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26 de agosto de 2010 (Angelberto) |
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Despedida y cierre
Desde la última noticia que publiqué en esta web el pasado mes de marzo en la que se informaba de la muerte del policía francés, Jean-Serge Nérin, no ha habido más asesinatos, y sin embargo han sido varias las detenciones de etarras de cierta importancia, lo que significa que ETA ha dejado de ser un enemigo significativo como para prestarle demasiada atención. Supongo que ésta es mi despedida en la web “EL BOLETO – La verdad sobre ETA” porque sinceramente pienso que el objetivo se ha cumplido. Actualmente la mayor parte de las sociedades del mundo, pero sobre todo la sociedad occidental, saben perfectamente que desde hace 35 años España es una democracia en la que cualquiera puede presentarse a unas elecciones para defender cualquier tipo de ideología, y si se tienen suficientes votos, incluso también para gobernar el país, lo cual deslegitima totalmente cualquier tipo de lucha fuera de la democracia, y más aún la lucha armada, sobre todo cuando esa “lucha armada” se traduce en tiros en la nuca a personas indefensas o en bombas que matan a cualquiera que tenga la desgracia de pasar por el fatídico lugar en el momento de la explosión.
ETA ha tenido a su disposición durante años y años un partido político que la representaba, y ese partido ha venido a sumar entre ciento cincuenta mil y doscientos mil votos en una región, Euskadi, con dos millones doscientos mil habitantes, que a su vez forma parte de una nación, España, de casi cincuenta millones, lo cual significa que ETA recibe el apoyo de alrededor de un 8 % de los vascos, y si aplicamos el porcentaje con respecto a toda España, ese apoyo a ETA quedaría limitado a un escasísimo 0,4 % de la población. De todos modos esto no significa que el nacionalismo vasco no tenga una sustanciosa representación en Euskadi, porque lo cierto es que ese otro nacionalismo que no quiere verse implicado en los asesinatos de ETA ronda aproximadamente la mitad de los votantes de Euskadi, dejando la otra mitad a los vascos no nacionalistas del Partido Popular y del Partido Socialista que, por cierto, se han aliado y están gobernando Euskadi por la sencilla razón de que son los que actualmente tienen más diputados elegidos por el pueblo vasco.
Creo que la mayor parte de la gente ha acabado llegando a la conclusión de que con el terrorismo y con la violencia no se consigue absolutamente nada, y da exactamente igual que ese terrorismo y esa violencia sean puramente físicos o perversamente verbales porque finalmente la razón del pueblo siempre acaba por imponerse. Los motivos del terrorismo de ETA están basados en el nacionalismo vasco, y lo que el nacionalismo vasco ha pretendido desde siempre es que los demás tengamos muy en cuenta lo diferentes que son los vascos con respecto al resto de los seres humanos, exigiendo al mismo tiempo que el territorio en el que viven tenga sus propias fronteras, independientemente de que más de la mitad de los vascos nunca haya votado a partidos nacionalistas vascos, e independientemente de que esa mayoría de vascos que nunca ha votado al nacionalismo se encuentre perfectamente integrada en España. En otras palabras, hay una minoría en Euskadi (los nacionalistas) que siempre ha querido imponerse sobre la mayoría (los no nacionalistas).
Aparte de los motivos, eminentemente racistas, del terrorismo de ETA, en mi opinión se trata de una lacra creada, alimentada e incluso combatida desde la más degenerada y avariciosa política. La política, en sí, es algo muy digno y muy loable, porque digno y loable es la pretensión de organizar a la sociedad para mejorar la convivencia y evitar el caos, aunque lo cierto es que estas indiscutibles virtudes siempre suelen acabar en estruendoso fiasco por culpa, precisamente, de los políticos. Los políticos presumen de trabajar para ayudar y beneficiar al pueblo, aunque la verdad es que quien siempre acaba beneficiándose, sobre todo económicamente, es una buena parte de esos mismos políticos. Si los políticos, como las ONGs, ejerciesen sus cargos de forma altruista, es decir, que después de desempeñar sus respectivos trabajos, se dedicasen a trabajar para la sociedad gratuitamente, podemos estar seguros de que a la inmensa mayoría de los que actualmente están en sus poltronas se les acabaría la “vocación” al instante.
Es un hecho que, en estos tiempos de crisis, una buena mayoría de los políticos nacionalistas, de los de izquierdas y de los de derechas, después de cobrar magníficos sueldos y escandalosas dietas -dejando aparte la corrupción, que haberla hayla-, gastan la inmensa mayoría de sus energías y su tiempo en hacer daño a sus adversarios políticos en vez de preocuparse en mejorar la calidad de vida del pueblo al que dicen representar. Estos vergonzantes políticos que, como en los programas basura, parecen dedicarse en exclusiva a investigar a sus contrincantes para sacar los trapos sucios (que, dicho sea de paso, todos tienen), no merecen en absoluto el reconocimiento del pueblo porque nada hacen por él. Estos sinvergüenzas engañabobos sólo dicen y prometen lo que los incautos que les votan quieren oír, independientemente de que los políticos en cuestión tengan o no tengan la más mínima intención de ponerlo en práctica. Sólo hay que observar los cambios radicales de los políticos cuando se aproximan elecciones, sus promesas, sus buenas palabras… Y después, desgraciadamente, todo suele quedarse en agua de borrajas. Cuando por fin acabemos dándonos cuenta de que el engaño es la principal arma de la mayor parte de los políticos para ganar dinero y poder, quizá dejemos definitivamente de ir a votar.
Como se ha podido ir viendo a través de los tiempos, el terrorismo de ETA ha sabido aprovecharse muy bien de todos esos políticos, de igual modo que los políticos, en perfecta simbiosis, también se han aprovechado de ETA. Los partidos nacionalistas se han aprovechado explotando hipócritamente su no implicación directa en el terrorismo pero al mismo tiempo beneficiándose del miedo que ETA provoca en los más cobardes votantes para que el nacionalismo reciba más votos. Y los dos principales partidos de España nunca han tenido el más mínimo escrúpulo en aprovechar en su propio beneficio el terrorismo, a poder ser haciendo el mayor daño posible a su rival que, por cierto, no es ETA sino el partido contrario. En mi opinión las negociaciones traidoras y el terrorismo de estado nunca han buscado el fin de ETA con el noble propósito de beneficiar al pueblo con la paz, sino con la despreciable finalidad de ganarse los honores de haber sido tal partido y tal presidente los que acabaron con el terrorismo. Si no hubiese partidos políticos interesados -que todos ellos lo son- no habría enfrentamientos civiles ni habría terrorismo. Es una pena que los periodistas dediquen la mayor parte de su trabajo a hacer propaganda a los políticos en sus noticieros. Con la cantidad de noticias interesantes que hay en el mundo… En fin, salud y suerte a todos, que yo me largo.
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