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Martes, 4 de noviembre de 2008
35-CARTA DE MI BISNIETA (Finisterre)
Después
de su viaje a Santiago de Compostela, mi bisnieta ha decidido acabar el
Camino en Finisterre, que es donde dicen que realmente termina el
periplo de esta espiritual aventura, y desde allí, desde el faro, me ha
vuelto a escribir para transmitirme sus sensaciones.
En
realidad tiene cierto sentido -aunque un poco paganamente se aparte del
auténtico fin del Camino-, el terminarlo en los agrestes acantilados de
Finisterre, que es como lo llamaban los romanos, o Fisterra, que es como
ahora dicen los gallegos; pero, bueno, digámoslo como lo digamos, lo
cierto es que durante mucho tiempo ese punto fue considerado el Fin de
la Tierra, y si digo que tiene cierto sentido acabar ahí el Camino, es
porque me da la impresión que este recorrido tan largo, tan duro y tan
especial, no se hace únicamente por y para la religión católica o
cualquier otra religión cristiana, sino para vivir una experiencia
puramente espiritual que forzosamente debe terminar donde todo termina.
Por lo
que sé, a lo largo del Camino de Santiago te encuentras muchas personas
que van andando con sus mochilas, y entre esas personas las hay de todas
las razas, culturas y religiones, y a todas ellas les une un algo
inexplicable que sin duda va más allá de lo que todos nosotros
entendemos como religión, y me da la impresión que mi bisnieta tiene la
misma percepción que yo.
Esta es
su carta:
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¡Hola,
abuelo!
Aquí estoy...con mi espalda
apoyada en el faro del fin del mundo,
donde el mar se traga al sol de una forma espectacular. Hoy
no creo que se me logre verlo ya que el cielo está
nublado y el mar de un tenebroso que asusta. Las olas chocan
rabiosas contra las rocas y me recuerdan a esas gentes a las
que les encanta arrojar palabras y más
palabras para hacer daño y más daño... Si los que reciben
esas amonestaciones fuesen como estas rocas,
otro gallo cantaría... ¿Ves? Debemos aprender de la
naturaleza y ser tan duros como las
rocas que repelen el agua haciendo que ésta vuelva a su
origen. Habrá quien piense que el agua erosiona,
pero yo más bien diría que pule o,
mejor, que perfecciona.
Bien es sabido que del que discrepa se aprende,
y se aprende sobre todo a desarrollar
la ecuanimidad. De maestros está el
mundo lleno. Pero dejaré las
reflexiones filosóficas para otro día y me centraré en
contarte mis triviales y humildes experiencias. Llegué esta
mañana a Finisterre, precioso pueblo marítimo que,
si te acercas a su faro, parece enclavado en el fin
de la tierra. Lo primero que hice al llegar fue ir a la
playa do Mar de Fora, ya que en este
lugar es donde, para muchos,
realmente termina el Camino de Santiago.
Aquí el peregrino se despoja de sus ropas y se da un
baño; se trata de
un rito con el que pretende deshacerse de lo material que le
ha estado acompañando a lo largo del Camino
para, de esa forma, renacer a una vida más
espiritual. Normalmente la ropa que ha estado usando durante
el trayecto se quema en una hoguera en la misma playa;
ya sabes que el fuego purifica...
Y precisamente en esa playa estuve
con dos chicos que acababan de realizar la ceremonia;
la hoguera todavía ardía y me ayudó a
entrar en calor. A los muchachos les vi felices, como si se
hubiesen quitado un peso de encima. "Esperemos -me dijeron-
que este nuevo ropaje que llevamos tarde en impregnarse de
toda la negatividad que nos rodea"
"De vosotros depende -comenté- Sólo
tenéis que lograr que el espíritu se eleve sobre la materia;
eso es lo que se debe aprender cuando se hace el Camino. No
olvidéis que es lo único verdaderamente vuestro y que nadie
os lo puede quitar, la materia en cambio es perecedera y fácil
de extraviar". Me despedí de ellos y ahora estoy
aquí, escribiéndote
desde el faro. Cuando vuelva a
Finisterre entraré en la Iglesia para
ver el famoso Cristo de Finisterre;
es una visita que hago siempre que
vengo. Algo que no puedo explicar me lleva a ese bello
rincón lleno de magia y paz.
Besos.
Tu bisnieta.
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Lunes, 3 de noviembre de 2008
34-CARTA
DE MI BISNIETA (Santiago)
Gracias
a las cartas de mi bisnieta salgo de mi natural despiste y vuelvo de
nuevo a este blog, que en realidad es el único medio natural para
expresarme en mi estado. Y gracias a ella, a mi bisnieta, me reintegro
en mi realidad en vez de estar dando tumbos por este interesante
ciberespacio. Pero es que este ciberespacio es tan atractivo...
En fin,
que hoy he tenido nuevamente la alegría de recibir carta de mi querida bisnieta
en la que me dice que está en Santiago de Compostela.
Santiago de
Compostela... Mucho he visto en Internet sobre Santiago de Compostela, y
todo ello muy interesante. Mi bisnieta hace un comentario sobre la Tau,
sobre ese símbolo de pureza tan utilizado en el Camino de Santiago y que
en realidad es la última letra del alfabeto hebreo y la decimonovena del
griego. La Tau ha sido muchas veces utilizada en la Biblia como símbolo
y sello de salvación para los elegidos y en su día también fue muy
difundida por San Francisco de Asís. E igualmente, como ha apuntado mi
bisnieta en su carta, desde hace tiempo la Tau es parte integrante del
Camino de Santiago.
Aparte de
todas sus connotaciones religiosas, por lo que he podido ver por el
ciberespacio que me rodea, el Camino de Santiago y sus símbolos forman
parte de un algo universal que une a las gentes y se mete tan adentro en
nuestro más profundo interior que nos hace personas nuevas. Parece que
hacer el Camino de Santiago es una gran experiencia.
Mi
bisnieta también lo ve así y así lo escribe en su carta.
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¡Hola,
abuelo!
Te escribo desde Santiago de
Compostela. He decidido tomarme unos días de vacaciones y
venir a este bello lugar. No es la primera vez que lo
visito. Me gusta disfrutar el ambiente que se respira en
este sitio, sobre todo en la zona antigua. Se ve gente de
todas clases; turistas, estudiantes,
vendedores, músicos, pintores,
saltimbanquis, mimos y sobre todo peregrinos. Esta mañana he
estado en la basílica cuando se
estaba celebrando la misa del peregrino. Me ha llamado la
atención el fervor con el que viven el culto muchas de las
personas que van allí...
Tengo que reconocer que es un lugar
con unas determinadas energías que emociona enormemente si
tienes una especial sensibilidad. En concreto me llamó la
atención la presencia a mi lado de dos jóvenes,
un chico y una chica, apoyados en una
de las columnas de la catedral, con
aspecto de cansados; sin duda
acababan de concluir su particular recorrido por
el Camino que conduce
a la tumba del Apóstol. Ella llevaba colgada la Tau de
madera, típico símbolo que identifica
a los peregrinos, y las sendas
mochilas y el par de bordones que tenían al lado confirmaron
mis sospechas. Me impactaron las
lagrimas que derramó el muchacho en el momento en que dos
señores sacaban el botafumeiro; no
siempre lo sacan pero hoy ha sido un día especial,
ya que un par de excursiones de diferentes países visitaron
la catedral, y en esos casos
excepcionales siempre lo muestran
para regocijo de los que allí están. Los señores que
llevaban el gran incensario pasaron a mi lado y también al
lado de la pareja de peregrinos, y el
chico que en esos momentos estaba sentado al pie de la
columna rozó con la mano el
botafumeiro y rompió a llorar, creo que no esperaba
tenerlo
tan cerca. La chica que se encontraba de pie,
a su lado, le abrazó
intentando transmitirle serenidad. Me
conmovió y, sin poder remediarlo,
también solté una lagrimilla. Pienso que quien realiza esta
peregrinación, bien sea a pie, en
bicicleta, caballo u otro medio de transporte,
lo hace con la intención de encontrar en esta vida algo
más que la simple y cruda realidad,
esa realidad que nos hostiga sin la mas mínima piedad
cada día, y esos
peregrinos, cuando lo encuentran,
lloran de emoción. Son personas
enteras y transparentes, con
inquietudes que van mas allá de lo puramente material. Andar
por un camino es el tipo de comunicación mas viejo y mas
honesto que jamás ha existido. Aun
pasando penurias a lo largo de la ruta,
siempre se está en armonía con la naturaleza y con uno
mismo, no hay lugar para pensamientos sombríos y enredos, lo
simple y cotidiano se transforma en una aventura hacia el
interior del espíritu. Lo más bello
de este viaje es el silencio que se experimenta incluso
estando rodeado de gente, un silencio que nos da la
oportunidad de escuchar a nuestro sufrido corazón, lugar de
donde salen las mas grandes y bellas verdades;
todo lo que brota del corazón nunca hace daño. He tenido la
oportunidad de hablar con peregrinos y he aprendido mucho;
en el Monte del Gozo es donde más
entusiasmo ves, sólo quedan unos
pocos kilómetros para llegar a Santiago y desde allí ya se
puede vislumbrar el objetivo: la catedral. A la mayoría de
los peregrinos les gusta hacer noche en ese lugar,
ya que es un sitio donde intercambias experiencias con
gentes de diferentes
países, culturas y
religiones. Y todo es tan positivo...
no hay lugar para críticas,
chismorreos ni engaños, y el respeto
es la máxima cualidad que caracteriza a la mayoría de las
personas que pasan por aquí. Muchos me han comentado que el
Camino de Santiago es como el camino de la vida;
hay de todo, positivo y negativo. Si
eso es cierto puedo asegurar, por lo
que he visto, que el final de este
itinerario deja a un lado la negatividad. Gracias a Dios no
perdemos la esperanza... Mañana me
voy a Finisterre, dicen que allí termina realmente el
Camino.
Besos.
Tu bisnieta.
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