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Las cartas de mi bisnieta |
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PUEBLO
Te escribo desde nuestro pueblo. He aprovechado que este fin de semana no me tocaba trabajar para acercarme al pueblo que nos vio nacer. Me he paseado por sus calles desiertas, ya sabes, en invierno poca gente se ve por aquí... y me he deleitado mirando sus blancas casas que tantos años han visto pasar. Sus casas reconstruidas por todos aquéllos que no hemos querido olvidar nuestras raíces y que de vez en cuando volvemos. Me he acercado al bosque que hay al lado del pueblo... Está invernizo. Sus árboles duermen y de la fuente de cuatro caños sale el agua a borbotones. ¿Te acuerdas abuelo? Tú siempre nos contabas que en ese bosque, en la noche de San Juan, se reunían las brujas de todos los pueblos del entorno para hacer sus aquelarres, algunas venían de muy lejos con sus escobas... no existen distancias para las brujas, nos decías... También nos explicabas que los duendes del bosque eran los culpables de que nos rozasen las ortigas produciéndonos un picor inaguantable cuando nos metíamos entre la arboleda, a explorar... Me he dado una vuelta por las eras donde Lucero y Tordo faenaban... están tan vacías... En esta época es normal pero también en verano se las ve solitarias con sus montañas de trigo y nada más. Ya no es como antes ¿te acuerdas? Cada uno en su era, trillando, y todos los chiquillos corriendo alrededor de los parveros, con ganas de montarnos en el trillo, y el abuelo que no, que es peligroso... y después de mucho insistir al fin cedía y nos dejaba dar una vuelta... ¡qué aventura...! Y más tarde, al caer la noche, todos a casa a comer pan y chorizo de la matanza, para después salir a jugar hasta las tantas por aquellas callejuelas tan blancas y tan limpias... Algunas veces la abuela nos daba miel, porque en nuestro pueblo había colmenas. Así era nuestra vida en el pueblo; sencilla y sana. Recuerdo que había dos escuelas, una de niños y otra de niñas, y que, cuando salíamos al recreo, el patio era el pueblo; todos nos íbamos corriendo a nuestras casas para que nos diesen algo y engañar un poco al hambre, y después disfrutábamos del descanso por las calles. ¡Qué algarabía...! ¡Qué alegría, tanto niño corriendo y riendo...! Y finalmente, cuando terminaba la holganza, cada uno a su escuela, sin problema. En aquellos tiempos no existía el "hacer novillos". Ni nos lo planteábamos. Después de tanta añoranza, ¿sabes cuál es de lo que más me acuerdo? De verte a ti bajar por la calle con tu bastón, tu boina y esos aires de señor... ¡Ya viene el abuelo...! ¡Ya viene el abuelo...!, porque tú eras el abuelo, aunque fueses nuestro bisabuelo. A ti siempre te llamábamos "el abuelo", como te llamaba mi padre, como te llamaba mi madre y como te llamaba mi abuela, que era tu hija: "Mirad viene el abuelo Antolín", y todos corriendo a recibirte y pedirte bolitas de anís, de aquéllas que vendías en la tienda... Siento de una forma especial que los espíritus de nuestros antepasados pasean por mi pueblo y cuando he pasado por la casa donde vivías me ha parecido verte sentado en una silla con la sonrisa de oreja a oreja y siempre dispuesto a hablar y a contar una historia de las muchas que sabías. He disfrutado recordándolo. Besos. Tu bisnieta. HIPOCRESÍA
¡Brutal, sencillamente brutal...! Ha sido un choque tremendo el que he sufrido... Después de regresar de un lugar donde el mayor derroche que puede haber es que te den dos trozos de pan en vez de uno, porque, desgraciadamente, al que le correspondía el otro se ha muerto, me encuentro, cuando llego, con el período de mayor consumismo de todo el año en el mundo occidental. Alguien puede decirme que me podía haber quedado allí y de esa forma no ver lo que estoy viendo, pero el deber obliga, y el mío, por ahora, es estar aquí... Tienes razón abuelo, es vergonzoso... Me ha gustado lo que has dicho sobre la solidaridad; parece que nos hemos leído el pensamiento. Pensaba mandarte una carta hablando de ello y te has adelantado. Sí señor, diciembre, en este puñetero mundo súper desarrollado en el que vivimos, es el mes de la solidaridad, es el mes en el que de repente existen los pobres, los necesitados, los que viven en el tercer mundo... Es el mes de apadrinar niños, de hacer colectas, de asociarse a ONG´s, de dar limosnas y de desear lo mejor a toda la Creación... Y el resto del año, ¿qué? ¡Que se fastidien...!, que cada uno se busque la vida como mejor pueda... Lo mío es lo mío y lo de los demás, si se descuidan, también. ¡Qué asco...! No sé... puede que me vuelva al monasterio aquél donde comía la mantequilla de yak... En fin... Y lo mejor de todo es que se justifica este despilfarro para celebrar el nacimiento de alguien que precisamente no debía nadar en la abundancia y que, según dicen, nació en un establo al lado de un buey y una mula, y que cuando fue mayor nunca predicó el lujo y la ostentación. Por eso debe de ser por lo que se vuelven tan solidarios, para recordar a aquella persona humilde de la que se tiene tan poca idea que ni siquiera se sabe cuando nació ni cuando murió, y a la que se utiliza, desgraciadamente, para argumentar y justificar todo este desmadre. No tengo muy claro si quien de verdad lo necesita saldrá beneficiado de todo esto, sólo sé que si tanta ayuda le llega a alguien ya puede alargarlo lo máximo posible porque la señora solidaridad no vuelve hasta dentro de once meses. Te extrañará abuelo esta actitud tan hostil que muestro, cuando lo normal es que estuviese colmada de paz espiritual después de mi viaje al Tibet, pero es que todo esto le indigna a cualquiera. Por cierto, abuelo, algún día te contaré mi experiencia en el sur de la India. Fueron diez días que no olvidaré, y estoy segura que entonces entenderás mejor mi forma de ver las cosas. Besos. Tu bisnieta. Viernes, 26 de diciembre de 2008 TIBET
¡Hola, abuelo! Como ya sabes, después de contarte mi fugaz peregrinación a Santiago de Compostela y a Finisterre, surgió algo que no me esperaba: Dos amigos me propusieron un viaje fantástico, una oportunidad única, ya que un viaje así es complicado de organizar porque se necesita mucho tiempo, pero por casualidades de la vida a estos dos amigos les falló un tercero y me ofrecieron a mí ocupar su lugar. Por suerte, con la misma facilidad que me surgió este viaje se me arregló todo para poder llevarlo a cabo, y en unos días estaba dispuesta para ir, ni más ni menos que a Nepal y al Tibet. Contaba con que estos amigos eran unos expertos en este tipo de aventuras, porque todos los años se pasan tres o cuatro meses en la India, Nepal, China... El objetivo de sus viajes es más bien espiritual, aunque también practican senderismo y montañismo. Suelen visitar monasterios situados en las más altas cumbres del Himalaya, y ashram en los más bellos parajes de la India y Nepal, y permanecen largas temporadas en estos lugares con el fin de practicar retiros, meditación, yoga y ayudas a diferentes comunidades de personas necesitadas. Esta vez su propósito era añadir a su viaje una peregrinación a uno de los lugares más sagrados del budismo: el monte Kailash, una montaña de mas de 6700 metros sobre el nivel del mar y cuya ascensión está prohibida a cualquier montañero. Se encuentra al oeste de la meseta Tibetana cerca de la frontera con Nepal. Este lugar, según pude informarme antes de ir, es sagrado para los budistas pero también para los hindúes, jainíes y bongos. Para los budistas tibetanos su ruta es tan sagrada como el Camino de Santiago o la peregrinación a Roma o a Tierra Santa para los católicos. No puedo entretenerme en contarte el largo viaje desde España a Nepal. Algo te dije en nuestras esporádicas comunicaciones, ya sabes, tren, avión, autobús...Resultó un poco aburrido y largo pero al fin llegamos a Katmandú donde descansamos dos días, más que nada para que yo me fuese adaptando. Cuando salimos de Katmandú comenzó la odisea; nueve eternos días necesitamos para llegar a Darchen, pueblo a los pies del Kailash. Y por cierto...¿qué fue de ti?, te perdí la pista en la frontera nepalí. Ya me contarás... Cuando hablo de odisea me refiero a que, a mí especialmente, me costó mucho aclimatarme a la altura. En un pueblo llamado Nyalam, que se encuentra a 3800 metros de altitud, tuvimos que quedarnos dos días. Aprovechamos para acercarnos a una de las cuevas donde vivió un largo retiro el asceta Milarepa, un gran maestro budista que vivió en el siglo XI y al que siempre se le ha vinculado con la montaña sagrada donde nos dirigíamos. Cuando al fin llegamos a Darchen era de noche y hacía mucho frío, mucho más de lo habitual y eso que la temperatura por estos lugares es siempre bastante baja. Los dos días siguientes los pasamos en ese remoto pueblo, casi vacío, preparando nuestra peregrinación que consistía en rodear la montaña durante 52 kilómetros y a casi 5600 metros de altitud. Calculamos que tardaríamos cuatro días en realizarlo. A esta peregrinación se le llama kora. Según la tradición una kora (52 Kms) purifica los pecados de esta vida, y hacer 108 koras te lleva al nirvana. Nosotros nos conformamos con una y no teníamos muy claro si la íbamos a terminar. En Darchen nos alojamos en la casa de una familia que nos acogió con la más sincera hospitalidad que he visto en mi vida; no creí que pudiera haber gente así. Poco tiene que ver con occidente... De todas formas, desde que entré en Nepal, un mundo nuevo se abrió ante mí. Esta familia nos habló de un monasterio que se encuentra a quince kilómetros después de iniciada la ruta y que solía acoger a peregrinos, además coincidió que uno de los monjes era familia de nuestros anfitriones, y pensamos que la primera noche podíamos pasarla allí. Nos comentaron que los peregrinos que hacían la ruta en más de un día usaban tiendas de campaña, pero nosotros veníamos preparados para ello; sabíamos que las noches eran extremadamente frías y por esa razón las tiendas y los sacos de dormir tenían que ser especiales. Después de dos días comenzamos la kora. Yo iba muy animada, me había aclimatado bien y el día no podía haber amanecido mejor. El nevado Kailash nos observaba majestuoso; debo reconocer que es una belleza de montaña. No encontramos a nadie en todo el recorrido. Ya nos habían dicho que era una época de poca peregrinación; y aunque noviembre y diciembre no son meses demasiado malos en este lugar, en todas las guías se recomienda viajar a estos parajes entre mayo y octubre. Fuimos a través de un cerrado valle río arriba y después de unas cuantas horas de fatigosa caminata llegamos al monasterio que nos dijo la familia de Darchen y que se conoce como Dira-Puk. Yo llegué agotada y convencida de que no podría seguir, estábamos casi a cinco mil metros de altitud y el frío era horrible, mi cabeza comenzaba a latir peligrosamente, y cuando llegue al monasterio, y los quince monjes que lo habitan nos recibieron de la manera más cordial que uno se pueda imaginar, pensé: "Yo me quedo aquí". Y así fue. Sin ningún problema los monjes me ofrecieron su hospitalidad durante el tiempo que hiciese falta. Yo me encontraba tan bien allí -después de tomar un té de mantequilla de yak, que dicen que es bueno para el "mal de altura"- que opte por quedarme mientras mis compañeros completaban la kora. Nos alojaron en la única habitación que tenían para huéspedes. Los tres días que permanecí allí fueron inolvidables, y en varias ocasiones practiqué meditación con los monjes rezando mantras. El segundo día apareció una mujer que compartió habitación conmigo, era alemana aunque hablaba también ingles, pero era igual, ya sabes que los idiomas no son lo mío y además mis traductores se habían ido. Menos mal que el lenguaje de los gestos es universal... La mujer, de unos sesenta años, había recorrido medio mundo y... ¡cómo no!, también había estado en España haciendo el Camino de Santiago. Abuelo, te puedo asegurar que el espíritu no entiende de idiomas, los tres días que estuve allí no necesité comunicarme con palabras; la mirada, la sonrisa y algún que otro gesto básico me sirvieron para entenderme con todos sin problemas. Recibí cinco iniciaciones (no era la primera vez): La del amor universal (Maltreya), la de la compasión (Avalokiteshwara), la de la purificación (Vajrasattva), la de la sabiduría (Manjushri) y la purificación Vajravidrán. Cuando llegaron mis compañeros era una persona nueva y preparada para hacer la kora. Me acompañaron dos monjes del monasterio y como por arte de magia realizamos la kora en dos días, que es lo que suelen tardar los tibetanos. Paramos varias veces y dormimos en tienda de campaña con gruesos sacos de dormir y montones de ropa que nos tapaba hasta las orejas. En mi vida he pasado tanto frío. El primer día nos encontramos a la peregrina alemana, que acabó el recorrido con nosotros. El regreso a Katmandú, después de descansar un día más en Darchen, fue de otros nueve largos días, pero resultaron mucho más relajados que la ida, ya que volvíamos satisfechos por las renovadas energías que proporciona el fin cumplido. Nuestro siguiente destino fue el sur de la India, y allí estuve diez días en un ashram practicando yoga y meditación. Después me volví a España, yo sola, y dejé a mis amigos terminar su estancia de tres meses en la India. Acabo de llegar y ha sido una experiencia tan enriquecedora que tenía ganas de contártela. Llevaba años queriendo realizar este viaje, y aunque antes he tenido algunas oportunidades porque conozco gente que va allí habitualmente y se defienden bien con el idioma y las costumbres, sólo me faltaba darme un empujoncito a mí misma, y así lo hice... Y de verdad, abuelo, no me arrepiento. Besos. Tu bisnieta. Martes, 4 de noviembre de 2008 FINISTERRE
Aquí estoy...con mi espalda apoyada en el faro del fin del mundo, donde el mar se traga al sol de una forma espectacular. Hoy no creo que se me logre verlo ya que el cielo está nublado y el mar de un tenebroso que asusta. Las olas chocan rabiosas contra las rocas, me recuerdan a esas gentes a las que les encanta arrojar palabras y más palabras para hacer daño y más daño... Si los que reciben esas amonestaciones fuesen como estas rocas, otro gallo cantaría... ¿Ves? Debemos aprender de la naturaleza y ser tan duros como las rocas que repelen el agua haciendo que ésta vuelva a su origen. Habrá quien piense que el agua erosiona, pero yo más bien diría que pule o, mejor, que perfecciona. Bien es sabido que del que discrepa se aprende, y se aprende sobre todo a desarrollar la ecuanimidad. De maestros está el mundo lleno. Pero dejaré las reflexiones filosóficas para otro día y me centraré en contarte mis triviales y humildes experiencias. Llegué esta mañana a Finisterre, precioso pueblo marítimo que, si te acercas a su faro, parece enclavado en el fin de la tierra. Lo primero que hice al llegar fue ir a la playa do Mar de Fora, ya que en este lugar es donde, para muchos, realmente termina el Camino de Santiago. Aquí el peregrino se despoja de sus ropas y se da un baño; se trata de un rito con el que pretende deshacerse de lo material que le ha estado acompañando a lo largo del Camino para, de esa forma, renacer a una vida más espiritual. Normalmente la ropa que ha estado usando durante el trayecto se quema en una hoguera en la misma playa; ya sabes que el fuego purifica... Y precisamente en esa playa estuve con dos chicos que acababan de realizar la ceremonia; la hoguera todavía ardía y me ayudó a entrar en calor. A los muchachos les vi felices, como si se hubiesen quitado un peso de encima. "Esperemos -me dijeron- que este nuevo ropaje que llevamos tarde en impregnarse de toda la negatividad que nos rodea" "De vosotros depende -comenté- Sólo tenéis que lograr que el espíritu se eleve sobre la materia; eso es lo que se debe aprender cuando se hace el Camino. No olvidéis que es lo único verdaderamente vuestro y que nadie os lo puede quitar, la materia en cambio es perecedera y fácil de extraviar". Me despedí de ellos y ahora estoy aquí, escribiéndote desde el faro. Cuando vuelva a Finisterre entraré en la Iglesia para ver el famoso Cristo de Finisterre; es una visita que hago siempre que vengo. Algo que no puedo explicar me lleva a ese bello rincón lleno de magia y paz. Besos. Tu bisnieta. SANTIAGO
¡Hola, abuelo! Te escribo desde Santiago de Compostela. He decidido tomarme unos días de vacaciones y venir a este bello lugar. No es la primera vez que lo visito. Me gusta disfrutar el ambiente que se respira en este sitio, sobre todo en la zona antigua. Se ve gente de todas clases; turistas, estudiantes, vendedores, músicos, pintores, saltimbanquis, mimos y sobre todo peregrinos. Esta mañana he estado en la basílica cuando se estaba celebrando la misa del peregrino. Me ha llamado la atención el fervor con el que viven el culto muchas de las personas que van allí... Tengo que reconocer que es un lugar con unas determinadas energías que emociona enormemente si tienes una especial sensibilidad. En concreto me llamó la atención la presencia a mi lado de dos jóvenes, un chico y una chica, apoyados en una de las columnas de la catedral, con aspecto de cansados; sin duda acababan de concluir su particular recorrido por el Camino que conduce a la tumba del Apóstol. Ella llevaba colgada la Tau de madera, típico símbolo que identifica a los peregrinos, y las sendas mochilas y el par de bordones que tenían al lado confirmaron mis sospechas. Me impactaron las lagrimas que derramó el muchacho en el momento en que dos señores sacaban el botafumeiro; no siempre lo sacan pero hoy ha sido un día especial, ya que un par de excursiones de diferentes países visitaron la catedral, y en esos casos excepcionales siempre lo muestran para regocijo de los que allí están. Los señores que llevaban el gran incensario pasaron a mi lado y también al lado de la pareja de peregrinos, y el chico que en esos momentos estaba sentado al pie de la columna rozó con la mano el botafumeiro y rompió a llorar, creo que no esperaba tenerlo tan cerca. La chica que se encontraba de pie, a su lado, le abrazó intentando transmitirle serenidad. Me conmovió y, sin poder remediarlo, también solté una lagrimilla. Pienso que quien realiza esta peregrinación, bien sea a pie, en bicicleta, caballo u otro medio de transporte, lo hace con la intención de encontrar en esta vida algo más que la simple y cruda realidad, esa realidad que nos hostiga sin la mas mínima piedad cada día, y esos peregrinos, cuando lo encuentran, lloran de emoción. Son personas enteras y transparentes, con inquietudes que van mas allá de lo puramente material. Andar por un camino es el tipo de comunicación mas viejo y mas honesto que jamás ha existido. Aun pasando penurias a lo largo de la ruta, siempre se está en armonía con la naturaleza y con uno mismo, no hay lugar para pensamientos sombríos y enredos, lo simple y cotidiano se transforma en una aventura hacia el interior del espíritu. Lo más bello de este viaje es el silencio que se experimenta incluso estando rodeado de gente, un silencio que nos da la oportunidad de escuchar a nuestro sufrido corazón, lugar de donde salen las mas grandes y bellas verdades; todo lo que brota del corazón nunca hace daño. He tenido la oportunidad de hablar con peregrinos y he aprendido mucho; en el Monte del Gozo es donde más entusiasmo ves, sólo quedan unos pocos kilómetros para llegar a Santiago y desde allí ya se puede vislumbrar el objetivo: la catedral. A la mayoría de los peregrinos les gusta hacer noche en ese lugar, ya que es un sitio donde intercambias experiencias con gentes de diferentes países, culturas y religiones. Y todo es tan positivo... no hay lugar para críticas, chismorreos ni engaños, y el respeto es la máxima cualidad que caracteriza a la mayoría de las personas que pasan por aquí. Muchos me han comentado que el Camino de Santiago es como el camino de la vida; hay de todo, positivo y negativo. Si eso es cierto puedo asegurar, por lo que he visto, que el final de este itinerario deja a un lado la negatividad. Gracias a Dios no perdemos la esperanza... Mañana me voy a Finisterre, dicen que allí termina realmente el Camino. Besos. Tu bisnieta. JESÚS
¡Hola, abuelo! De nuevo estoy aquí para contarte mi día a día... ¿Te acuerdas cuando hablamos del próximo libro que quería escribir? Te dije que iba a estar relacionado con Jesucristo, un personaje que siempre me ha fascinado. Recuerdo que me dijiste que tuviese cuidado en lo que me iba meter, que me debía informar bien... ¡Qué razón tenías...! He leído varios libros sobre el tema y he alucinado... He obtenido información guiándome a través de distintos puntos de vista, he leído libros escritos por personas totalmente diferentes: Teólogos, agnósticos, ateos, filósofos, budistas, periodistas con diferentes ideales, de derechas, de izquierdas, psicólogos, investigadores, arqueólogos, etc... y que grande ha sido mi sorpresa cuando he descubierto que esa persona sobre la que quería escribir era algo más que lo que yo realmente pensaba. Siempre creí, porque eso me enseñaron desde pequeñita, que la verdadera religión, la que yo profesaba, era el Jesusito de mi vida, el Ángel de la Guarda, los Reyes Magos de Oriente... ¡Quién me iba a decir a mí que muchas de esas historias estaban sacadas de los evangelios apócrifos, ésos que algunos dicen que son mentira...! Y, además, resulta que la Iglesia Católica las ha utilizado siempre para distintas celebraciones (creo que nunca ha condenado oficialmente estos evangelios). ¡Alucinante...! Resulta que Judas, ese señor que fue tan malo que nadie quiere llamarse como él y que dicen que vendió a Jesucristo, fue alguien rico, culto y... ¡revolucionario!, que quería a Jesucristo como el que más y al que engañaron miserablemente. Que lo que más tarde se transformó en religión, comenzó siendo una autentica revolución relacionada con la política, una lucha entre opresores y oprimidos... Y allí, en medio de todo, este ser tan especial al que utilizaron tanto los unos como los otros. A unos les molestó y a otros les decepcionó. Los primeros tenían miedo de su inteligencia, y siempre pensaron que les iba a quitar sus codiciados puestos de líderes y mandatarios, mientras que los segundos esperaban a un revolucionario al que no le importase utilizar la fuerza y la violencia para defenderse contra los romanos. ¿Y qué se encontraron...? Pues se encontraron a alguien pacífico y sin ansias de poder. ¿Y qué sucedió...? Pues que tanto unos como otros, cuando desapareció, le utilizaron como más les interesó. También he llegado a preguntarme si realmente existió, y después de darle unas cuantas vueltas a la cabeza he pensado que me da igual, para mí es alguien que, haya salido de donde haya salido, fue y siempre será un ser excepcional. Ya sabes, abuelo, como pienso yo: En este mundo nada es verdad o mentira... Lo que si es cierto es que la mente crea realidades y cosas extraordinarias. En fin, abuelo, que me está costando un montón escribir esa historia que tenía entre ceja y ceja... y en ello estoy... Besos. Tu bisnieta. STONEHENGE
¡Hola, abuelo! Aquí estoy de nuevo. Acabo de regresar de un fantástico viaje. ¡No te puedes imaginar dónde...! Recordarás que te he contado muchas veces las ganas que siempre he tenido de conocer un lugar muy especial que existe en nuestro planeta... No lo he hecho antes porque si hay algo que me fastidia en esta vida, en lo que se refiere a viajar, es ir al extranjero (más que nada por lo del idioma). Así que, a pesar de todo, me he lanzado sin pensarlo dos veces (si lo pienso bien no lo hago), he cogido un avión y como que no quiere la cosa me he ido a Londres. Allí me esperaba un buen amigo que, por cierto, fue el que me animó a emprender esta espléndida aventura, prometiéndome que se encargaría él tanto de la estancia como de los traslados de un lugar a otro. Y allí me presenté con la clara intención de ir a uno de los lugares más mágicos de la Tierra: Stonehenge. Mi idea era quedarme en Salisbury, un bonito lugar lleno de historia que te transporta a la época del medievo, plagado de monumentos y típicas casas inglesas. Esta población se encuentra a unos doce kilómetros del monumento neolítico. Pero mi guía me convenció para ir a Amesbury, ya que allí dispone de alojamiento y además está situado un poquito más cerca de mi objetivo. Da igual... tan bonito un lugar como el otro. Ambos están rodeados de bella campiña inglesa y sobre todo de magia, de mucha magia... Increíble la impresión que me dio ver aquellos enormes pedruscos de cuatro mil y pico años... Y no te digo el ambiente... Aquello es un santuario de ni se sabe qué... La gente va por curiosidad, porque le interesa la arqueología o la astronomía, o simplemente porque el círculo tiene fama de ser un lugar que desprende ciertas energías. En fin, que siento un montón no haber estado en el solsticio de verano... Dicen que la última vez se juntaron alrededor de treinta mil personas... A mí me parece una pasada.... De todas formas, bien sabes, abuelo, que es imposible que pueda encontrarme allí en esa fecha, ya que siempre la tengo reservada para estar en un sitio que sólo tú y yo conocemos... Cuentan que, el 21 de Junio, hay una piedra justo en el centro del círculo que recibe los primeros rayos del sol al mismo tiempo que otra que se encuentra a cierta distancia (sólo en caso de que se vea el sol, porque en este país siempre esta nublado). Ambas piedras están perfectamente alineadas, y de ahí el interés astronómico de este enclave. Y no veas la alegría con la que reciben al astro rey... Qué bailes, qué griterío... (no me extraña... que salga el sol tiene que ser todo un acontecimiento). Lo ideal es ir allí y estar muchos más días de los que he estado yo, y empaparse con todos los descubrimientos arqueológicos, con sus lecciones de astronomía, con sus leyendas y sobre todo con su magia que, de verdad, abuelo, te aseguro que existe y que yo he podido experimentar en ese extraordinario lugar. Por cierto, abuelo, los ingleses, conmigo, encantadores... Eso sí, ellos sabrán lo que dicen, porque lo que es yo... Besos. Tu bisnieta. Martes, 16 de septiembre de 2008 TEMPLE
¿Qué tal por el ciberespacio? Menudo lío ¿eh...? Por el mundo "real" la vida continúa... Ahora se va acercando el otoño; sólo quedan unos días para que llegue... Y con el otoño "cada mochuelo a su olivo "; se acabo el verano y se acabaron las vacaciones. Normalmente el verano se aprovecha para holgazanear, aunque no siempre... Precisamente el otro día me encontré con un amigo que había estado de vacaciones en Peñíscola, un pueblo de Castellón precioso, y le pregunté qué le había parecido. Me dijo que le encantó. ¿Qué tal el castillo de los Templarios?, me interesé. ¡Impresionante!, exclamó. Pero... ¿quiénes eran esos "tíos"?, preguntó. ¡Hombre...!, le respondí un poco incrédula, ¿no sabes quiénes eran los Templarios? Bueno, más o menos...,dijo; unos que además de ser militares y monjes debían tener mucho dinero, porque en la visita nos dijeron que, según la leyenda, debajo del castillo hay un tesoro. ¡Debajo de todos los castillos de estos señores siempre hay un tesoro...!, aseguré en plan de broma. En los viajes que he hecho por la España mágica, todos los castillos Templarios que he conocido escondían uno: El famoso tesoro de los Templarios. Mi amigo insistió en que le explicase primero quiénes eran exactamente, y después lo del tesoro. Para que lo entiendas, le dije, eran nueve amigos que decidieron montar una especie de sociedad donde la religión, el militarismo y el esoterismo se mezclaban. Guerrearon en Jerusalén y se consagraron a la búsqueda de una sabiduría que sólo ellos entendieron. Al mismo tiempo se dedicaron a la custodia de un templo donde, decían, se guardaba un gran tesoro. Según cuenta la historia, amparaban la religión cristiana y a todos sus seguidores (aunque yo opino que había algo más). Consiguieron mucho dinero; eso sí que es cierto. Se dice que fueron ellos quienes inventaron la banca: "Yo te presto, y tú me lo devuelves con creces..." (aunque no lo tengo muy claro, quizás sea una justificación) y de ahí el famoso tesoro. Pero... ¿dónde está el tesoro? Me temo que se quedo con él quien les mandó a la hoguera. Aunque, pienso, existe otro tesoro menos materialista que no les pudieron arrebatar, ése era y es el verdadero tesoro, el que se esconde en todos sus castillos, sus monasterios y resto de lo que fueron sus propiedades. El fin real de estos señores no fue hacerse millonarios, eso les llegó por una ley que existe en el universo y que ellos sí entendieron.... Su principal objetivo fue hallar un tesoro que no estaba tan alejado de ellos. Me temo, abuelo, que mi amigo se quedó igual que estaba, con ganas de cavar un hoyo enorme para encontrar un arcón lleno de joyas y otros enseres de valor. No sé si tú te habrás dado cuenta de lo que quiero decir. En muchas de nuestras conversaciones hemos hablado de que para poder leer un libro tienes que alejarlo; no puedes leerlo si lo arrimas a la nariz. Desgraciadamente en este mundo en que vivimos ahora, es tanto el materialismo que existe que no solemos despegar el libro de la nariz, y por ese motivo no podemos leer las maravillosas enseñanzas que puede haber en él. Bueno... ahora y hace muchos siglos... porque me temo que los "personajes" que mandaron matar a estos iniciados tenían el libro muy pegado a la nariz... Quizás sería bueno alejarnos de nuestra rutina de vez en cuando para poder ver la verdad de las cosas. Bueno, abuelito, en esta carta he estado un tanto filosófica, la próxima espero que sea mas amena. Besos. Tu bisnieta. Jueves, 11 de septiembre de 2008 MOLINOS
¡Cuanto tiempo sin escribirte…! Pero te tengo controlado; leo tu blog y las conversaciones que te tienes con los internautas... es demasiado... No te he escrito antes porque he estado de vacaciones, sólo ha sido una semana pero la he aprovechado. He estado en Galicia, en las Rías Altas. Es muy bonito y ha habido algo que me ha llamado la atención: Todo está lleno de molinos de viento, pero no los molinos de Don Quijote... son molinos que sirven para generar energía, un invento que tú no conoces, aunque en tus viajes por el ciberespacio seguro que habrás visto alguno. Pues bien, Galicia está plagada de molinos de viento. Aquí, donde vivo, también hay, no tantos como en Galicia, pero cada vez hay más. Dicen que por cada molino de viento que ponen en propiedades particulares dan mucho dinero; ¿te imaginas si los hubiesen puesto en tus tierras de labranza…? No hubieses tenido que dar "un palo al agua" en tu vida y tus descendientes tampoco. En la ciudad donde vivo y trabajo estamos rodeados. Desde el monte, donde subo a andar con mi amiga, se ven muy bien y mi amiga me dice: aquellos tres son los molinos de "fulanito de tal" y los otros dos de "menganito" (normalmente son nombres de políticos). ¿Por qué les llamas así?, le pregunto. Es que están en sus tierras, me contesta ella. Y cuando andamos un poco más, aparecen otros cinco molinos que se ven en lontananza y mi amiga me dice: ¡Mira…! aquéllos son los tuyos. ¿Los míos? , pregunto. ¡Claro!, me dice ella, los que ves desde la oficina. Y entonces caigo. Sí señor, los que veo desde la oficina. Son esos molinos que de vez en cuando miro y me recuerdan al Caballero de la Triste Figura… Más de uno se ríe cuando lo digo, pero es que a mí los molinos me ponen nostálgica y romántica. ¡Qué más quisiera yo que esos molinos fuesen míos! ¡Menudo chollo...! Pero les miro y me encanta ver como mueven las aspas. Y no te digo cuando llueve o hay niebla… Es impresionante verles surgir de entre la neblina y las cortinas de agua... Son como gigantes del País de Nunca Jamás. Y entonces, olvidándome de materialismos y deseos de atesorar, pienso: Sí... son mis molinos. No enriquecerán mi bolsillo, pero sí enriquecen mi espíritu. Y dejando los romanticismos aparte, abuelo, no sé la energía que generarán esos molinos pero en este país la electricidad (y muchas cosas más) es cada vez mas cara... Y no sabes las polémicas que hay a la hora de ubicarlos… En algunos lugares han desistido porque se han originado autenticas "guerras" entre la gente. "Que si a éste le ponen dos..." "que si a mí no me les ponen y mi tierra está al lado... ¿Es que no corre el viento en mi propiedad como en la de él...?, eso es que tiene enchufe..." Y como siempre ha pasado en España; el caso es discutir unos con otros, ya sabes, la eterna guerra entre hermanos, tú bien la conociste... Hasta la próxima. Espero que sea pronto. Besos. Tu bisnieta. JAIKU
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