia lo expulsó recientemente del sacerdocio debido a su involucración en otros casos de abuso de chicas adolescentes.

En su demanda original contra la jerarquía católica de Los Angeles, Lori Haigh no sólo acusaba a sus responsables de desoír sus repetidas peticiones de ayuda y de no tomar medidas contra Lenihan, pese a que las primeras quejas contra él databan de 1978. En una ocasión, Haigh asegura que uno de los sacerdotes trató de besarla después de contarle los abusos que sufría.

Los religiosos citados desmintieron el lunes las afirmaciones de Haigh, mientras el obispado señaló que sentía profundamente el daño sufrido por la mujer.

Esta es la segunda vez que las diócesis californianas hacen frente a una compensación tan cuantiosa. En agosto, Ryan DiMaria recibió 5,2 millones de dólares para que retirase una denuncia por pederastia contra el ex monseñor Michael Harris.

La Iglesia católica norteamericana no se va a librar fácilmente del escándalo de la pederastia. Todos los casos descubiertos en los últimos meses la han puesto en el punto de mira de la opinión pública y la jerarquía ha reaccionado incrementando la transparencia y facilitando la lista de sacerdotes involucrados en delitos sexuales.

En Nueva York esta semana fue detenido un sacerdote de 67 años acusado de violar a un menor durante siete años cuando ejercía como párroco en el estado de Massachussetts.

Otro caso en Florida

Ayer se supo que un sacerdote de un seminario de Florida fue obligado a renunciar el pasado 13 de marzo por abusar sexualmente de un adolescente.

William White, de 69 años, sacerdote del seminario de San Vicente de Paul, en Boyton Beach (costa oriental de Florida), tuvo que renunciar después de reconocer a las autoridades eclesiásticas que mantuvo contactos sexuales impropios con un estudiante adolescente en la década de los 70.

El director del seminario, Stephen Bosso, decidió pedir a White su renuncia «por el bien de la institución», después de comprobar que había admitido ante sus superiores una conducta sexual inapropiada y a raíz de una investigación que hizo por su cuenta sobre el acusado.

 

DIARIO EL MUNDO (05 de abril de 2002)

40 denuncias en Nueva York

JULIO A. PARRADO. Corresponsal
NUEVA YORK. La archidiócesis de Nueva York, la tercera de EEUU en feligreses, ha tenido que informar a la fiscalía de todas las denuncias de abusos sexuales registradas en las últimas cuatro décadas.

Las autoridades eclesiásticas han tomado tal decisión para calmar el enfado, incluso entre los católicos, por el secretismo con el que ha actuado tras el estallido de los escándalos.

Hace dos semanas, el cardenal neoyorquino Edward Egan se limitó a anunciar una nueva política de transparencia, pero que no afectaba a casos del pasado.

La archidiócesis llegó a asegurar que no tenía constancia del número exacto de denuncias. Ahora, el fiscal dispone en el expediente de hasta 40 quejas e investigaciones internas sobre pederastia. La mayoría de las víctimas fueron varones entre cinco y 15 años.

El goteo de casos está afectando a los fieles católicos. Según una encuesta, el 7% cree que la pederastia coloca a la Iglesia ante una grave crisis. Un 14% afirma que está reexaminando sus creencias.

 

DIARIO EL MUNDO (05 de abril de 2002)

RELIGIÓN / ACUSAN TAMBIÉN DE CONSPIRACIÓN A LA IGLESIA
Citan al Vaticano a juicio por encubrir a los curas pedófilos
La Santa Sede podría eludir la convocatoria debido a que goza de inmunidad

RUBEN AMON. Corresponsal
ROMA. El Vaticano ha sido denunciado y llamado a juicio en Florida y Oregón para responder a las acusaciones de conspiración y de encubrimiento. La defensa de varios ex seminaristas y estudiantes norteamericanos considera que la Santa Sede se ha interpuesto para proteger a los sacerdotes que ejercieron abusos sexuales y pedofilia.

Es la primera vez que el nombre del Vaticano aparece entremezclado en el escándalo de abusos a menores que sacude a la Iglesia norteamericana. Juan Pablo II no figura en la lista de los sospechosos llamados a declarar, pero la defensa de los ex seminaristas aspira a poner en evidencia a otros dignatarios de la Iglesia romana. «Todos los caminos llevan al Vaticano», señalaba el abogado Jeff Anderson en alusión a la presunta complicidad de la Santa Sede. «Es normal que sean convocados a juicio quienes representan a la jerarquía de la Iglesia católica. No hay otras razones políticas ni religiosas. Queremos simplemente justicia», añadía el abogado.

El hecho de que el Vaticano haya sido citado a juicio representa una novedad insólita, pero no es fácil que la defensa consiga finalmente el objetivo. Entre otros motivos porque la Santa Sede goza de inmunidad jurídica internacional.

El abogado Jeff Anderson acusa al Vaticano de haber trasladado a los sacerdotes acusados para sustraerlos de los procesos judiciales aprovechando el cambio de estado o de jurisdicción. «Es una forma de interponerse en la causa y de intentar evitar que el peso de la justicia caiga como merece sobre los responsables», señalaba Anderson en las puertas del tribunal de Sant Petersburg (Florida).

Traslado de sacerdotes

Las declaraciones vienen a cuento porque la diócesis de Boston, a través del cardenal Bernard Law, movió al padre John Geoghan de parroquia en parroquia y de estado en estado al conocerse que había abusado sexualmente de más de 130 menores, según las denuncias.

La misma estrategia sirvió para proteger al padre William Burke, acusado de pedofilia en el estado de Florida, pero trasladado al estado de Nueva Jersey cuando estaban a punto de arrestarlo. El abogado Jeff Anderson, por tanto, sostiene que la Iglesia y las instancias vaticanas intentaron eludir el asedio de los tribunales, «de modo que podrían haber incurrido en los delitos de conspiración y de encubrimiento», de acuerdo con las primeras denuncias.

La hipotética responsabilidad del Vaticano difícilmente va a cristalizar en un proceso o en una condena. Basta echar un vistazo al modo en que el cardenal Marcinkus, responsable de la red financiera de la Santa Sede en los años más turbios, eludió el banquillo gracias a la inmunidad jurídica y a los acuerdos de no ingerencia vigentes entre el Estado italiano y el Vaticano desde los tiempos de Mussolini.

 

DIARIO EL MUNDO (07 de abril de 2002)

ESTADOS UNIDOS
El cardenal de Los Ángeles, acusado de abusos sexuales

FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO

NUEVA YORK. El cardenal de Los Ángeles, Roger Mahony, negó ayer en un documento las denuncias de una mujer que le acusa de que abusó sexualmente de ella hace tres décadas.

«Estas denuncias son falsas y dolorosas y rezo por las personas que las realizan en mi contra», dijo Mahony, el líder de la mayor archidiócesis de la Iglesia Católica de Estados Unidos y hasta ahora el sacerdote de mayor rango que ha sido acusado de abusos sexuales.

Mahony entregó a los periodistas una carta en la que revela los alegatos de la mujer, una antigua estudiante del colegio en el que el sacerdote impartió misa en los años 70. El pasado 20 de marzo, la denunciante se presentó en la Catedral de San Juan, en Fresno, en California, y pidió audiencia con un sacerdote al que contó su historia. «Estaba casi inconsciente cuando ocurrió el asalto, cuando desperté estaba sobre mí y me tocaba. Cuando protesté me mandó callar y ví que había dos hombres que salían rápidamente de la habitación», declaró la mujer el viernes.

Por otra parte, en Cleveland, el reverendo Don Rooney apareció el jueves muerto al volante de su coche de un disparo en la cabeza después de faltar a una cita con sus superiores para cuestionarle sobre las denuncias de que había abusado de una joven. Un suicidio.

 

DIARIO EL MUNDO (15 de abril de 2002)

TRIBUNALES
El seguro de una iglesia indemniza a tres niños que sufrieron abusos

MADRID. El Tribunal Supremo ha condenado a una compañía aseguradora a indemnizar como responsable civil subsidiaria a tres niños que sufrieron abusos sexuales por parte del director de un centro dependiente de una parroquia de la localidad barcelonesa de Llagosta.

El Alto Tribunal ha estimado así el recurso presentado con anterioridad contra la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, que había condenado al director del centro a 28 años de prisión por cuatro delitos de abuso sexual.

En aquella sentencia de la Audiencia de Barcelona se condenaba también al máximo responsable del centro al pago de un total de 66.111 euros (11 millones de pesetas) de indemnización en concepto de reparación moral de los daños sufridos por los tres menores a consecuencia de estos hechos.

El Tribunal Supremo considera ahora que la responsabilidad civil subsidiaria se puede exigir directamente de la aseguradora con la que tenía concertada una póliza el centro, a través de una fundación en la que estaba federado.

La sentencia del Supremo indica que en la propia póliza figura el condenado como responsable, así como 21 monitores y un máximo de 60 niños.

El fallo también recuerda la doctrina del Tribunal Supremo respecto a que el seguro de responsabilidad civil constituye tanto un medio de protección del patrimonio del asegurado como un instrumento de tutela de los terceros que resultan perjudicados.

Así, agrega, el principio de «no asegurabilidad del dolo», recogido en la Ley de Contratos del Seguro, «lo que excluye es que el asegurador esté obligado a indemnizar al propio asegurado por un siniestro ocasionado por la mala fe de éste, pero no impide que el asegurador responda frente a los terceros perjudicados en el caso de que el daño sea debido a la conducta dolosa del asegurado».

 

DIARIO EL MUNDO (17 de abril de 2002)

El próximo lunes, ocho arzobispos de EEUU se reunirán con el Papa para «comenzar un nuevo diálogo» sobre el escándalo de la pederastia - «Hay una nueva apertura en Roma», dice el portavoz de los obispos
El Vaticano admite la dimisión de un obispo alemán acusado de abusos sexuales
Eisenbach deja el obispado «en bien de la Iglesia», aunque no reconoce los delitos

ANA ALONSO MONTES. CARLOS FRESNEDA. Corresponsales
BERLIN/NUEVA YORK. El Papa Juan Pablo II admitió ayer la renuncia del obispo auxiliar de Maguncia, Franziskus Eisenbach, a quien una catedrática relaciona con abusos sexuales y prácticas de exorcismo. En el comunicado del obispado se subraya que la dimisión de Eisenbach no implica admisión de los cargos.

Eisenbach decidió dejar el obispado, donde ejerce el cardenal Karl Lehman, máxima autoridad católica en suelo germano, «en bien de la Iglesia y la claridad de sus testigos». La Diócesis de Maguncia informó de que el papa Juan Pablo II ha aceptado la renuncia con efectos inmediatos, pero subrayó que la retirada no significaba que el obispo se confesara culpable.

La catedrática Anne Bäumer-Schleinkofer denunció en septiembre de 2000 al obispo auxiliar de Maguncia por abuso sexual y daños corporales. Era la primera vez que la justicia alemana investigaba a un eclesiástico de tan alto rango. Bäumer-Schleinkofer también acusaba a la autoridad eclesiástica de haber roto el celibato, no haber respetado el secreto de confesión y haber practicado el «gran exorcismo».

El proceso fue sobreseído por el tribunal de Coblenza por falta de pruebas en noviembre de 2001, pero el obispado tuvo que reconocer que entre la académica y el eclesiástico hubo algún tipo de contacto corporal.

Otras mujeres

No quedaba claro si la mujer buscó por razones terapéuticas el contacto con Eisenbach y él se aprovechó de las circunstancias.En algunos medios alemanes se especulaba con la posibilidad de que Eisenbach hubiera tenido tratos sexuales con otras mujeres que no se habrían atrevido a dar el paso de denunciarle, como hizo la catedrática Bäumer-Schleinkofer.

El obispo de Maguncia, el cardenal Lehmann, confirmó ayer que no se iniciaría ningún proceso eclesiástico contra Eisenbach, cuya marcha lamentó profundamente. Según Lehmann, la Iglesia sufre una «grave pérdida» con la renuncia de Eisenbach.

Bäumer-Schleinkofer aceptó de buen grado la renuncia de Eisenbach y «la decisión razonable del Vaticano y de la Congregación por la Fe». A juicio de la demandante, una vez dado este paso el obispo no podrá seguir como hasta ahora y así tendrá ocasión además de dar un nuevo curso a su vida.

Franziskus Eisenbach, nacido en 1943, estudió Filosofía y Teología en Alemania y completó su formación en el Instituto Católico de París. En octubre de 1980 comenzó su trabajo eclesiástico en Maguncia, y ocho años más tarde el Papa le nombró obispo titular de Sigo, en la actual Argelia, y obispo auxiliar de Maguncia.Desde 1993 se ocupaba sobre todo de temas de juventud, incluso dentro de la Conferencia de Obispos Alemanes.

En EEUU, los obispos norteamericanos confían en que el cónclave de la semana próxima en el Vaticano sirva para romper con las incomprensiones y «comenzar un nuevo diálogo» sobre el mayor escándalo de la Iglesia católica en las últimas décadas.

«Hay una nueva apertura en Roma y una disponibilidad a escucharnos y a comprender las dificultades por las que estamos pasando», afirmó ayer Wilton Gregory, presidente de la Conferencia de Obispos Americanos.

Ocho arzopispos han confirmado de momento su presencia en Roma el 23 y el 24 de abril. Entre ellos, Bernard Law, máximo responsable de la Iglesia católica en Boston, contestadísimo en su propia diócesis, donde arrancó el escándalo que ya se ha saldado con más 450 denuncias por supuestos abusos de menores, la suspensión de al menos 62 sacerdotes y la dimisión de un obispo en Florida.

Junto a Law estará también el arzobispo de Nueva York Edward Egan, acusado de proteger a decenas de sacerdotes implicados en abusos sexuales. El primado de Los Angeles, Michael Mahony, tocado también directamente por los recientes sucesos, ha anunciado que irá al llamamiento del Papa.

«Los católicos norteamericanos están muy preocupados por lo que está pasando y tienen la sensación de una grave crisis de liderazgo», declaró ayer Tom Roberts, director del National Catholic Reporter.

Tres de cada cuatro católicos americanos consideran que los obispos que ocultaron los casos de abusos sexuales deben dimitir sin más. El 67% es partidario incluso de levantar el celibato y permitir que los sacerdotes se casen.

La presión de la opinión pública se siente en Boston y Nueva York, con cientos de manifestantes pidiendo a gritos la dimisión de los cardenales Law y Egan. La prensa vaticina que la suya será la primera de una cascada de dimisiones tras la reunión en el Vaticano. Los 64 millones de católicos en EEUU esperan que el encuentro sirva para depurar responsabilidades, acabar con los ocultamientos y forzar a largo plazo una apertura histórica hacia temas tabú como el celibato.

 

DIARIO EL MUNDO (22 de abril de 2002)

La autoridad religiosa baraja indemnizar a las víctimas de los abusos sexuales - La Iglesia estadounidense reclama a Juan Pablo II una «estrategia norteamericana» propia para solventar los casos de pederastia
El Vaticano estudiará si entrega su 'lista negra' de pederastas a los tribunales
El Papa se reúne a partir de mañana con 13 cardenales de EEUU para resolver el asunto

RUBEN AMON. Corresponsal
MILAN. La convocatoria de 13 cardenales norteamericanos en las dependencias de Juan Pablo II tiene el aspecto de un proceso ejemplar. Basta echar un vistazo a los miembros purpurados del tribunal, especialmente monseñor Ratzinger, jerarca del antiguo Santo Oficio y guardián impenitente de la ortodoxia durante el papado de Wojtyla.

La curia ha desdramatizado el contenido de la cumbre prevista entre mañana y el miércoles, pero Juan Pablo II, maltrecho, débil quiere resolver en primera persona el escándalo de la pedofilia, consciente de que Estados Unidos lidera el rumbo de comunicación planetaria y representa el primer patrocinador de la economía vaticana.

Los matices vienen a cuento porque la jerarquía pontificia había eludido la idea de un tribunal inquisitorial frente a otros escándalos de parecido trasfondo pederasta. El ex arzobispo de Viena, Hans Groer, y el ex arzobispo de Pozan, Juliusz Paetz, fueron inducidos a la dimisión, pero el Vaticano se cuidó mucho de proscribirlos como una excepción estadísticamente irrelevante en medio del rebaño ejemplar.

La estrategia del silencio podría haber funcionado igualmente en Estados Unidos. Al menos, si la avalancha de los medios informativos no hubiera malogrado la eficaz maquinaria diplomática que enseñorea el Vaticano. Ahora no sólo está en juego la credibilidad del arzobispo de Boston, Bernard Law, acusado de encubrir a los sacerdotes descarriados y citado mañana en Roma. Está en juego, además, la propia justicia terrenal de la Santa Sede.

El tribunal vaticano se ha configurado sólidamente con tres principales jerarcas de la curia romana, casi todos ellos papables en las quinielas de la sucesión. Monseñor Darío Castrillón Hoyos, colombiano, representa a la prefectura de la Congregación para el clero; monseñor Giovanni Battista Re ocupa el mismo cargo, pero en el escalón de los obispos, mientras que el cardenal Ratzinger desempeña la tutela de la doctrina recién cumplidos 75 años.

Medidas sancionadoras

Unos y otros, sometidos a la voluntad del Papa, tienen la misión de convertir la cumbre religiosa de mañana en una respuesta concluyente a la inquieta opinión pública. ¿Cómo? El talante especulativo de la Santa Sede excluye medidas clamorosas, pero la autoridad pontificia sí podría sacrificar al cardenal Bernard Law, aunque fuera mediante procedimientos sutiles y aparentemente incruentos.

La agenda del proceso, además, comprende otros aspectos ineludibles de orden funcional, estratégico. Por ejemplo, si la Iglesia norteamericana está dispuesta a colaborar con la justicia civil; si el Vaticano aprobaría la entrega de una lista negra a los tribunales ordinarios; si deben proponerse indemnizaciones a las víctimas de los abusos; o si Juan Pablo II se avendría a otorgar poderes extraordinarios a la Iglesia norteamericana para resolver la crisis.

«Las diócesis norteamericanas necesitan recibir nuevas prerrogativas para combatir el problema de la pedofilia», explicaba al USA Today Wilton Gregory, presidente de la Conferencia Episcopal.«Queremos una confirmación clara del Santo Padre para ir más lejos de cuanto ahora se nos consiente. Hablo de uniformar una estrategia norteamericana, de adoptar medidas conjuntas entre nuestras diócesis, de obtener una mayor autoridad sin estar siempre sometidos a las instrucciones de Roma», añadía monseñor Gregory.

La autonomía de la Iglesia estadounidense podría contribuir a aligerar la responsabilidad última de Juan Pablo II, aunque la defensa de las víctimas de la pederastia, cada vez más numerosas, esperan sentar en el banquillo a la jerarquía vaticana en los tribunales de Oregon y de Florida como responsable de un delito de encubrimiento.

El abogado Jeff Anderson, en efecto, acusa al Vaticano de haber trasladado a los sacerdotes acusados para sustraerlos de los procesos judiciales aprovechando el cambio de Estado o de jurisdicción.«Es una forma de interponerse en la causa y de intentar evitar que el peso de la justicia caiga como merece sobre los responsables», señalaba Anderson en medio del escándalo internacional.

Algunos cardenales norteamericanos aterrizaron ayer en Roma camino del proceso inquisitorial, mientras que otros, como monseñor James Stafford, residente la capital italiana y miembro de la curia, creen que el daño del escándalo sexual encierra un daño irreparable.

«La Iglesia pagará muy caros estos errores», decía el cardenal norteamericano a La Republica. «Ha sido una tragedia, pero tenemos la obligación de reaccionar y de ayudar por todos los medios a las víctimas», añadía el cardenal estadounidense.

 

DIARIO EL MUNDO (27 de abril de 2002)

EEUU / SEGUN PUBLICA EL 'BOSTON HERALD'
El cardenal de Boston será 'desterrado' a un despacho en el Vaticano
Law está considerado el principal culpable del escándalo de los curas pederastas

CARLOS FRESNEDA. Corresponsal
NUEVA YORK. El arzobispo Bernard Law, salpicado hasta la médula por el escándalo de los abusos sexuales en su diócesis, dejará Boston este verano y será trasladado muy probablemente al mismísimo Vaticano, según adelantaba ayer el Boston Herald.

La promoción de Law, uno de los cardenales predilectos de Juan Pablo II, llevaba tiempo gestándose y acabó de tomar cuerpo durante el cónclave de esta semana en Roma.

«El Papa tiene todavía que encontrar un puesto para él», comentaron al Boston Herald fuentes de la curia. «Lo que está claro es quiere rescatarlo y le está buscando una salida honrosa».

Con el traslado a Roma, Bernard Law no se vería obligado a dimitir y podría, de paso, esquivar el engorroso testimonio en las denuncias contra su diócesis por los casos de pederastia.

El exilio del cardenal Law serviría además para aliviar la extraordinaria presión que existe sobre la Iglesia católica estadounidense, que en junio próximo celebrará una conferencia en Dallas para determinar la suerte de los sacerdotes acusados de pederastia y debatir un nuevo código interno de conducta. «Sin la presencia de Law, el debate será mucho más abierto, franco y directo», admitieron las citadas fuentes.

Law llegó anteayer a Nueva Jersey, procedente de Roma, y habló lo justo para desmentir los rumores sobre su dimisión. «Ya que lo mencionan, el asunto de mi dimisión nunca afloró en la reunión del Vaticano», dijo. «Le estoy especialmente agradecido al Santo Padre porque su talante fue excelente y pudimos celebrar la reunión con muy buen ánimo».

Según el Boston Herald, Law llegó a poner su cargo en manos de Juan Pablo II hace un mes, pero el Papa se negó a contemplar su dimisión por temor a un efecto en cadena en otras diócesis de EEUU.

En vísperas del cónclave del Vaticano, un cardenal cuyo nombre no ha trascendido encabezó una petición formal a Juan Pablo II para pedir la renuncia de Bernard Law. De acuerdo con Los Angeles Times, el citado cardenal llegó a leer incluso el texto reclamando a Law que, por el bien de la Iglesia estadounidense y por respeto a sus fieles, presentara la dimisión.

Law aprovechó el cónclave de Roma para pedir públicamente disculpas a todos los cardenales. «Asumió su papel con total responsabilidad y contribuyó al buen clima que reinó durante todo el encuentro», dijo el cardenal de Baltimore, William Keeler, que regresó en el mismo vuelo que Bernard Law.

 

DIARIO EL MUNDO (29 de abril de 2002)

Suspendidos ya 177 sacerdotes en EEUU por abusos

CARLOS FRESNEDA. Corresponsal

NUEVA YORK. Al menos 177 sacerdotes en 28 estados norteamericanos han sido suspendidos por supuestos abusos sexuales desde que estalló el escándalo el pasado enero, según un informe nacional de la Iglesia católica.

Sin embargo, los expertos estiman que se trata de la punta de iceberg (menos del 0,5% de los 46.075 sacerdotes católicos en Estados Unidos).

Desde enero, las demandas se han disparado (más de 550 en Massachusetts y California) y podrían provocar un aluvión de suspensiones en los próximos meses.

Salvo en cuatro estados con escasa presencia católica (Arkansas, Tennessee, Utah y Wyoming), todas las diócesis han sufrido el impacto del escándalo. En muchas, los abogados al servicio de la Iglesia están desbordados y temen un gravísimo impacto moral y económico a medio plazo.

Los obispos han puesto en manos de las autoridades judiciales al menos 260 expedientes abiertos por supuestos abusos de sacerdotes, muchos ya retirados. La colaboración ha sido bastante abierta en las diócesis de 18 estados, aunque en otros siguen aferrados a las viejas prácticas de secretismo.

«La presión de la opinión pública y de los propios feligreses católicos ha sido tremenda, y la Iglesia norteamericana no ha tenido más opción que admitir públicamente sus errores», sostiene Jeffrey Anderson, un abogado de Minnesota que lleva decenas de casos contra otros tantos sacerdotes.

David Clohessy, director de Survivors Network of those Abused by Priests (donde se reúnen las víctimas de estos abusos), vaticina una larga batalla legal: «Mucha gente tarda años en darse cuenta del daño que sufrieron por algo que sucedió cuando eran niños y que entonces no estaba bien visto denunciar».

 

DIARIO EL MUNDO (03 de mayo de 2002)

EEUU / SU CASO FUE EL QUE INICIO EL ESCÁNDALO DE LOS ABUSOS SEXUALES
Detenido en California el reverendo Paul Shanley por la violación de tres menores

CARLOS FRESNEDA. Corresponsal
NUEVA YORK.- Paul Shanley, el sacerdote católico que defendió públicamente las relaciones sexuales entre hombres y niños, fue detenido ayer por la mañana en San Diego, California, acusado de tres delitos de violación a menores.

El caso de Paul Shanley, que ofició durante años en la archidiócesis de Boston, fue uno de los precursores del escándalo de abusos sexuales que ha removido los cimientos de la Iglesia Católica norteamericana. La orden de arresto provino de la Fiscalía de Middlesex, Massachusetts, donde un joven de 24 años denunció a Shanley por sodomía cuando era menor de edad. Otras dos denuncias se sumaron después, todas ellas por hechos ocurridos entre 1983 y 1990. La Fiscalía teme que las víctimas puedan ser más, después de reconstruir el pasado de Shanley.

Entre los documentos incautados, que estuvieron durante años en poder de la archidiócesis, había uno en que se implicaba directamente a Paul Shanley en la creación, en 1978, de la así llamada North American Man Boy Love Association, que abogaba por el amor entre hombres y niños. En 1990, Shanley fue trasladado de Boston a California, que no fue alertada de los sospechosos antecedentes del sacerdote. La Fiscalía de Middlesex está indagando también en su periplo californiano.

El arresto de Shanley, anunciado ayer a bombo y platillo por la Fiscalía, llega al cabo de una semana del cónclave de Juan Pablo II con los cardenales norteamericanos. Entre ellos, el arzobispo de Boston Bernard Law, que estuvo al tanto de los abusos sexuales cometidos por Shanley y que prefirió ocultarlo y cambiarle de parroquia.

 

DIARIO EL MUNDO (05 de mayo de 2002)

La archidiócesis de Boston dice que no puede pagar a las víctimas de abusos sexuales
Rompe el acuerdo firmado con 86 personas para indemnizarlas con 34 millones de euros

JULIO A. PARRADO. Corresponsal
NUEVA YORK. En una decisión que sitúa en una posición aún más difícil al cardenal Bernard Law, la archidiócesis de Boston ha anunciado que no pagará las compensaciones, por valor de casi 34 millones de euros, a 86 personas que sufrieron los abusos sexuales del sacerdote John Geoghan.

El comité financiero de la diócesis negó el viernes, por sorpresa, la petición del propio Law, que quería dar carpetazo monetario a buena parte de las denuncias que pesan contra él. Law dio amparo durante años a Geoghan, acusado de haber mantenido contactos sexuales con unos 130 menores y condenado en 1991 a 10 años de cárcel por uno de sus delitos.

La furia con la que reaccionaron las víctimas ante la decisión presagia una amplia batalla judicial, que colocará a Law en una situación insostenible. Este mismo cardenal es también responsable de haber protegido, con constantes traslados de parroquia, al reverendo Paul Shanley, detenido finalmente esta semana en California. La semana pasada, en Boston corrían noticias de que el Vaticano está a punto de retirar a Law de EEUU con un puesto en la sede pontificia en Roma.

La medida del consejo financiero aspira a proteger las menguadas arcas de la archidiócesis. Si la avalancha de denuncias continúa, la Iglesia Católica de Boston se puede quedar sin dinero y tendrá que deshacerse de sus propiedades inmobiliarias.

La decisión demuestra hasta qué punto el escándalo sexual va a mermar económicamente a la Iglesia Católica en EEUU, la segunda, tras la alemana, en aportar fondos al Vaticano. Desde 1985, los abogados eclesiásticos han pagado 1.100 millones de euros para comprar el silencio de las víctimas.

Las compensaciones a las que se enfrenta la archidiócesis de Boston pueden superar los 110 millones de euros. Sin contar con estos pagos, los responsables financieros ya esperaban un déficit de seis millones para este año. Distritos como Nueva York y Chichago se enfrentan a desequilibrios presupuestarios incluso mayores, que rondan los 23 millones.

La venta de activos inmobiliarios va a ser, probablemente, la única salida, ya que las pólizas de seguros no bastarán para el pago de las indemnizaciones. A mediados de los 90, la archidiócesis de Santa Fe tuvo que poner en el mercado edificios y cerrar servicios de caridad para cerrar 187 demandas civiles.

La Iglesia reconoce que posee suficientes recursos inmobiliarios. En Boston figura como uno de los principales propietarios y la archidiócesis de Chicago posee activos que superan los 880 millones de euros.

Otro problema añadido es que las entradas de dinero se han reducido con el escándalo. Un tercio de los fieles se siente traicionados y asegura que reducirá sus contribuciones este año. Las 20.000 parroquias en EUU registran unos ingresos de 8.000 millones, de los cuales unos 7.000 se van en gastos operativos.

Con los 1.000 restantes se sufragan labores tan importantes como la educativa. Las escuelas católicas donde la enseñanza religiosa no es obligatoria figuran entre las mejores del país. La extensa red hospitalaria los 675 centros representan el 17% de todas las clínicas del país también puede verse afectada de forma negativa.

 

DIARIO EL MUNDO (05 de mayo de 2002)

Detenido un sacerdote brasileño tras mantener relaciones con un chico de 15 años

Un sacerdote católico brasileño ha sido detenido por las autoridades tras sorprenderle en plena relación sexual con un chico de 15 años, según informa Efe.

 

DIARIO EL MUNDO (05 de mayo de 2002)

La policía investiga abusos en Hong Kong

La Iglesia católica de Hong Kong reconoció ayer que ha recibido dos nuevas denuncias sobre sacerdotes que han abusado de menores de edad, tan sólo unos días después de reconocer que había otro caso similar protagonizado por tres curas.

Lawrence Lee, rector de la diócesis católica de Hong Kong, fue preguntado ayer por una TV local sobre la investigación en torno a estos escándalos, según informa Reuters.

«Por lo que yo sé, [los denunciantes] fueron víctimas durante su periodo escolar», afirmó Lee. El religioso no quiso dar más detalles pero la TV informó de que otras fuentes apuntan a que hay varios sacerdotes implicados.

La diócesis difundió el pasado jueves una nota en la que ponía de manifiesto que tres sacerdotes habían sido acusados de violar a menores en los últimos 27 años.

Uno de los religiosos ya tenía un pasado oscuro antes de aterrizar en la ex colonia británica. Este cura ya había sido acusado de cometer abusos deshonestos en su lugar de origen, por lo que allí le prohibieron tener contactos con los niños.

El rector Lawrence Lee negó que la Iglesia esté tratando de echar tierra encima del asunto. A su juicio, la decisión de denunciar a los sacerdotes tiene que partir de las víctimas o de sus respectivas familias. Además, agregó que no le han ofrecido dinero para que se mantuviera el silencio, tal y como ha ocurrido en EEUU.

 

DIARIO EL MUNDO (08 de mayo de 2002)

El cardenal de Boston, testigo en el juicio contra los pederastas
Deberá decir la verdad sobre los curas acusados de su archidiócesis

FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO
NUEVA YORK. El cardenal de Boston, Bernard Law, debe decir hoy ante los tribunales de su ciudad la verdad y nada más que la verdad sobre los casos de curas pederastas que conoce.

Su eminencia expondrá su testimonio para aclarar cuál ha sido su papel en los casos de sacerdotes que han molestado a docenas de personas en su archidiócesis durante los últimos meses.

La juez Constance Sweeney conminó el lunes al arzobispo Law a que preste su declaración y se negó a conceder un período de siete días, como solicitaba su abogado, para que se prepara.«Es hora de que su testimonio no se retrase ni un minuto más», aseguró la magistrada.

Sweeney tiene miedo de que Law se marche de Boston y que ya no declare. En la ciudad se habla intensamente de que el criticado cardenal será trasladado con urgencia a Roma para ocupar un puesto cercano al papado y que luego el Vaticano, invocando las leyes de inmunidad eclesiástica, se niegue a que Law viaje de nuevo a Estados Unidos.

Es la primera vez en este país que un sacerdote de tan alto rango es obligado a testificar ante un fiscal y el abogado de la acusación, Mitchell Garabedian. y con la presencia de un funcionario del juzgado que grabará todo lo que dice y copiará sin omitir ninguna respuesta del prelado.

Garabedian trabaja para las víctimas del sacerdote John Geoghan, que durante más de 30 años fue trasladado de parroquia en parroquia en Massachusetts pese a que las autoridades sabían que era pederasta.Garabedian representa a 86 jóvenes violados por Geoghan y tiene muchas preguntas para el cardenal Law. Una de ellas se refiere a las razones por las que la archidiócesis de Boston rompió el acuerdo con las víctimas, que iban a ser recompensadas económicamente por los males cometidos por este hombre vestido de sotana en el que tanto confiaban.

La decepción que sienten muchos católicos norteamericanos con la jerarquía de la Iglesia católica que se nota cada vez más en los cepillos de las misas dominicales estará también presente en las pantallas de televisión la próxima temporada. Ya circulan por Hollywood, una ciudad dominada por los ejecutivos y guionistas judíos, varios guiones en los que se tratarán los casos de pederastia y las dudas que asolan a los católicos.

El padre de Rita

Otro caso no menos polémico en torno a la Iglesia es el de Rita Milla, que ha pedido ayuda al cardenal de Los Ángeles, Roger Mahony, para localizar al padre de su hija de 19 años. La mujer asegura que fue seducida hace 20 años por siete sacerdotes y que uno de ellos es el padre de su hija, que recibe desde hace tiempo dinero de la archidiócesis angelina para comer, vestirse e ir al colegio.

Rita Milla ha revelado que primero fue seducida por el padre Santiago Tamayo cuando era estudiante en un colegio católico y luego este sacerdote se la presentó a otros seis curas, con los que también tuvo relaciones sexuales.

Milla asegura que sufrió abusos de los sacerdotes y cuando Tamayo se enteró de su embarazo la envió a Filipinas a dar a luz en la clínica de su hermano. El cura dijo a sus padres que la niña se iba a Filipinas a estudiar y cuando regresó con la niña recibió dinero de la Iglesia para alimentarla.

 

DIARIO EL MUNDO (15 de mayo de 2002)

SUCESOS / EL RELIGIOSO FUE SUSPENDIDO POR UNA TEMPORADA ANTES DE SER READMITIDO AL SACERDOCIO
Un joven dispara en EEUU contra el cura al que denunció por abusos sexuales
El sacerdote de Baltimore, de 56 años de edad, fue acusado en 1993 de pederasta

JULIO A. PARRADO. Corresponsal
NUEVA YORK. El escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia católica norteamericana ha entrado ya en la crónica negra. Maurice Blackweell, un sacerdote de Baltimore, resultó gravemente herido de un disparo el lunes por la noche.

Su asaltante fue Dontee Stokes, un joven de 26 años, que le había acusado de abusos sexuales, y que ayer se entregó a las autoridades.

Blackwell, que sufrió dos impactos de bala en la cintura y el torso, se encuentra fuera de peligro ingresado en el hospital Maryland Trauma Center.

Stokes ingresó en una prisión local y fue acusado por el fiscal de intento de asesinato y asalto.

El sacerdote, de 56 años, había sido denunciado en 1993 por Stokes de abusos sexuales. Sin embargo, como otros tantos casos que ahora están saliendo a la opinión pública, la Iglesia y la Fiscalía actuaron con el mismo desdén hacia la víctima. Blackwell fue suspendido de empleo por una temporada antes de ser readmitirlo en el sacerdocio.

La archidiócesis obligó al sacerdote a recibir un examen psicológico y a ingresar en un centro de tratamiento de la propia iglesia en Connecticut. La Policía se retiró de la investigación y los cargos en su contra fueron archivados por falta de pruebas. Stokes, fue el único que no olvidó.

Una comisión creada por el cardenal de Baltimore, William Keller, reconoció que se habían cometido errores y criticó la decisión de la archidiócesis de permitirle su regreso a la parroquía. El historial de Blackwell, como el de otros sacerdotes sospechosos de pederastia que eran trasladados de iglesia en iglesia, no era limpio.

Había sido párroco de la Iglesia Católica de San Eduardo, de Baltimore, entre 1979 y 1998. Por ello, trabajaba actualmente en los servicios locales de atención al drogodependiente. Aquel año, fue suspendido de empleo temporalmente por la archidiócesis de Baltimore, después de reconocer que había mantenido una relación sexual con un adolescente antes de ser ordenado, en 1974.

Precisamente el caso de Blackwell había llevado al cardenal Keller a ser una de las voces más críticas durante la reciente reunión en Roma con el Papa de los príncipes norteamericanos. El cardenal instauró después de su regreso una política de tolerancia cero hacia los sospechosos de pederastia. Bastaba una acusación verosímil para suspender indefinidamente a un sacerdote. El responsable del distrito de Baltimore quiere que se aplique esta misma política en todas las diócesis de EEUU y ha elaborado una propuesta que será examinada en la próxima cumbre de obispos, en junio, en Dallas.

La diócesis de Boston se enfrenta actualmente a un juicio por el escándalo del sacerdote J. Geoghan, implicado en 130 denuncias de abusos y pederastia.

 

DIARIO EL MUNDO (18 de mayo de 2002)

Otro sacerdote acusado de abuso sexual se suicida en EEUU

CARLOS FRESNEDA. Corresponsal
NUEVA YORK. El reverendo Alfred Bietighofer, en tratamiento psiquiátrico desde que fue acusado de pedofilia, decidió acabar con su vida ahorcándose en la habitación del hospital donde ingresó hace tres semanas. Bietighofer es el segundo sacerdote que se suicida desde que estalló el escándalo que ha sacudido los cimientos de la Iglesia Católica en Estados Unidos.

«A todos nos entristece al muerte del padre Alfred», dijo ayer William Lori, obispo de Bridgeport, Connecticut, donde ejerció el sacerdote fallecido hasta hace tres semanas, cuando decidió dimitir tras la acusaciones de dos jóvenes que dijeron haber sido víctimas de «tocamientos sexuales» cuando eran niños.

«Las acusaciones nos parecieron fundadas, de modo que decidimos actuar rápidamente de acuerdo con nuestras normas internas», se explicó el arzobispo Lori, que dijo no sentir remordimientos por haber forzado la dimisión y el traslado de Alfred Bietighofer al hospital St. Luke de Maryland, uno de los centros especializados en tratamientos a religiosos en casos de abuso sexual, alcoholismo o depresión.

Bietighofer tenía 64 años y había pasado casi toda su vida como sacerdote en la parroquia de San Andrés de Bridgeport. Tras su renuncia afloraron otros ocho posibles casos de abusos sexuales cometidos entre finales de los 70 y primeros de los 80.

«Nadie puede alegrarse de esta muerte», dijo ayer el fiscal de Bridgeport, Jason Tremont, que pretendía sentar al padre Bietighofer en el banquillo de los acusados. «Pero las víctimas piensan que hicieron bien denunciando sus casos y evitando que otros menores pudieran pasar por el mismo mal trago».

El padre Bietighofer decidió colgarse con una cuerda. Hace apenas un mes, otro sacerdote acusado de abuso de menores, Don Rooney, se quitó la vida de un disparo. El lunes pasado, el reverendo Maurice Blackwell fue herido gravemente de bala en Baltimore por un hombre que le denunció por abusos hace siete años.

 

DIARIO EL MUNDO (29 de mayo de 2002)

Un cura, acusado de pederastia
Vejaciones. Mónica afirma haber sido objeto de abusos sexuales desde los tres hasta los 12 años por parte de un canónigo madrileño. Ruega por obtener la ayuda del Arzobispado

EVA SUAREZ
Mónica y su madre, Mari, llevan seis años luchando para que su antiguo inquilino, el canónigo y miembro del Tribunal Eclesiástico José Martín de la Peña, sea juzgado por las vejaciones a las que supuestamente sometió a la menor hace ahora 13 años. La continua petición de pruebas por parte de los abogados que han representado al canónigo en este tiempo ha dilatado la fecha del juicio.

La familia de Mónica ha intentado contactar con el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, para que conozca el caso.«Le mandamos la primera carta en 1996, pidiendo ayuda. Jamás tuvimos respuesta», explica Mari. Ayer enviaron una segunda misiva a monseñor Rouco rogándole que tome partido en este asunto y trate de evitar la excesiva espera por el juicio. «Pedimos que se tomen medidas contra los violadores y pederastas (...) y recomendamos al Poder Eclesiástico que no olvide y trate con el máximo cuidado a las víctimas de estos delitos», reza este escrito.

El calvario de Mónica comenzó cuando tenía sólo tres años. Sus padres se habían divorciado y la inquietante situación económica de su madre y su abuela les llevó a alquilar una habitación de su casa. Don José (como llaman al canónigo) había mediado en la nulidad matrimonial de Mari y se ofreció a ayudarlas buscando un inquilino. Residió con ellas ocho años.

Inquietud de la madre

La excesiva tristeza de Mónica hizo que, en noviembre de 1996, Mari le preguntase, con lágrimas en los ojos, por qué nunca hablaban de sus inquietudes. «Se echó a llorar y me dijo que tenía que explicarme algo, pero que ya no la querría porque era muy sucio. Cuando me contó lo que había aguantado durante años, se me cayó el alma a los pies».

Mari relata que el párroco abusó de Mónica en la propia vivienda, en la antigua sede del Tribunal Eclesiástico y en dos de las casas habilitadas para los canónigos ubicadas en Alcalá de Henares.«Siempre buscaba estar a solas con ella. Nos decía que le daba clases particulares, se la llevaba a Alcalá o al tribunal con cualquier excusa. ¡Qué ingenuas fuimos!», se lamenta.

Cuando Mónica emprendió acciones legales contra el canónigo, comenzó a recibir anónimos. Algunos estaban escritos en latín y recogían frases como «cuando este tipo de fuego empieza, sólo hay una manera de apagarlo». En junio de 2000, el Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid condenó a José Martín de la Peña por un delito de amenazas.

La última prueba pericial admitida por el tribunal que instruye el caso de Mónica es una exploración ginecológica. En ella, los forenses reconocen las agresiones a las que fue sometida y aseguran que tal vez no pueda recuperarse. «Trece años después todavía tiene un vaginismo severo y los médicos aconsejan que se someta a una terapia multidisciplinar con psiquiatra, psicólogo, ginecólogo y sexólogo», narra Mari. La semana pasada concluyó el periodo de instrucción del caso, que ya ha sido remitido a la Audiencia Provincial de Madrid.

Madre e hija quieren ver a don José sentado en el banquillo de los acusados. «¡Los pecados de la Iglesia, a juicio!», claman.Le acusarán de los delitos continuados de violación y abusos deshonestos y reclaman una indemnización de tres millones de euros, de cuyo pago consideran responsable a la Iglesia.

Nunca se había solicitado en Madrid una indemnización millonaria a la Iglesia por un asunto de esta índole. También es la primera vez que un tribunal admite como prueba la regresión hipnótica a la que fue sometida Mónica. El Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid se ha personado en este caso como acusación popular.

 

DIARIO EL MUNDO (05 de junio de 2002)

La Iglesia católica de EEUU no expulsará a curas que cometieron abusos sólo una vez

A partir de ahora, los sacerdotes condenados sí serán obligados a dejar la sotana

FELIPE CUNA. Especial para EL MUNDO

NUEVA YORK. La Iglesia católica estadounidense expulsará a partir de ahora de sus filas a todos los sacerdotes que cometan abusos sexuales una vez que se compruebe que las acusaciones son ciertas y les denunciará a las autoridades civiles para su procesamiento en un tribunal.

Esta no es la política de tolerancia cero que tanto demandan las agrupaciones de víctimas porque los curas pederastas que en el pasado hayan cometido un único abuso y desde entonces se hayan convertido podrán permanecer en sus parroquias, impartir misa y clases de catecismo cerca de menores.

El comité de abusos sexuales creado por la Conferencia Episcopal de Estados Unidos recomendó ayer a los obispos que pidan perdón a sus fieles por el abominable daño cometido por algunos de los suyos a las víctimas de estos casos de pederastia, que tantos problemas han causado a la Iglesia católica ante los tribunales, la opinión pública, el Vaticano y, especialmente, los cepillos de recogida de las donaciones dominicales.

Igualmente el comité solicitó a la jerarquía católica que encare de frente las críticas de que ha actuado erróneamente al ocultar muchos casos y protegerse con acuerdos extrajudiciales firmados entre las víctimas y las archidiócesis para ocultar un escándalo que ha estallado este año y que ha supuesto el despido de unos 70 sacerdotes católicos.

Estas recomendaciones serán aprobadas sin demasiado debate por la Conferencia Episcopal en su reunión de este mes en Dallas y tienen como objetivo acallar los clamores dentro y fuera de las iglesias contra la dimisión de algunos cardenales y líderes eclesiásticos que han protegido a curas pederastas y les han permitido seguir en sus iglesias y cometer abusos sin denunciarlos.

Sin embargo, hay pocas posibilidades de que Bernard Law, el cardenal de Boston, y Edward Egan, el de Nueva York, dimitan a pesar de las críticas sobre la forma en la que han tratado a curas pederastas, a los que cambiaron de parroquias aún conociendo sus delitos.

Las agrupaciones de víctimas recibieron estas recomendaciones con división de opiniones. Al tiempo que aplaudieron la nueva política de expulsión inmediata y denuncia a la Fiscalía de los nuevos casos, criticaron la decisión de mantener con la sotana a aquellos sacerdotes que hace décadas cometieron un único abuso y desde entonces se han reformado.

«Nuestra querida Iglesia está sufriendo una crisis sin precedentes y queremos expresar nuestro pesar por lo que los católicos han tenido que sufrir por estos acontecimientos. Estas denuncias han roto los lazos que más deben unirnos con las personas a las que debemos servir», dice el documento que ha sido elaborado por ocho obispos, en comunicación con expertos en jurisprudencia y abusos sexuales.

A partir de ahora, los sacerdotes que cometan un delito serán apartados de la Iglesia y sometidos a una revisión mental, con o sin su consentimiento. El caso será estudiado y entregado a las autoridades civiles para su investigación y se recomendará al Papa que el sacerdote sea expulsado en caso de que se demuestre su culpabilidad.


De la vicaría al juzgado

La protección a los curas que han abusado una sola vez en el pasado y que siguen en la Iglesia fue ayer el punto más comentado en los medios estadounidenses.

La Conferencia Episcopal insiste en que muchas de las denuncias aparecidas este año, y otras anteriores, fueron por delitos cometidos antes de 1985. Y, además, utiliza las palabras de Juan Pablo II sobre la obligación de confiar en la «conversión» de quienes han pecado para que, en silencio, paguen sus culpas y demuestren que son hombres nuevos.

«Un abusador lo es cuando comete un delito o abusa de varias personas», denunciaba David Closey, director de una red de víctimas de curas pederastas. «Pero es bueno que la Iglesia se decida a airear estos asuntos fuera de las vicarías y salgan a los tribunales».Estas medidas se pondrán en marcha cuando el Vaticano dé su visto bueno.